Dudas existenciales
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28 de enero de 2006    |    5 Comentarios
Una familia pide el ingreso de su hija anoréxica aunque se niegue

La familia de una joven anoréxica de 20 años apeló ante la Audiencia de Barcelona la denegación de una solicitud de internamiento de la joven por parte de una juez, ya que así lo aconsejan informes sanitarios, a pesar de que la enferma se resiste a ser tratada y ha intentado suicidarse. Las dos hermanas de la joven solicitaron hace nueve meses al juzgado de primera instancia número 2 de Badalona, en Barcelona, que autorizara su internamiento.

Entre los informes médicos presentados entonces por la familia, uno de ellos elaborado por el hospital barcelonés de Sant Pau, se afirmaba que la enferma presentaba un diagnóstico de anorexia, bulimia, "sobreingestas sin control, con inducción del vómito" y "rasgos límite de personalidad", por lo que los especialistas planteaban "el ingreso en sala de agudos". Sin embargo, la juez desestimó el 14 de abril del pasado año la autorización del internamiento de la joven, después de revisar un informe forense que "no apreció alteraciones o deficiencias físicas o psíquicas que impidan el gobierno de sí misma".

He hablado otras veces de la situación en que nos encontramos en estos casos. Es lamentable, pero no podemos hacer nada si el forense no aprecia patología. Los forenses son médicos especialistas en medicina legal. Si veis las películas de CSI  (Crime scene Investigators, o investigadores de la escena del delito) ya sabeis cómo trabajan estos expertos. Los “coroners” de USA son especialistas forenses que, al mismo tiempo, son expertos criminólogos.

Los médicos forenses son funcionarios corporativos adscritos a un juzgado. En teoría saben de todo lo que abarca la medicina: psiquiatría, neurología, dermatología, etc. Todas las especialidades de la medicina pueden ser motivo de consultas a un forense. Habida cuenta de que un médico especialista en “todo” se ganaría mucho mejor la vida trabajando en una clínica que como funcionario judicial, no hay que ser muy listo para intuir que los conocimientos  de tales personas deben de tener algunas limitaciones.

Aún así, son los únicos especialistas consultados por los jueces en casos como el que nos ocupa. El diagnóstico del Hospital de San Pablo, a tomar por el saco. El forense dijo que "no apreció alteraciones o deficiencias físicas o psíquicas que impidan el gobierno de sí misma".. Enorme  verdad. No apreció nada. No mintió. El juez dijo que si el forense no veía nada, ella tampoco. Permiso denegado. La paciente a casa, y no vuelvan por aquí a darnos la brasa, que sin hacer nada se está muy bien.

La defensa recurrió la denegación ante la Audiencia de Barcelona, mientras teme por la vida de la enferma hasta que se resuelva el caso, sabiendo que el pasado 11 de diciembre intentó suicidarse al producirse cortes e ingerir lejía. La Audiencia de Barcelona, por su parte, ha fijado para el próximo 9 de marzo la vista para deliberar, votar y fallar el recurso de apelación presentado por la familia, después de haber ordenado la semana pasada que se elabore un nuevo informe sobre el estado de la enferma.

Al mismo forense, supongo.



28 de enero de 2006    |    0 Comentarios
Ser pobre no ayuda

Un estudio de médicos israelíes demuestra que los ricos viven más que los pobres. El trabajo, llevado a cabo a lo largo de 15 años por investigadores del Hospital Universitario Hadassah  de Jerusalén, entre personas mayores,  ha demostrado que los que gozan de buena posición económica viven más que los que sufren la pobreza. "Los resultados son claros e inequívocos, los que carecen de dinero se mueren antes", ha afirmado el profesor Iojanan Stasman, director del equipo que investigó la influencia de las condiciones económicas en la vida de 1.900 vecinos de Jerusalén, pertenecientes a varios grupos de personas nacidas entre 1920 y 1921.

