Siempre va bien saber cómo acaban las cosas que nos asombran en cierto momento de nuestras vidas. El llamado “asesino de la catana”, el chico de 16 años que mató a su madre, a su padre y a una hermana, porque “…quería vivir una experiencia distinta", ha salido ya del centro de menores donde ha pasado los 6 años a que fuera condenado. Ahora no es fácil la reinserción.
Sucedió en un barrio obrero de Murcia, entre las seis y las siete de la mañana. José, que entonces sólo tenía 16 años, dio muerte sucesivamente a su padre, un camionero de 51 años con el que no se llevaba demasiado bien, a su madre, un ama de casa de 54 que le daba todos los caprichos y lo guardaba de los enfados del padre, y a Mercedes, su hermana pequeña, una niña rubia de 11 años afectada por el síndrome de Down. Utilizó primero una catana japonesa con una hoja de acero de 71 centímetros de longitud y tres de anchura y luego, al creer que la espada de samurái se había roto, uno de los machetes que su padre, antiguo boxeador y gran aficionado a las artes marciales, le había ido regalando. Cuando la policía le dio alcance, tres días después del crimen y con la ropa interior todavía manchada con la sangre de su familia, José lo confesó todo.
"¿Y por qué lo hiciste?", le preguntaron una y otra vez los agentes, intrigados por si detrás del crimen se escondía algún extraño juego de rol o tal vez un rito satánico. "Quería vivir una experiencia distinta", dijo José, "quería estar solo, que mis padres no me buscaran". Los policías insistieron: "¿Y a tu hermana? ¿Por qué la mataste?". Su primera respuesta fue otra pregunta: "¿Y qué iba a hacer ella sola en el mundo...? La maté para que no sufriera".
Una asociación dirigida por un pastor protestante de la Iglesia Evangélica ha intentado acogerle. Se ve que tienen una casa, o algo así, en Cantabria. Intentan que los chicos y chicas rescatados trabajen en la zona, y se ve que los lugareños creían hasta ahora que el centro era una especie de residencia para pastores, seminaristas o algo así.
Pero el chico de la catana les ha estropeado el invento. Es probable que su periplo haya sido seguido por algún periodista, o que el propio José, en un momento de gloria, haya alardeado ante alguien acerca de sus méritos curriculares. O su novia, una nena a la que conoció en un centro de reclusión para menores conflictivos, puede haber presumido ante las amigas de lo dulce que es su chico, a pesar de ser quien es.
El chico de la catana no tiene por qué dar buena espina. Los psicólogos que le vieron definieron su personalidad como la de un trastorno narcisista, con rasgos de antisocial y de sádico. ¡Apañados vamos! Solamente falta añadir un déficit de control de los impulsos, para definir que la criatura es una carga explosiva, que a la primera mínima resultará cebada y a la segunda activada.¿Qué debemos hacer con los psicópatas que ya han matado? No una, sino tres veces probó el especial sabor de la sangre. Podrían admitirse apuestas en Betandwiin: ¿cuánto tiempo tardará en volver a asesinar para tener más experiencias? ¿cuántas personas humanas se cargará en el siguiente intento?
Los profesionales de la psiquiatría, de la psicología y de la medicina legal son gentes dispares a la hora de hacer recomendaciones. Creo que una gran mayoría se mostrará con escepticismo. La experiencia es un grado a la hora de perder la confianza en el ser humano, especialmente si se trata de psicópatas asesinos. Quizá los profesionales más jóvenes, idealistas o piadosos crean en la rehabilitación de los criminales a través de la privación de libertad. Yo, que me incluyo entre los escépticos, creo que la privación de libertad sirve en sí misma (mientras están presos no fastidian) pero creo también que no tiene efectos persistentes.
Cada caso es cada caso, se me dirá por los bondadosos. No se debe generalizar. Ya. Pero es cuestión de supervivencia, prefiero generalizar y perjudicar a unos cuantos asesinos psicópatas, que meterme en camisa de once varas y predicar la salida de alguien que, para agradecerlo, se carga a unos cuantos inocentes.
Lamento (o no, yo qué sé) mi falta de compasión para con los psicópatas. Prefiero serlo con las víctimas.