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Alba despertó
El caso de Alba nos ha golpeado en la cara, despertándonos del sueño de los justos. Por si no se acuerdan, les comento: niña de 5 años ingresada en urgencias por una paliza que le causó traumatismo craneoencefálico y estado de coma.
Se acusa al compañero sentimental de la madre. Los dos, la madre y el compañero, ya habían sido investigados, desde dos meses antes, pero las pesquisas se habían perdido en el camino de uno a otro juzgado o a otras instancias administrativas de los servicios sociales. Ningún juzgado, cuerpo de policía o asistencia social, consideró que “el caso era para ellos” (cosas de la jurisdicción y de la desidia). Las informaciones se pasaban por correo ordinario, y tardaban unos quince días entre que se decidían a escribirlo y se recibía por el destinatario.
Mientras, la madre y su compañero sentimental cargaban las culpas al padre biológico de la niña, el cual reside en Huesca, y que también fue investigado. Mientras la pelota pasaba de unos a otros (tarde, mal y nunca) todos consideraban que la niña estaba bien con su madre y con el bicho que convivía.
Hablé con el padre de un niño que estuvo ingresado en la misma sala que Alba cuando, hace algo más de 1 mes, tuvo que ser tratada por la rotura de un brazo. El hombre contaba, enojado, el disgusto que le producía ver el trato que la madre de Alba dispensaba a la niña enferma: ni un mimo, ni un beso, ni una palabra de consuelo; antes bien constantes riñas y reconvenciones. Los servicios sociales emitieron informes acerca de lo bien que la niña estaba con su madre. Que Dios les perdone.
La madre, detenida junto a su pareja por la supuesta agresión por la que la niña está grave desde el 4 de marzo, quedó en libertad, aunque acusada de asesinato en grado de tentativa. Su pareja, Francisco Javier P., ingresó en la cárcel por ese delito. Mientras, el asunto pasó a otro juzgado (el tercero) de Cerdanyola. Reinterrogaron a la madre, la cual debió de incurrir en abundantes sinsentidos. El resultado: a la cárcel también. Dicen los médicos que Alba quedará con daños cerebrales a causa de la paliza.
Me parece bien la cárcel para la madre y el compañero sentimental (triste eufemismo para hablar del cabrón que se la tiraba). No les daría menos a los funcionarios indolentes, perezosos, pánfilos o negligentes (quizá todo a la vez) que se dedicaron a mandarse cartitas, y que dictaban la recomendación de estar la niña con la madre y su cabrón.
Y Alba despertó al fin. Su habitación estaba llena de peluches que personas concienciadas habían enviado al Hospital para Alba. El personal había ido dejando los muñecos alrededor de la cama de la niña, para que los viese al despertar. Alba, que nunca había tenido un peluche, los debió de mirar con curiosidad al abrir los ojos.
Posiblemente sonrió y sintió, por primera vez en su vida, algo parecido a la felicidad. Pero esta bella sensación se disipó apenas se dio cuenta de que no había muerto. No estaba en el cielo, sino en la misma tierra de siempre. Alba, de cinco años, ha vivido todo el catálogo de afrentas, abusos, vejaciones, golpes y suplicios que un ser humano es capaz de diseñar para martirizar a otro ser humano.
Como regalo suplementario sufrió la aplicación de penosos reglamentos administrativos que dilataron la resolución de su caso hasta que ya era demasiado tarde. A los amigos, el culo; a los enemigos por el culo, dicen que dijo Romanones. No hacía falta: a los enemigos se les aplican los reglamentos y disposiciones, y ya es suficiente faena. ¿Sabremos hacer que la vida de Alba tenga para ella algún atractivo?
Hay muchas buenas gentes que se ofrecen para cuidar de Alba cuando salga. ¿No podría algún torturador de Guantánamo ofrecerse para cuidar del monstruoso padrastro?
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