 

El 29%  de los que estaban en buena posición al comenzar el estudio, hace 15 años, cuando todos tenían 70 años, murieron en ese plazo. . En cambio, en este periodo falleció el 59% de los mayores cuya situación económica era deficiente o mala, lo que significa que sólo un 41% --30 puntos menos que el grupo anterior --han permanecido con vida.  De hecho, en todos los parámetros, incluido el de la salud --como el problema del insomnio, el reumatismo, los dolores de espalda y la vista--, la calidad de la vida de los ancianos acomodados es superior a los del grupo de los menos afortunados.

 

Para mí este trabajo es un ejemplo perfecto de lo que significa perder el tiempo. Cada semana, más o menos, se publican unos cuantos trabajos de este estilo, demostrando cosas que, en realidad, son palmarias. Para acabar diciendo que los pobres lo pasan peor que los ricos, y se mueren  antes, no valía la pena gastar 15 años de trabajo. Contando los muertos en un año (repasando las estadísticas)  viendo sus edades, y correlacionando estos datos con su nivel de prosperidad,  acabamos en un santiamén.

De todas maneras no va mal que esos datos se nos recuerden de vez en cuando.  ¡Cuántas veces oímos decir que la depresión, por ejemplo, es una enfermedad de ricos! Pues va a ser que no. Cierto que en  los países pobres de Africa, Ruanda pongamos por caso, hay muy pocos suicidios. Una de las causas es que la expectativa de vida es de 26 años, con lo que la mayor parte de los que se suicidarían son muertos a causa de la pobreza . Otros, los más pobres, mueren a manos de sus coterráneos más ricos (los que tienen cuchillo matan a los que no lo tienen).

 

Todas las enfermedades son privilegio de los pobres más que de los ricos. Hasta la obesidad, si exceptuamos las zonas de hambruna, donde, por otra parte, los pobres son mucho más esqueléticos que los ricos. Pillar el SIDA iguala bastante, que la jodienda  resulta bastante barata. Ahora bien, el acceso al tratamiento desequilibra nuevamente la balanza haciendo que los pobres tengan menos posibilidades de ser tratados.

 

Una de las pocas ventajas de los pobres es que pagan muy pocos impuestos. Los ricos, envidiosos ellos, se las arreglan para conseguir pagar tan pocos impuestos como los pobres.

 

 



20 de enero de 2006    |    0 Comentarios
Prostitutas a domicilio

Vegener Hansen, 59, que sufre de parálisis cerebral, está embarcado en una pelea judicial para obligar al Estado danés a subsidiar visitas de prostitutas a su casa, de la misma manera que le pagarían un servicio de entrega de comida a domicilio. Mucha gente coincidiría con las opiniones que tiene Torben Vegener Hansen en materia de sexo. “Me hace sentir bien. Me hace sentirme más dinámico. Tener sexo es tan importante como comer”. Pero es precisamente su insistencia en que el sexo es un “derecho humano”  lo que lo llevó a una batalla legal con el gobierno de su país. “La ley social de Dinamarca hace que se me compense por los gastos en los que incurro como consecuencia de mi discapacidad”, dijo. “Por lo tanto, deberían cubrir mi derecho a tener una vida sexual”. 

 

El estado del bienestar  va a ser sometido a prueba. Dinamarca es un país donde la prostitución es legal, y donde, según marcan las directrices de los servicios sociales públicos “el personal de atención médica que trabaja en instituciones de salud debe estar preparado para ayudar a las personas discapacitadas a obtener sexo. Eso incluye acompañarlos cuando van a visitar a una prostituta.”

 

Hansen, que precisamente es un extrabajador social, vive solo en un piso acondicionado a su discapacidad. Se traslada por el centro de la ciudad de Aarhus con una silla de ruedas eléctrica. El municipio, a través de los servicios asistenciales,  le paga para recibir 37 horas semanales de asistencia física.  “Necesito tener una vida sexual digna para sentirme como un ser humano normal. En este momento tengo novia, de modo que no necesito ver a ninguna prostituta. Pero si no tuviera a Vivia, querría tener sexo por lo menos dos veces por mes”. 

