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Denegación de Asistencia 2: El Juicio
Una comentarista, algo disortográfica y autodenominada trabajadora del “centro de urgèncias peracamps” ha tenido la amabilidad de recordarme que un suceso que yo había comentado en este blog tiene su continuación. El caso de los presuntos trabajadores de la sanidad que, presuntamente, negaron la asistencia a una presunta niña enferma, ha llegado a los tribunales y hoy, doce de mayo de 2009, se ha iniciado el juicio.
La comentarista poco adoctrinada en ortografía y sintaxis, que responde al apelativo de Julieta, sostiene que solo alguien que no ”tiene ni puta idea de lo que es el dispensario” puede imaginar lo que allí pasó. Cada cuál es libre de sostener y creer lo que quiera, que no alteraré su libertad de opinión ni la de nadie.
Certifica Julieta que los malos de la película fueron los policías. Los “Mossos de Esquadra” catalanes son pieza fácil de cazar, a tenor de los embrollos en que suelen verse envueltos y las hipotéticas atrocidades, sadismos, gatuperios y empanadas que son aireadas por algunos de sus clientes, quizá los peor intencionados o inconformistas.
La verdad es que si, a priori, debiera arriesgar dinero por la razón de los sanitarios o la de los policías, solicitaría un ataque repentino de enajenación mental para evitar la apuesta en una mano de póquer tan saducea y conflictiva. Es el momento de pedirme ser un lunático, tal como aventura la rústica Julieta al calificar mi caletre.
Sospecho que la misma disyuntiva va a enturbiar la templanza de sus señorías a la hora de juzgar el suceso. En el periódico “20 Minutos” se ha comentado ampliamente la primera sesión de la Vista. De momento van ganando los Mossos. Ya se verá al final, que hasta el rabo todo es toro.
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¿Creer o saber?

Creer es aceptar como veraz algo que no puede ser probado. Creer es lícito. Cada cuál es libre para creer lo que le parezca bien, mientras no fastidie los derecfhos de otras personas.
Creer en Dios, por ejemplo, es perfectamente legítimo. Se cree en algo que no puede ser demostrado. Tan solo inferido, o deducido sin pruebas. Si Dios pudiera ser demostrado, o fuera visible, creer en Dios no tendría ningún mérito. Las religiones luteranas a tomar viento. La "justificación por la fe" al alcance de todos. Una birria.
Ser ateo también es una creencia. Los ateos creen que no hay Dios, lo que tampoco puede ser demostrado. Es más cómodo ser ateo que ser creyente. Creer que no hay Dios es tan insustancial como creer que no hay perros verdes o cuervos fucsia. Son creencias fútiles cuya ostentación compromete poco y no obliga a nada.
No me merecen más respeto los creyentes que los ateos. De todas formas reconozco que ser creyente es más gravoso. Muchos creyentes se adscriben a religiones plagadas de ritos y mandamientos, que trascienden el simple hecho de creer. No basta con elegir creer en Dios, sino que hay que escoger un avatar de dios así como una forma de sustanciar y reglamentar las consecuencias de la fe. Las diferentes religiones compiten entre ellas para inventar mandamientos pesadísimos y prolijas liturgias para complicar la vida de sus crédulos fieles. Los catecúmenos lo son porque quieren. Allá ellos.
La Iglesia Católica tiene algunas desventajas y una solemne e impagable ventaja. Las rémoras derivan de las estrecheces en cuestiones de sexo y las penas eternas del infierno. El momio supremo es la capacidad de perdonar pecados y librar pasaportes para el cielo con una confesión y (algo de) arrepentimiento.
La pena es que a sus mandamases se les va la olla con alguna frecuencia. Pío X inventó el dogma de la infalibilidad, patente de corso para decir cualquier vacuidad y establecer la obligación, para todos los asociados, en cuanto a crérsela.
Mientras se metan en harinas muy etéreas, la exención del pecado original de la Virgen María por ejemplo, no pasa nada. Pero al Papa de ahora le ha dado por decir, antes de ir a África, que el uso del condón no es cosa buena para la prevención del SIDA. Decir algo así en zonas donde la propagación del VIH alcanza al 60 % (o más) de la población es oneroso. Además de no ser cierto. El Santo Papa debería insistir en que usar condón es pecado. Lo cual es rigurosamente cierto según el sesgado relativismo católico. Lo de su inutilidad respecto del SIDA es incierto.
¿Será el Santo Papa un ignorante? ¿De verdad se cree lo que dice? Pone cara de creérselo. No le crece la nariz como a Pinocho, ni se le borra la sonrisa beatífica. Sospecho, pues, que sus asesores le mantienen desinformado y el pobre hombre repite lo que le cuentan sus adláteres.
En África, desgraciadamente, cae bien esta mentiura. Muchos de los hombres africanos no usarían condón ni bajo amenaza de bomba. "Regar a la mujer" y "frotar carne con carne" son requisitos ancestrales de la mayoría.
Servidor, no es creyente en dios ni en no dios. Creo que no sé qué creer, y dudo hasta de mi escepticismo. Pero soy (creo ser) buena persona y no me agrada que se engañe a los negritos. Ni para quitarles sus recursos a cambio de baratijas ni para depredarlos a base de contagios sidosos.
Si son católicos les recomendaré que pequen usando condón, no sin sentirse culpables. Un buen acto de contricción borra el pecado y todos tan felices.
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Independentistas tarados

Ya iré contando mis avatares. La salud es inconstante, pero no me quejo. Peor sería tener un hijo negro.
La pasada semana un grupo independentista catalán había derribado
el último toro de Osborne que quedaba en Cataluña. No era la primera vez
que lo hacen, como tampoco es la primera vez que un grupo de vecinos del
municipio de El Bruc levanta la estatua.
Me parece que estos “independentistas” son un poco cretinos.
¿Qué tiene que ver el independentismo con el toro de Osborne? Bien es verdad
que a veces, en las exhibiciones de la bandera española, el toro sustituye al
escudo de España o al aguilucho franquista. Pero eso demuestra también la
estolidez de quienes lo alardean. El toro de Osborne es el logotipo de unos
bodegueros. Una marca comercial.
Es curioso que unos y otros, los que se jactan de toro y los
que lo abaten, manifiesten públicamente su
ignorancia. Cada uno, al cabo, enseña lo que tiene.
Catalunya ha sido siempre un país muy taurófilo. De pequeño,
en mi Barcelona, iba a los toros dos veces por semana. Como mínimo. Se
celebraban tres corridas, jueves, sábado y domingo, en las dos plazas que
quedaban. La tercera, la Plaza de toros
El Torín, construida en 1834 en la Barceloneta, era una plaza de ladrillo y
madera, con un aforo de 12.000 espectadores. El Torín fue cerrada por su
deterioro en 1924 y demolida en 1944.