 

Una residencia para discapacitados mentales, de cerca de Copenhague, organiza encuentros sexuales para sus acogidos. No es que el estado pague a las personas que se prostituyen, pero los asistentes sociales acompañan a las personas discapacitadas y,, por supuesto, esto forma parte de su trabajo. Cobran, pues, para hacer de “carabinas”, o de alcahuetes.  El discapacitado físico Hansen, va más allá. Él no necesita acompañante, porque con su silla se sobra y basta. Si acaso, que la prostituta vaya a su casa, y que se la pague el estado. Le sería más divertido que la asistencia del asistente físico.

 

La novia de Hansen, Vivia, de 46 años, se ha mostrado molesta con la polémica y disgustada con su romeo.  “Creo que es importante discutir las vidas sexuales de las personas discapacitadas, pero estoy en contra de todas las formas de prostitución y pienso que, a veces, tendríamos que aceptar nuestro destino”.  El pobre Hasnsen haría bien en darse por enterado. Aceptar su destino, si Vivia se enrabia, significará tener que meneársela. Según cual sea la dificultad motriz que le afecta, puede ser difícil.

 

Bien haría en agenciarse un masturbador masculino a pilas, fácil de manejar apretando un botón, más o menos como su silla (de ruedas) eléctrica.



20 de enero de 2006    |    0 Comentarios
Los niños que no querían matar

El abogado defensor de Ricard Pinilla,  y el padre de éste, han asegurado que los acusados no querían matar y desconocían el contenido del bidón que cogieron de una obra próxima. Ricard, y las otras dos criaturas, son unas buenas piezas. La noche en que mataron a la indigente señora Rosario, rociándola con disolvente y acercándole un cigarrillo, no querían matar. Probablemente sólo querían divertirse un poco. Lo malo es que sus métodos de diversión eran bastante crueles para otras personas. Entre sus colegas de botellón corre la especie de que apalizar mendigos es una actividad agradecida,  por la diversión que procura y el poco riesgo que presenta. Y que está de moda entre esos jóvenes,  que graba en sus móviles las escenas, luego vistas en pandilla, entre grandes risotadas.

Realmente los mendigos son fáciles de avasallar. Los avatares de la vida les han colocado en la cola de la cadena alimenticia. La dignidad de una persona reside en el hecho de ser persona, sin más. Pero los indigentes, que nada poseen, son presas fáciles para los pervertidos sociales que consideran que el valor de las personas depende de sus logros.

Los niños de “Guillermo Tell” (la calle donde asaron a la señora Rosario) debían de ser de esos. Vales tanto como tu teléfono móvil, tu playstation, tu MP3, tu chupa, tu peluco, tus zapatillas de marca y tu dinero de bolsillo. Puedes ser un miserable, un irresponsable, un delincuente, un asesino, pero con zapatillas de marca se vale más que un quillo de “La Mina” (el barrio marginal trufado de delincuentes). O no, que un quillo de La Mina habiendo apalancado pasta, mejora su valor en el mercado de las vanidades.

La hija de la indigente quemada se persona como acusación particular. Había perdido todo contacto con  la asesinada hacía tiempo, unos dos años, pero ha decidido presentarse en la causa para que "se haga justicia". A buenas horas. "Queremos que se demuestre la culpabilidad de esta gente y las circunstancias en que cometieron este crimen", ha afirmado el abogado acusador contratado por la hija de Rosario. Añadiendo  que ha reprochado "que se hagan apreciaciones subjetivas" sobre el caso.  Triste vida la de quienes se la tienen que ganar a base de decir frases como estas y aparentar gravedad en vez de partirse de risa, que es lo que procede ante semejantes perogrulladas al mejor estilo Chiquito de la Calzada. Sólo le faltó decir: “Haremos lo que se tenga que hacer con estos fistros”.

Supongo que las apreciaciones subjetivas son las del abogado de los niños traviesos. “No querían matar”. El hombre peca de precipitación pues aún no ha visto el video de seguridad del cajero. En él se ve como las bestias de marras, dos de ellas, acosan a Rosario y la golpean entre risas. Al cabo de unas dos horas (nocturnidad) vuelven, con otro angelito, con cara de niño que finge necesitar dinero y ruega a la señora que le abra el cajero (alevosía se llama esta figura), tras él vienen los dos monstruos originales con un bidón que habían pillado subiendo al primer piso de un andamio (premeditación).  Rocían a la señora y le prenden fuego con un cigarrillo (desprecio de sexo). Tres contra una (abuso de fuerza). Luego salen por piernas (denegación de auxilio).