Mi padre (meteorólogo del Castillo de Montjuich durante la
guerra civil, dos años encarcelado por el franquismo) y mi tío (más o menos)
compartían abonos, y uno (o dos) de los días, yo iba a ver el espectáculo en
nuestro asiento contiguo a la orquesta.
Habiendo visto, cerca de nuestra casa de verano, la matanza
del cerdo en el Vallés, lo de los toros se me antojaba civilizado. Al día
siguiente, en el mercado de abastos, comprábamos carne de toro de lidia, que no
parecía más indigna que la que comprábamos los demás días, ni que los pollos y
conejos que apiolaba el honesto pollero mediante el degüello ante mis curiosos
ojos.
A mis cuatro años, si me preguntaban por lo que quería ser,
lo tenía muy claro: torero.
Mis hijos desprecian el toreo, y les entiendo. No han visto
matanzas del cerdo ni el desangrado de gallinas. Comen esos bichos, es cierto,
pero deben de creer que crecen en los árboles o se fabrican en cadenas. En
nuestra casa de verano han visto parir a las vacas, pero nunca les dije que los
terneros, a los tres meses, los mataban para que nos los comiéramos.
Ahora no voy a corridas. Veo los sanfermines por TV y
confieso que con la esperanza de que los toros maten a una o más personas. La verdad
es que me caen más bien los toros que los alcohólicos que les dificultan el
paso. Dicen que son personas pero eso es muy relativo. Nunca dejo de pensar en
la íntima felicidad del toro al cargarse uno de sus abusadores. Sé que los
toros no tienen emociones ni cogniciones, pero las mías no me las quita nadie.
Los inútiles que depredan los férreos toros de Osborne me
merecen también muy poco respeto. Drícense independentistas, lo que no puedo
tragarlo. Me parecería aceptable en “nacionalistas” cuya especificidad es creer
que su patria es mejor que las otras. (A mí que me registren, yo tengo varias o
ninguna, de manera variable e irracional). Pero me parece absurdo en llamados
independentistas, cuya creencia es que no les debe mandar nadie de fuera.
Yo no soy nacionalista danés, creo que los daneses son tan
insustanciales como los suecos o los alemanes. Pero considero que los daneses
están mejor solitos, que bajo el yugo de los suecos (que los trataban como a
siervos) o bajo la dominación alemana (la última la Nazi). Por lo tanto, soy
independentista danés.
Donde pone Dinamarca pongan lo que quieran: Armenia, Tibet,
Alto Adigio o Hungría. Por lo tanto, independentista como me siento, me fríen
la sangre quienes confunden las cosas y, volcando toros metálicos de anuncio,
creen que recuperan algo del flagrante despojo que el déficit fiscal perpetra.
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Uso de razón
Una adolescente británica de 13 años, aquejada de leucemia, no tendrá que someterse a un trasplante de corazón, al que querían obligarle las autoridades sanitarias por el grave problema de cardíaco que padece. Dicha lesión deriva de efectos secundarios causados por los tratamientos para leucemia contra la que lucha desde los 5 años de edad. El padre de la niña suplicó a los jueces que la escucharan antes de tomar su decisión, y lo hicieron. La niña les convenció. Los jueces respetan su idea de no operarse, y no le obligarán a hacerlo. No voy a hacer ningún tipo de consideración ética al uso. Ya hay suficientes personas opinando acerca de la licitud de la decisión judicial o de si una niña de 13 años tiene suficiente capacidad para decidir acerca de su vida. Lo único que opino es que me parece maravilloso que los jueces hayan hablado con la menor y comprendan su situación. Mi ética se basa en la declaración universal de derechos humanos (vida, integridad, libertad, dignidad) y en el respeto a que cada cual (mientras no conculque derechos de otros) obre en conciencia. La niña británica ha obrado en conciencia. Creo que, en este caso, es la única que posee todos los elementos de juicio que permiten una predicción. Quizá su conclusión, tan lógica como emocional, sea exactamente la que expresó: “Ya he tenido bastante con tantos hospitales y quería ir a casa”. No me extrañaría que hubiera pensado también que, en sus circunstancias, muerta no estaría peor que viva.
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Sentencia justa para los jóvenes injustos
Entre las extrañas gracias que me fueron concedidas por la naturaleza, el azar o por los autores de un plan infinito, se cuenta la capacidad para comunicarme con el mal. Llámese djin, demon, Satanás o Lucifer, suelo reconocerle con cierta facilidad si, por esas coincidencias de la vida, compartimos espacio. En otras épocas, más joven (yo, él no tiene edad) incurrí en la soberbia de aceptar sus retos y me divertí jugando con él a cualquier juego que me propusiera. Perdí siempre al ajedrez, aunque nunca se aprovechó de ello. Hacía trampas moviendo fichas con el rabo si yo me distraía, y no le enorgullecía ganar así. Ganaba y se divertía, pero no apostaba nada. Puro placer del juego.En el póker era distinto. Él no necesitaba hacer trampas, pero yo sí. Él lo sabía, pero nunca me descubrió en plena partida. Un día me aconsejó: “No juegues al póker conmigo. Ganarme te puede parecer divertido. Pero si pierdes, lo perderás todo. Hasta tú te perderás. Por cierto, ¿dónde has aprendido a hacer trampas?” Le conté mis lecturas de Erdnase y asintió aprobándome. Exhibió un extraño respeto. No me hizo daño alguno. “Esperaré a que vengas por ti mismo” fue su última frase directa.Desde un viaje a Sicilia, hace más de nueve años, no he vuelto a verle de frente. Allí se sentaba en una mesa al fondo de un restaurante al que llegué dando un paseo por Mesina. Nada planeado. Tomé unas cervezas con amigos y contábamos chistes muy eficaces. A lo lejos, él estaba bebiendo vino con dos personas respetables. Un poco apartados, dos jóvenes de pie, gabardinas claras, una entreabierta para que se intuyera la luppara, escopeta recortada. Leve sonrisa, apenas levantar una (sola) ceja. Decidí marchar antes de mayores conductas extraverbales. No estaba yo por ir por mí mismo. Todavía.Le ví hoy, en un reflejo. Al dictarse la sentencia contra los degenerados que quemaron a la indigente Endrinal en su cajero de Guillermo Tell. La recreación de las imágenes captadas por las cámaras de seguridad del cajero vuelve a mostrar los niños abominables golpeando a la desgraciada, al tiempo que exhiben risas que muestran su delectación en la perversa tarea.Cuando los novicios perversos entran con el líquido inflamable, he podido ver el reflejo de mi esquinado conocido en el espejo que propicia el maridaje entre cristal y oscuridad. Supongo que fue él quien, acaso con un movimiento de una (sola) ceja, señaló el andamio donde estaba el acelerador de combustión que sofrió a la (para ellos) hedionda piltrafa. O quizá no. Los artistas eran muy aventajados y no necesitaban ayuda sobrenatural.Quizá él debió de ser quien les alentó a escoger abogado. Un piernas que, en lugar de aleccionarles a mostrar arrepentimiento y pedir perdón, les enseño a pedir justicia a su Señoría, y alegar que no había para tanto. Que sólo era una broma y que la señora olía muy mal.¿Sería también él quien ha orientado a los jueces para ignorar la agravante de ensañamiento? El apaleo previo a la cocción ¿no es ensañamiento? ¿No lo es tirar una colilla al combustible y salir por piernas? Se ve que no, que solamente es incurrir en la denegación de auxilio. El abogado se crecerá y apelará ante el Supremo. Así sea. Espero que los jueces de la más alta instancia no sean elegidos (o sí) por el poderoso taumaturgo. Deseo que enmienden la plana y aumenten la gravedad de la reprobación.Él fue, sin duda, quien arropó a los juveniles engendros para que no saltaran por los aires con la explosión. “Ya vendrán cuando ellos quieran” pensaría. Con catecúmenos de esa laya no hace falta ser gran maestro. Ahora debe de estar dándose unas vueltas por la prisión donde los fachendas convictos pasarán unos (pocos) años. Un arqueo de cejas y los más inclementes entre los más rudos penados sabrán quiénes serán sus mejores novias. No les han puesto penas accesorias, pero la cárcel en sí las aporta con creces. Les han impuesto pagar indemnizaciones de miles de euros, para los parientes de la muerta y los dueños del cajero chamuscado. Se cree que, insolventes, no pagarán por ello. Nada más que les consignasen un euro por cada servicio oral que harán en el presidio, pagarían toda la pena, y les daría para montar un negocio de chupetes a domicilio cuando (algo tronados) salgan.Mi viejo conocido, si me lee hoy, me aprobará.
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Psicología eclesial
 Un documento, aprobado por el Papa Benedicto XVI, señala que los rectores de los seminarios pueden recurrir a exámenes psicólogicos para detectar "tendencias homosexuales fuertemente radicadas" o "dificultades para vivir la castidad" entre los aspirantes a sacerdotes. El documento "Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en la formación de los candidatos al sacerdocio" fue presentado esta mañana por el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica. Este texto señala que aquellos seminaristas que tengan una identidad sexual "incierta", "tendencias homosexuales fuertemente radicadas" o "dificultades para vivir la castidad en el celibato no podrán ser sacerdotes". En un apartado del documento -que fue preparado durante seis años y aprobado por el Papa Benedicto XVI- se sostiene que la detección temprana de estas tendencias "en ocasiones patológicas" antes de que los seminaristas se conviertan en sacerdotes, ayudaría a evitar experiencias trágicas. Mira por dónde. Las tendencias pueden ser "en ocasiones patológicas". Supongo que si no son patológicas, se tratará de puro vicio. ¿Acaso instigación del diablo? Si “son patológicas” ¿se intentará curar a los dolientes candidatos? ¿Se les podría castrar para inhibir su libido y, de paso, reconstruir el coro de “castrati” de la capilla Sixtina?Bien es verdad que, en 1870, Pío IX condenó la castración. El concilio Vaticano I fue muy fructífero. El Papa declaró dogma su propia infalibilidad. Con eso casi está dicho todo. Lo que proclamara, a partir de ahí, pura coincidencia. Los homosexuales deben de ser, para la Iglesia, hijos de peor madre. Un heterosexual libidinoso, pero continente, puede ser sacerdote. Un homosexual, por casto que sea, mejor sin sotana. No se quiere excluir a quienes fornican con otros hombres (sean estos otros sacerdotes o no) sino, simplemente, se descartan todos los que tengan algún sueño húmedo con varones, aunque fuera con imágenes de David contra Goliath, o del martirio de San Sebastián.El documento papal resalta que "(…) La Iglesia tiene la obligación de discernir una vocación y la idoneidad de los candidatos para el sacerdocio", afirma el documento, el segundo de la Congregación para la Educación Católica del Vaticano en tres años. Y agrega que no basta con que (un candidato) fuera capaz de abstenerse de tener actividad sexual", sino también es preciso "evaluar su orientación sexual". Debo conceder que, en las cartas que se han mandado a los directores de seminarios, se les pide excluir también a quienes tengan dificultades para mantener el celibato. Los psicólogos, que deben ser buenos cristianos y basarse en antropologías compatibles con las enseñanzas de la Iglesia, deberán practicar entrevistas y tests para revelar las inclinaciones sexuales de los aspirantes a seminaristas y su capacidad para la contención.Queda bien eso de “psicólogos con antropologías compatibles, etc.”. A mí ya pueden descartarme. Creo que lo más fácil sería pasarles un test psicofisiológico con un pupilómetro, y comprobar si la máxima dilatación pupilar se provocaba con imágenes de hembras desnudas (a la par que procaces e incitantes) o con varones de diferentes tipos (ositos, cueros, niños monos, locazas, osazos, chulos, etc.) bajo el común denominador de largueza en atributos masculinos palmariamente exhibidos con su pertinente tensión y brillo). También sería pertinente explorarles el pene con un pletismógrafo. Algunos psicólogos afines al mundo gay se ofrecerían gustosos a comprobar la catadura moral de los casos dudosos, a base de examinar (manual y oralmente) sus reacciones en un cuarto oscuro.Duro, ciertamente. Pero muy eficaz. Una especie de “rol playing” tipo “tentaciones de San Antonio” o la recreación de las sutilezas exhibidas ante el casto José por la mujer de Putifar. Todo muy canónico, por supuesto. Los varones que, ante estas sugerencias, mostrasen displicencia, imperturbabilidad, desinterés y flojera podrían ser aceptados para el seminario. Cualquier muestra de interés, admiración, entusiasmo o (no digamos) fortaleza y alzamiento implicaría la condena y la expulsión de la vida religiosa.Construyamos el Orden Sagrado con una casta de capones, pichafrías o, como decimos ahora, personas con deseo sexual hipoactivo.
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Copycat

Llámase "copycat", algo así como "copión" en ingles al que remeda las maneras o vestimentas de otros con el ánimo de plagiarle. Ante el interés despertado por la Sra. Sara Palin, electa para aspirante a vicepresidente del senador McCain, ya han surgido pescadores amantes de gananciales en ríos revueltos.