Les pillan porque las imágenes de la cámara de seguridad les delatan, y los vecinos del barrio les reconocen. Nada de arrepentimiento espontáneo. Ahora dice su abogado que “no querían matar”, que “creían que el líquido no era inflamable”, que “solamente querían divertirse”. Si el otro abogado me parece tan manido como quien diga que la muerte no cesa, o que la noche sigue al día, el de los chicos me parece un punto por encima de patético. Podría haber dicho que la querían desinsectar, o perfumar al confundir el benzol con agua brava, o calentarla en una noche de frío. Con tales líneas de defensa, suerte tiene que no exista la pena de muerte. Hasta a él le mataban.



20 de enero de 2006    |    0 Comentarios
El padre del presunto

El, padre de Ricard Pinilla, uno de los jóvenes acusados de la muerte de la mendiga de Barcelona, declara a la agencia EFE que  su hijo Ricard "es un tonto" y que las imágenes "no demuestran la crueldad con la que se ha dicho que actuaron". No cree que su vástago merezca "20 o 25 años de prisión, porque no ha sido un homicidio premeditado ni intencionado".

¡Pobres padres los que tienen que hablar de sus poco recomendables hijos!  Dice un refrán que hasta las arañas encuentran preciosos a sus hijuelos.  El señor Pinilla, don Esteban, debería hacer lo mismo que su descendiente, que es acogerse al derecho a estar callado. Los periodistas han accedido al video completo de la agresión. Cada uno es libre de interpretar las imágenes como quiera, pero de ahí a decir que estas no “demuestran la crueldad”  de los agresores, debería acompañarse de una nota acerca del particular concepto que tiene don Esteban acerca de la crueldad.

Los niños le gritan a la señora, tiran a la señora (supuestamente, ya que no se ve la imagen de ella, que está fuera de encuadre)  una naranja, un envase de agua y un cono de esos que se ponen en las carreteras. Todo eso se lo tiran con la brusquedad y aparente fuerza que caracterizaría a un leñador. Dan patadas a algo (que no aparece en imagen). Vuelven tres horas más tarde con el tercero en la discordia. La dan con unos cilindros de cartón (que no hacen caricias, precisamente), la rocían con el líquido de un bidón, bastante lleno, que llevaba una etiqueta de “altamente inflamable”. Se ve una deflagración. La cosa se pone negra.

Supongo que el señor Pinilla mide la “crueldad” por la cantidad de higadillos que aparece (o no) en las escenas. Hoy en día cualquier película de miedo acaba con  exuberantes vertidos de sangre, vísceras variadas y rodar de cabezas cortadas. La escena del video, encima, ni siquiera deja claro que los niños estaban golpeando a la señora. El director de fotografía no se lució, y la mujer queda fuera de pantalla.

Los chicos, sonrientes, con cara de salud, lanzan objetos y golpean a algo que no se ve. Buen argumento para los defensores: ¿no podría ser más cierto que estuvieran persiguiendo una rata que se había colado en el cajero? ¿alguien puede jurar que golpean a la señora, si no se ve? ¿no tirarían el benzol para desinfectar el lugar y mejorar las condiciones de vida de la pobre mujer? ¿lo encendió una colilla de ellos, o se debió al mal funcionamiento de los mecanismos eléctricos del cajero automático, que soltaron chispas?

“Ni homicidio premeditado ni intencionado”. Corresponde a los jueces dilucidarlo. Quizá a un jurado. La única duda razonable que yo tengo es si si el padre hablante es tan mendrugo como se desprende de sus palabras, o si el amor de padre le pierde, o si (en el fondo) se siente tan culpable por haber educado semejante monstruo que ahora prefiere no enterarse de la realidad y volverse idiota.