Aparte del marchandising montado con muñecas chochonas, pulseras, sombreros, llaveros, pisapapeles, etc. ahora hay un abundante mercado de "copycats"`para ejercer de dobles. A tenor de la cantidad de réplicas que han aparecido, cabe pensar que la Palin debe de ser una mujer vulgar, de las que hay muchos calcos. No creo que sea precisamente por insustancial que se le encuentran copias, sino por lo acentuado de algunos rasgos: pómulos poderosos (que pueden imitarse con maquillaje), peinado con moño, gafas que acentúan la dureza, labios muy rojos, mandíbula con buena proyección.
Es relativamente fácil crear semejanzas a partir del hincapié en estas excrecencias o aditamentos. Alguna de las imitadoras se ha lanzado directamente al cine porno. Ya se exhibe en los circuitos una película acerca de una tal “Serra Paylin”, capaz de neutralizar invasores rusos en Alaska a base de sorber, a pelo, la energía de las ojivas cuyos misiles, los musculosos soviéticos, esconden entre las piernas.
Los políticos españoles que se quejan de las chuflas del canal plus, o de TV3 con su impresionante “Polonia”, quedarían planchados si sus duplicados oficiaran orgías, desenfrenos, lascivias y perversiones.
¿Se imaginan a un señor Rajoly fornicando a dúo con una señora Cosmedal y otra señora Espichanza Astirre? ¿O al juez Ganzón, apaleado por María Chotesa Parrandez de la Verga, que, para acabar, se levantaría la falda y se orinaría en su toga?
Dios no permita que veamos tales descocos en nuestro país. Los americanos tienen más tolerancia, mientras no se conculquen las exigentes leyes que arrinconan las películas porno en locales sin alardes exteriores, y las revistas sicalípticas no se exhiben en los quioscos al lado de los tebeos.
Sus políticos, de vez en cuando, aparecen en noticias por sus líos con becarias, becarios o señoras de la vida. Una reproducción de Sara Palin, más o menos marchosa, desactivando dotados invasores no les va a sorprender demasiado. Máxime cuando uno de sus lemas de campaña defendiendo las perforaciones de pozos en Alaska (“Drill, baby, dril” o sea: “Perfora, cariño, perfora”) tiene un indudable doble sentido libidinoso.
A mí, personalmente, me fastidia más la original, rifle en mano, depredando osos a tiros.
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Inmorales tocamientos

¿Quién toca a quién?
Noticia curiosa: La canciller alemana, Angela Merkel , se ha hartado de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy , le bese o le ponga la mano sobre el hombro . La protesta de la alemana ha llegado a la Embajada alemana en Francia, según cuenta este martes el diario suizo Le Matin . El periódico cuenta que a Merkel, que además es protestante, no le gusta nada el trato familiar con el que Sarkozy se dirige a ella... los toques en el hombro , las palmaditas en la espalda , el que le agarre el brazo ... "Tocarse no forma parte de la cultura alemana", explica a Le Matin la corresponsal en París del diario berlinés Die Tageszeitung . Esta periodista relata que para una mujer alemana, protestante y criada en la República Democrática Alemana, la distancia entre dos personas y la austeridad es esencial. La curiosidad de la noticia, para mí, no reside en que Ángela Merkel rehúya el contacto de Sarkozy, ni que ello derive del hecho de ser mujer, alemana o protestante. Cada persona puede profesar la religión que le parezca bien y considerar cuál es el tamaño de su “espacio vital” que no permite que sea invadido por los demás. Después explicaré la “curiosidad”. Los alemanes deben de necesitar mucho espacio vital. Los nazis montaron su hecatombe con la excusa de ampliar su espacio vital ( Lebensraum). De todas formas hay algo contradictorio: si quieres mucho espacio vital y montas guerras para conquistarlo, se entiende que tienes poco a tu alcance. Las personas acostumbradas a tener poco espacio vital no eluden tan fieramente el contacto. En TOKIO, multitudes de nipones para muy poco espacio, basta subir a un tren para sentir toques en el hombro, la espalda, el brazo y hasta la entrepierna. Los habitantes de las montañas, en general, son gente de mucho espacio vital. Te dan la mano con el brazo extendido y rehúyen abrazos y besos a menos que la confianza sea extrema. No es una regla universal. Los árabes, aún de los desiertos, se acercan y se tocan mucho cuando hablan (entre hombres, por supuesto) y es de educación sentir el aliento del amigo que te habla. En China es imprudente acariciar a un niño en la cabeza, porque es la manera de traspasarle malos espíritus. Hoy en día está de moda besar a las señoras (y a los señores) al saludarlos. En Francia son preceptivos dos o tres besos. En USA es típico que las madres besen a hijos e hijas en la boca. En Rusia los besos en la boca, se dan aún entre caballeros de bien. En España, entre los gays, es moda darse dos besos en la mejilla más un pico (o beso con lengua, si procede) en la boca del correligionario apenas conocido. Se ve que en Alemania la gente se toquetea poco y se besa nada. Los protestantes, sobre todo si son mujeres, vigilan los tocamientos y no solo en las partes más o menos pudendas. Si son protestantes de la antigua Alemania comunista, la “austeridad” y la “distancia” debe de exigir ni mirarse a los ojos, o comunicarse a voces manteniendo distancias considerables. Vamos a lo curioso, en mi opinión: ¿Tanto cuesta decirle al oponente que no es grato su contacto? ¿No puede la Merkel llevarse aparte al Sarkozy, y decirle “no me toques, que no me apetece”? ¿Es precisa una queja vía diplomática, que se filtra a la prensa, para tachar de tocón al francés? ¿Se quejaría el marido de la Merkel si la Bruni le sobase con su peculiar cara de niña morbosa y un si es no es ninfómana? Mejor haría la Merkel, en vez de quejarse, en apartar el brazo, clavarle el codo al tocador o, simplemente, decirle educadamente que no le gusta el contacto húmedo de la carne. El mundo actual es complicado. Cuando me presentan una señora soy de la vieja escuela y prefiero darle la mano y simular un atisbo de besamano, sin tocarla para nada. Nunca debería fallar este dechado de urbanidad. Pero, a veces, topas con damas que quedan frustradas porque no las beses. ¿Cómo actuar en estos casos? Mi táctica es tomar la mano de la señora, al tiempo que mi mano izquierda se acerca a su codo derecho. Hago el gesto de iniciar la aproximación al ósculo. Si ella asiente y se acerca, aplico un leve contacto a una y otra mejilla (sin besar, sin hacer ningún ruido, sin decir “mua, mua”) y me aparto. Si percibo actitud de freno, rectifico sobre la marcha, suave apretón, anticipo de besamano (una inclinación de cabeza un poco mayor de lo normal) y retirada. A la Merkel, por si acaso, me limitaré a hacerle un guiño o le mandaré un telegrama.
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Cagones matarifes
En 2006 publiqué dos post en este blog acerca de los jóvenes incendiarios de un cajero de La Caixa con indigente dentro: “Los niños que no querían matar” y “El padre del presunto”. Ahora ha empezado el proceso de los dos mayores de 18 años. El menor, Juan José M. R. de 16, fue condenado a 13 años (8 en un centro de menores y 5 de libertad vigilada) tras un acuerdo con el fiscal; su pena era la mayor posible por su edad.O sea, el menor aceptó la culpabilidad sin recibir nada a cambio. No fue uno de estos trapicheos que se ven en las películas americanas. Reconoció su culpa y consintió cargar con la pena máxima posible. La está cumpliendo. El primer video (marque aquí para verlo) es lo recogido en el cajero, el día de los hechos, por las cámaras de seguridad. Los gaznápiros Oriol P. y Ricard P., se han mostrado mucho menos consecuentes que el menor, pues no han aceptado las culpas y las cargan todas a Juan José. O quizá sí que son consecuentes… con su maldad. En mis tiempos se llamaba cagones, caguetas o cagados a quienes escurrían el bulto y buscaban excusas para librarse de las secuelas de sus actos. Cagones me parece adecuado, por el estilo superlativo del adjetivo. En mi opinión, a la par que unos depravados miserables son unos despreciables cobardes. Un poco memos, acaso, que el video es lo que es. Véanlos en el juicio (marque aquí para verlos). Ahora van y dicen que todo era una broma, y que no tenían intenciones de hacer daño alguno. En mi segundo artículo ya daba yo ideas (absurdas reducciones) para el defensor de los monstruos: “Los chicos, sonrientes, con cara de salud, lanzan objetos y golpean a algo que no se ve. Buen argumento para los defensores: ¿no podría ser más cierto que estuvieran persiguiendo una rata que se había colado en el cajero? ¿Alguien puede jurar que golpean a la señora, si no se ve? ¿No tirarían el benzol para desinfectar el lugar y mejorar las condiciones de vida de la pobre mujer? ¿Lo encendió una colilla de ellos, o se debió al mal funcionamiento de los mecanismos eléctricos del cajero automático, que soltaron chispas?” Parece que el letrado me tomó al pie de la letra. La línea de defensa es de las que insultan a la inteligencia. Quizá la inteligencia es cualidad que los abogados del caso deben de considerar peligrosa (quizá por ignota para ellos). Si consideran que esta es la mejor defensa para los matarifes, que Dios les guarde a estos (de sus consejeros). El fiscal, a poca hostilidad que le despierten los infames jóvenes, se debe de estar partiendo de risa.
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Apocalipsis no.

Noticia publicada en mucha prensa. Por ejemplo, en “20 minutos”. Javier Mariscal Puertas, primer bebé de España libre de una enfermedad hereditaria y compatible con su hermano, junto a su madre. El Vaticano asegura que más casos como el de Javier "ponen en peligro a la humanidad". El Papa Benedicto XVI condena avances científicos que permitan, por ejemplo, que nazcan niños modificados genéticamente. La iglesia católica es lo que es. En el caso que nos ocupa los obispos están clamando por el hecho de haber seleccionado genéticamente al niño Javier, para que la sangre de su cordón umbilical pueda salvar la vida de su hermano, afecto de una enfermedad hemática llamada talasemia. Cabe suponer que la iglesia católica prefiere que el hermano muera y que los padres vayan echando al mundo niños talasémicos, que también van a morir. “No hay que jugar a ser Dios” dicen los sabios teólogos. Si mal no recuerdo, la característica fundamental de Dios es la capacidad de crear a partir de la nada, amén de la omnisciencia, la eternidad y la ubicuidad. Nada dicen las escrituras acerca de modificar estructuras genéticas o de seleccionar embriones. La iglesia se queja de que los embriones que no aprueban la selectividad sean despreciados. Teniendo en cuenta que serían los portadores de talasemia, ¿qué más da que mueran embriones o una vez nacidos? ¿Acaso hay que rezar responsos a los embriones que no cuajan o que se pierden en los procesos naturales? Cuando Dios permite un aborto espontáneo, ¿no es un asesinato? ¿Debemos creer, con los budistas, que a este mundo se viene a sufrir? La religión católica tiene, entre sus indudables atractivos, la exclusiva del perdón de los pecados, conferida en el sacramento de la confesión. ¿No están estropeando este atractivo los actuales directivos con sus apocalípticas inventivas? Durante el reinado de Juan Pablo II, casi un 40% de los católicos europeos dejaron de practicar. En nuestro católico país, más de un 70% de los españoles se declara católico, pero solo el 36% cumple con sus obligaciones. ¿No sería mejor marketing decir: “No dejen de confesarse si cometen pecados, que así seguirán teniendo garantizado el cielo”? No digo ya que dejen de predicar sus curiosas ideas acerca de la modificación genética, las enfermedades hereditarias o la inutilidad de emplear preservativos. No lo digo, para que no se les vayan a fastidiar las neuronas que presiden los pensamientos de las jerarquías (pocas y mal avenidas, las neuronas, no los gerontocráticos ensotanados). No es menester que entiendan nada. Pueden seguir creyendo que su ética es absoluta y no relativa (todo es relativo a alguna norma o a alguna doctrina). Limítense a vender la indulgencia. Redescubran las bulas (más preciadas que muchas acciones de bolsa) y regalen pases para el cielo en las misas. A lo mejor mejoran el número de practicantes. Supongo que no me harán caso y seguirán en sus trece. El Papa de turno clamará por el progresivo descreimiento de Europa y cometerá el craso error de las empresas que fracasan: olvidarse de que deben adaptarse al cambio y que el mercado solo compra aquello que, en cada momento, es ventajoso comprar: cielo y amor. Apocalipsis, no.
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Inmoral cartel

Ya vuelvo a estar. Ha sido, para mí, un mes de vorágine. He instalado en mi gabinete un aparato de Estimulación Magnética Transcraneal (EMT). Su traslado y puesta en marcha me ha dado bastante trabajo, pero ya está funcionando a tope. Tratamos con él depresiones resistentes y trastornos de concentración – memoria. Resultados espectaculares en autismo. Esta semana se estrena la película “Diario de una Ninfómana” sobre la autobiografía de mi buena amiga Valérie Tasso. Hice un “cameo” para la película, aunque no sé si saldrá al final en el montaje definitivo. Interpreto a un cliente de casa de putas yendo al fornicio con Valérie, magníficamente interpretada por Belén Fabra. Pues bien, la comunidad de Madrid, voceada por la cadena COPE, ha afrentado la película prohibiendo la exhibición del cartel propagante, por considerarlo obsceno y gratuito. Hay que joderse. A estas alturas se prohíbe publicidad, nada engañosa, de una película con el nombre muy demostrativo y señalador de por dónde van los tiros. Hay anuncios de perfumes mucho más perversos, y algunos de moda infantil con lolitas que enardecen miembros, hasta en la curia. Pero la COPE se ha ensañado con la mano que mece la cuna. Qué le vamos a hacer. Yo que soñaba con despertar pasiones y, quién sabe, algún contrato en Holliwood, ahora debo arrastrar una nueva incuria a causa de mi participación en una especie de orgía satánica, excomulgada por las fuerzas de la caverna. Diré, en mi descargo, que el día de la grabación (un frío que pelaba) recorrí el burdélico pasillo en pos de la meretriz, la cual (más alta que yo) andaba muy deprisa quizá para entrar en calor. Debía de parecer que yo la perseguía hasta el catre mientras ella huía. Ninguna escena de cama, por supuesto, que no tiene uno las miserias para tales enseñanzas públicas, amén de que, por la carrera sin duda, llegaba al tálamo con disnea de pequeño esfuerzo. Poco erotizante, vamos. Bien es verdad que la comunidad de Madrid y los locutores de la COPE tienen derecho a encontrar obsceno el cartel de marras. Cada cual tiene el derecho de creer lo que quiera mientras no perturbe los derechos de otras personas. Librar a los madrileños de la carátula publicitaria del filme no llega a conculcar derecho alguno. No es contravención sino, acaso, ñoñismo. Apelarán al buen gusto o a las buenas costumbres, que tampoco es eso. Nunca taparon los testículos en los caballos de las ecuestres estatuas de Franco, que lucían realmente orondos cual agravios comparativos. No es menos cierto que, con sus tiquismiquis y melindres, han disparado las expectativas y publicitado el film. Los espectadores acudirán pensando que se trata del no va más de las lujurias. Recapaciten, por favor. No hacen falta grandes transgresiones para escandalizar personajes ramplones como los censores de este caso. Me acuerdo del guardia de Badajoz (creo) que hizo tapar un cromo de “La maja desnuda” de Goya en el escaparate de una librería. El cartel del “Diario…” no enseña tanto.
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Lo bueno se acaba

Las vacaciones de Ingushetia se complicaron este año. En pocos días pasaron bastantes cosas. En primer lugar quedamos casi aislados, pues los amigos rusos de Viggo recomendaron que no moviésemos ficha, que pintaban bastos y se sabía que teníamos con nosotros a un alto empleado de la OTAN. El militar, Marcus, no sospechaba nada, pero los rusos decidieron venir a por él y llevarlo a lugar seguro, más que nada por si podía servir en algún momento como moneda de cambio. De un día para otro, dejamos de verle. El kazhajo, con su águila, decidió volver a su tierra, pues era un hombre importante en los negocios del petróleo de Kazhajistan y los problemas en Georgia provocaban la necesidad de cambiar de oleoductos. Los mongoles creyeron que les hacía un feo para no medirse con sus águilas, y también plegaron sus tiendas. Viggo recibió noticias fidedignas acerca de cambios de alianzas con sus amigos napolitanos. Los sicilianos que estaban con nosotros pasaban a ser gente non grata. Viggo me consultó acerca de cómo arreglar la situación. Los napolitanos sugerían que los sicilianos y sus nietos desaparecieran de forma discreta. Viggo odiaba eliminar niños, aunque fueran tan mal educados como los que nos ocupaban. Le sugerí la idea de mandarles a algún emirato árabe, pasaportes nuevos, recomendándoles que no se acercasen a Italia ni para ver al Papa. Aceptaron, cómo no. Nos quedamos solos, en el refugio montañoso de Viggo. Los judíos georgianos que habíamos salvado, estaban estupendamente bien en el pequeño gueto hebreo, donde unos cuantos protegidos de Viggo se dedicaban a sus artes tradicionales, sastrería, etc. Los niños más espabilados son educados con gran aplicación y enviados por todo el mundo a dirigir franquicias de los múltiples negocios de Viggo. Nadie como los judíos (ukraineses, georgianos…) para manejar este tipo de comisiones con total esmero, prontitud y eficacia. Máxime cuando sus familias quedan en Ingushetia. A finales de agosto, recogí a mi mujer y mis perros, y volvimos vía Moscú para evitar atravesar Georgia. Una vueltecita por la plaza Roja me permitió comprobar que la tumba de Lenin sigue siendo un atractivo. Ahora los visitantes no tienen reparos en santiguarse ante el padrecito. Está tan bien conservado que me niego a creer que sea el original. Supongo que es una copia en Látex. Solo le falta un mecanismo de animatrónic para abrir los ojos y saludar puño en alto. En los alrededores venden muñequitos de Lenin yacente, algunos de los cuales, de mazapán, son deglutidos fervorosamente por los viejos bolcheviques allí llevados con autocares del inserso. Unos popes se ofrecen a bendecirlos antes de comerlos, con lo que se ganan indulgencias. También venden caramelos chupones con la cabeza de Lenin y de Stalin. Mis perros discutieron acerca de la posesión de un muñequito de mazapán (Lenin) que un niño irreverente tiró al suelo tras decir que le daba asco. Se lo quedó Drake, que es el más fuerte, pero le compré otro a Yanek, que, antes de comérselo, lo lamió con gran delectación provocando vítores de los viejos bolcheviques, todos ellos con demencias tipo alzheimer. En el aeropuerto saludamos a los comandantes de nuestro vuelo, ruso por supuesto, que ya iban por la tercera botella de espirituoso. Comentaron la estupidez del comandante de Spanair de fiarse de los controles que no funcionaron. Ellos no se fían y miran por la ventanilla a ver si los alerones se abren o no. Jamás piden arreglos de última hora, pues los mecánicos, cabreados, suelen desconectar todas las alarmas para que no suenen sin motivo. En tales casos, tampoco suenan con motivo, por lo que mejor no contar con ellas. Cuando les pregunté cuál era su método para sobrevivir en tales condiciones, no dudaron en decir ”Vodka”, y se soplaron dos botellas más antes del despegue, más que nada para aguantar el palo que es sacar la cabeza por la ventanilla hasta que todo está bien. Viggo vendrá a Barcelona por las fiestas de la Merced. Ya os contaré sus andanzas por nuestra infernal ciudad, en tiempos de cólera.
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Paseo militar
 Regalo caido del cielo
Los rusos, tras anunciar el alto al fuego, penetraron en Georgia, hasta Gori, ciudad situada en la franja de seguridad. Con ellos entraron “paramilitares” osetios, que saquearon la ciudad. Mataron a quienes se oponían (pocos, pero los Georgianos no poseen el pragmatismo caucásico) y se les llevaron hasta los llaveros. Luego quemaron sus casas. Anunciaron que irían hacia el sur, a Tblisi. El ejército georgiano que defendía el camino de Tblisi todavía corre. Por supuesto era una broma. Tras masacrar Gori, volvieron tranquilamente a su santuario Osetio, no sin antes repasar toda la zona froneriza del norte. A Viggo le parece bien lo que han hecho los rusos y los osetios, todo muy caucásico. Solamente el 30 % de osetios son originarios del Cáucaso, pero tan cristianos como los georgianos o los rusos. Viggo considera que una guerra sin saqueo ni matanzas no es una guerra, y que si los cristianos se matan entre ellos, allá películas. El coronel Marcus prefiere no opinar, aunque se le aprecia una cierta admiración por sus enemigos rusos. Si Georgia entrara en la Otan, dice, lo primero que debería hacerse es una liberación estilo Irak, o Afganistán, para poner un gobierno más acorde con los valores de la libertad occidental. Los gobernantes de ahora, colgados al estilo Saddam. Nuestros compañeros sicilianos, Marco y Giovanni, están un poco descolocados. Son negociantes con empresas de servicios y, bien que de Corleone, llevan años viviendo en Milano. Les encantó la caza del lémur, que les hizo revivir la entrada norteamericana en Sicilia, en 1945, y la posterior persecución de nazis, aunque ellos, buenos católicos, colaboraron con los cardenales entregados a la humanitaria labor de llevar alemanes a Sudamérica, a cambio de bulas eclesiales y dinero en efectivo. Por la tarde se fueron a hacer la siesta. Por iniciativa de Viggo el resto hemos salido para llegarnos hacia el noreste de Georgia, y ver cómo está allí el ambiente. Previamente Viggo ha hablado con unos amigos de Moscú que nos han allanado el camino. Nuestro helicóptero ha sobrevolado varias zonas todavía recorridas por tanques rusos. De hecho están limpiando cualquier atisbo de defensa georgiana, desde Ajbasia, al oeste, hasta Chechenia, al este. Nadie nos ha molestado. Los rusos, porque nuestra frecuencia era amiga, y los georgianos, por si acaso. Nuestro coronel de la Otan estaba impresionado. Esto es dar una guerra por acabada, dijo. Pasamos por los restos de Gori. Quedaban estrictamente tres supervivientes. Un matrimonio de judíos ancianos, que en su momento nadie se puso de acuerdo acerca de quiénes les debían matar, y un probable retrasado mental que daba vivas a Stalin. Viggo ofreció a los judíos llevárselos a Ingushetia, donde hay comunidades judías en paz. Él mismo apadrina varias familias hebreas. Aceptaron encantados. El retrasado se agarró a la estatua del padrecito que quedó en pie en la plaza mayor, y chilló que no la soltaría ni muerto. Los hombres de Viggo le demostraron su error y, tras la interesante lección, volvimos a nuestra base. Merendamos por el camino. Tras la cena, juegos de salón. Los nietos sicilianos tenían Nintendos DS y nos enseñaron el Brain Training. Viggo sacó una edad cerebral de 40 años. El coronel Marcus sacó 80 años y estaba orgulloso, convencido de haber ganado. Le dijimos que ni Bush.
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Juegos de fiesta mayor
 Lémur poco antes de ser capturado. Obsérvese la mala fe de estos animales, capaces de manejar crueles sistemas de defensa.
Bien es verdad que Viggo, oficialmente, es musulmán. Prácticamente todos los ingushos, como sus vecinos chechenos, pertenecen al Islam suní. No es menos cierto que muchos años de URSS y ateísmo fueron enfriando los fervores, especialmente entre las clases dominantes, que siempre fueron las mismas. La familia de Viggo tiene antecedentes escritos desde el siglo XIV, cuando todavía eran cristianos ortodoxos. Bajo la invasión turca, en el XIX, fueron pragmáticos y prefirieron convertirse a morir empalados. Sabiduría montañesa. Con la URSS ateos devotos. ¿Ahora? Bien, gracias; nada sucede sin que Alá (el más grande) no lo permita. En un pueblo de clanes, el de Viggo tiene un poder notable. Casi un cinco por ciento de la población ingush es tutelado por Viggo. La verdad es que su nombre ingush es Damla, que significa “la paz sea contigo” en lengua ugro-finesa, posiblemente transmitido desde los otomanos. Eligió el sobrenombre de Viggo por su significado en lengua escandinava originaria: “campo de batalla” más acorde con su talante. El juego que nos perdimos por culpa del coronel de la Otan es una especie de polo, al parecer originario de Kazajistán, aunque muy practicado por algunas tribus del Cáucaso y de Afganistan. La gracia es que se juega sin demasiadas reglas, empleando, en lugar de bola, la cabeza de un enemigo vencido, de alto rango. Por si acaso no hay guerra en el tiempo de las fiestas patronales, los capturados suelen conservarse, vivos, en cárceles durante años si conviene, y se les decapita poco antes del partido para que las cabezas luzcan lozanas. El lémur teniente coronel ruso iba destinado a un partido de exhibición con el que Viggo nos quería obsequiar. El partido se jugó igualmente, en una variante que consiste en disputarse la pertenencia de una cabra sacrificada al inicio. Los palos, más cortos que los de polo, se emplean para dar en la cabeza a los rivales. Más que dos equipos, que en teoría es así, se acaba en una especie de todos contra todos. Los caballos también participan, coceando a sus rivales o a los contendientes caídos. No es raro que cuatro o cinco caballos acaben entrando dentro de una portería (o sobre el público) y derribándola, a pesar de que el reto no es meter goles, sino poseer los restos de la cabra en el momento en que se termine el tiempo de juego. Las apuestas son vigorosas, y los árbitros se limitan a mirar sus cronómetros, y a huir despavoridos tras dar el pitido final pues es legendaria la costumbre de apalearles, antes de desmembrarles, por apostadores que habrían deseado ver prolongado el tiempo de juego. Para evitarnos el trago, Viggo hizo que sus hombres protegiesen a los árbitros, lo que exigió algunos disparos de advertencia ante los perdedores airados. Bien es cierto que al tercer muerto se dieron por advertidos y acabó la fiesta en paz. Otras diversiones consisten en soltar lémures por los valles, darles una ventaja de una hora, y perseguirles luego a tiros. Las águilas también juegan su cuarto a espadas, y los mongoles suelen ganar las contiendas. Mis perros también disfrutan lo suyo persiguiendo y mordisqueando lémures. No los matan ni se los comen, pero les arrinconan contra una roca hasta que llegamos nosotros y capturamos las piezas. Siempre he soltado a los lémures que he pillado, aunque, siempre también, han acabado cazados por un águila o por los certeros disparos de los ingushos. La pinta de los lémures se asemeja al uniforme de la guardia Urbana de Barcelona, por lo que debo atar en corto a mis perros cuando paseo con ellos por la capital catalana. Más de un urbano me ha mirado con mala cara, pero ninguno ha tenido los huevos de pedirme la documentación del impuesto canino, sospechando (certeramente) que, si metía mano en el bolsillo para sacar los documentos, se podría soltar algún animal. En la sobremesa, que suele durar hasta las siete de la tarde, comentamos el desastre georgiano, predicho por Viggo desde el primer minuto de juego. Las tres reglas de la guerra, según él, son pegar primero, pegar fuerte y seguir pegando. Los georgianos fallaron en la segunda. Penetraron en Osetia, masacraron civiles (lo debían de encontrar divertido) y permitieron que unas “fuerzas de interposición”, doce veces inferiores en número, se atrincheraran en el único paso a Osetia del norte, que es un túnel. Lo primero era tomar el túnel, pero se enmarañaron en el camino, matando mujeres y niños, a los que querían convencer de las ventajas de pertenecer a la patria georgiana. Conozco este percal. Fueron muchos años de cantar el "Viva España" y el "Cara al sol" para dejar de ser un perro catalán y acabar adorando a la unidad de destino en lo universal, lo que ahora llaman solidaridad (unidireccional, por supuesto). Yo lo llamo cornudo y pagar el vino. Los rusos reaccionaron y tuvieron tiempo de mandar a sus tropas (cien veces más amplias y mejor pertrechadas que las de Georgia) y a sus aviones que, sin pasar por el túnel, jugaron a marcianitos con los georgianos y les dejaron sin aeropuertos, sin aviones, sin radares y, por si acaso, convirtieron en un foso pelado una generosa franja de tierra adyacente a la frontera con Osetia, incluyendo todas las ciudades que tuvieron la mala suerte de haber sido erigidas, cientos de años antes, en los cien kilómetros que se considerarán, a partir de ahora, tierra de nadie (de nadie que quiera estar vivo). Es divertido que los rusos, para justificar sus actos, repiten de pe a pa el mismo argumento que esgrimía la UE al hablar de Kosovo). Los perros Osetios van a ser osetios; bien por ellos. Viggo no me secunda. Para él los osetios no deberían ser independientes, ni georgianos. Simplemente debieran desaparecer. No es por centralismo, ni mucho menos. Es este maldito carácter de las gentes del Cáucaso, que tiene su lado oscuro de romanticismo cruel, bien que muy estético. Ya os dije que Viggo considera al presidente georgiano como un demente (en esto coincide con Putin) y, añade, que se ha ahorcado con la cuerda que creía le daban los americanos, quienes se han apresurado a condenar a los rusos, pero no han movido ni la punta de una patita para ayudar al georgiano obtuso. El coronel de la OTAN, que es de intendencia, ni sabe ni contesta.
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Psicología caucásica
 Haciendo kayak en el Cáucaso
Verónica es la esposa de Marc G. un amigo cardiólogo. Ambos nos acompañaron en nuestro primer viaje a Ingushetia, allá por el dos mil. Presumían de ser muy viajados (sospecho que siempre a través de agencias de Halcón viajes). Ella era entre rubia y pelirroja, y con una cuarentena bien llevada. Cuando Viggo nos rescató en el paso fronterizo, en pleno Cáucaso, se le abrazó llorando y dando las gracias. Viggo, que no soportaba ver llorar a una mujer (especialmente si, al abrazarle, le clavaba las tetas) se encaprichó con ella. Vero se dejaba querer, pero cuando Viggo pasó a arrinconarla en un pasillo, mientras le sacaba al aire los pechos, se hizo la ofendida. Viggo cambió de táctica y le ofreció a Marc regalarle un hummer si le dejaba jugar con Vero. Al principio dudas, hasta que le expliqué que mejor ceder, que nos interesaba estar a bien en aquella zona. El argumento definitivo fue la posibilidad de atacar a los mossos d’esquadra con la ametralladora del hummer, si, al volver a Cataluña, querían multarle por exceso de velocidad. Su mujer se negó en redondo y le llamó calzonazos. Él se engalló y dijo que total, con lo frígida que eres, ni te vas a enterar. Ella arguyó inepcias masculinas debidas a pene lacónico y eyaculación veloz. Total que Marc se quedó sin hummer, y Viggo se folló a Verónica gratis. Luego me dijo que frígida no era, aunque posiblemente mal trabajada. Este año Viggo está de muy buen humor. Me dice que los de Georgia están en una excelente disposición para comprar aperos de los que él proporciona. Los únicos competidores son ukranianos, y los rusos les han cerrado la única vía, la marítima, por lo que Viggo está en condiciones de aumentar el precio sin que los otros protesten. Los rusos han sido implacables hasta ahora y han dejado a Georgia sin aviones. Dos que tenían, dijo Viggo, y se los han derribado. No me quisieron comprar hace un año, y ahora les haré sudar un poco, añadió. Viggo cree que el problema básico es el orgullo ruso, los intereses del petróleo y la estupidez del gobernante georgiano incapaz de entender que con dos aviones no se monta ni un parque de atracciones. Hablando de atracciones, ayer, después de la cena, Viggo nos llevó a una especie de hangar, apartado, donde sus hombres tenían vigilados unos animales de raza extraña (ellos les llaman “lémures” pero nada que ver con los que yo conocía de Siberia) con los que al día siguiente montaríamos un juego. La verdad es que los animales eran muy curiosos, pues parecían ir vestidos de uniforme ruso, y pedían a voces clemencia (en ruso). Uno de ellos se empeñaba en que era un teniente coronel. Sin dirigirse a ellos Viggo me comentó, en ruso, que estos lémures eran de armas tomar, que los cazaban en salidas por Osetia, y que no hiciese caso de lo que decían que eran muy embusteros. Nuestro coronel americano, Marcus G., se interesó por el lémur de mayor graduación y me pidió si podía interceder por él ya que Viggo parecía tenerme deferencia. Supe lo que pasaría, pero para complacer al coronel, le pedí a Viggo que librase al lémur vestido de teniente coronel. Viggo sonrió, y, en ruso, dio órdenes a sus hombres de soltar a todos y acompañarles a Osetia. Los hombres también sonrieron. Los lémures aullaban de agradecimiento. Nunca lo supo el americano, pero, nada más salir nosotros, los ayudantes de Viggo degollaron a todos los lémures, mando incluido. Sus gritos de espanto y de “No habéis entendido a vuestro jefe” fueron confundidos por el coronel de la OTAN que creía que aún gritaban vítores a nuestras madres y soltó unas lágrimas de emoción. Viggo me había explicado, hace años, el placer que le da anunciar el perdón a todos los condenados, y ajusticiarles a continuación. Costumbres algo bárbaras, pero, en el Cáucaso ya se sabe. Mañana os explico el uso que se les suele dar a los lémures, cuando no hay patosos piadosistas que metan baza en esos asuntos, tan estrictamente locales.
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