Dudas existenciales
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30 de octubre de 2006    |    2 Comentarios
Piercings y tatuajes

De cómo costumbres ancestrales y (casi) olvidadas se convierten en complementos de moda. Los tatuajes y piercing invaden anatomías de personas que, antropológicamente, uno no esperaría ver con ese tipo de galas. Vigilen , amigos míos. Los últimos párrafos contienen algunas incorrecciones, atisbos de perversión e (ineludiblemente) retazos de mal gusto y de palabra soez. La foto de arriba (del todo innecesaria) exhibe una de esas varillas curvadas  con denominación de origen: "Príncipe Alberto". No lo vayan a pedir (por error) en una coctelería.

Los aderezos corporales en forma de tatuajes o piezas ensartadas no eran bien vistos en nuestra sociedad hasta hace relativamente poco. Los tatuajes, bien que adornos ampliamente empleados en culturas de las que pomposamente llamamos primitivas, no eren bien vistos en nuestros ambientes más cultivados.

Los tatuajes se solían adscribir, para entendernos, a los marineros, entendiendo como tales a personas de estofas más bien menguadas, enroladas en barcos mercantes para realizar tareas manuales y, probablemente, en trance de huir de su destino o de la justicia.

Bien es verdad que los jóvenes burgueses amantes de la mar, o de una vida aventurera, solían tatuarse para revelar su atracción hacia la vida errante, siempre respaldada por una familia pudiente con posibilidades de acogida tras la experiencia parabólica de representar al hijo pródigo.

¿Las mujeres? Bien; gracias. Solamente barriobajeras, meretrices o piratesas incurrían en tatuajes. Algunas de ellas sin excesiva voluntad, al ser marcadas en forma infamante por la justicia, como forma festiva de sustituir el desorejamiento propio de los castigos a las coimas en épocas más represivas.

Las guarniciones engarzadas en la piel, o en algunos frenillos y ternillas, tenían casi un exclusivo ingrediente: el arcillo o pendiente colocado en la oreja. Algunos piratas (de preferencia borrachos) acomodaban en su tabique nasal similares aditamentos, pero tales piezas se tenían más como demostrativos de negritud y, por supuesto, de marginación, que como adornos galantes.

Algunas tribus africanas, maoríes, o de alguna de las innumerables islas indonesias, apreciaban enclavarse toda clase de artilugios punzantes en diversas zonas anatómicas, aún las más íntimas y, en apariencia, dolorosas. Tales modas han arrasado en nuestras comunidades, de forma que no es extraño ver a personas de una cierta calidad social presumiendo de tatuajes y espetones.

Ni decir tiene que los advenedizos, como siempre, son los primeros en apuntarse a la hecatombe. Futboleros, cantantes y deshechos manicomiales reciclados para “Gran Hermano” son elementos fácilmente expositores de toda clase de dibujos de mayor o menor gusto plasmados sobre sus pieles y pelajes.

En los ambientes carcelarios, los tatuajes son otra cosa. Nos informan acerca de la especialidad de cada cuál (asesino, ladrón, violador de monjas, etc.) y de la cantidad de condenas que se llevan a las espaldas. Son tatuajes monocolores, efectuados con agujas despuntadas y tintas ingeniosamente construidas a base de saliva, excrementos y desconchados de las paredes. Infecciones y SIDA garantizados.

¿Existen personas que tienen querencias eróticas hacia los tatuajes? ¿Creerá alguien que plasmando figuritas en los labios mayores, estos alcanzan las mejores cotas de la lujuria? ¿Es prudente grabar frases triunfales en el pene, “Viva mi dueño” por ejemplo?

La respuesta es que hay gente para todo. En los magacines pornográficos suelen abundar las niñas con pequeños detalles en las nalgas, o en lugares más arriesgados. También los hombres suelen desplegar generosos cipotes ilustrados con orgullosas inscripciones. Los fetichistas de tales artes deben de ponerse las botas ante sus decorados especímenes.

Los piercing parecen más comprometidos. Siempre se corre el riesgo de ensartarlos con una prótesis dental, pongamos por caso, o de tragárselos en un momento de desvarío. Aún así, dicen las castizas que un buen pene anillado proporciona sensaciones difíciles de remedar sin este tipo de ceñiduras.



26 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Recuperación de esquizofrenia y trastorno bipolar

Otro artículo (para mí) inocuo. Habrá de ser muy suspicaz (paranoico acaso) alguno de mis agradables detractores, para sentir la mosca detrás de la  oreja. De todas formas soy consciente de que hay gente para todo y personas que se indignan ante todo lo que no entienden (con lo que deben de indignarse mucho al cabo del día).

La mitad de los enfermos con trastornos mentales graves como la esquizofrenia o el trastorno bipolar pueden recuperarse y alcanzar una calidad de vida aceptable, según apuntó este jueves en Sevilla el profesor de la Universidad de Valencia y premio Aristóteles de investigación Rafael Tabarés.

http://www.panorama-actual.es/noticias/not210666.htm

En el marco del X Congreso Nacional de Psiquiatría, al que están asistiendo unos 2.000 especialistas del ramo, este experto destacó que en la actualidad se están acumulando "evidencias científicas respecto a la posibilidad de conseguir porcentajes del 50 por ciento de recuperación en la esquizofrenia y el trastorno bipolar, especialmente en el control de sus síntomas, en el funcionamiento psicosocial y en la calidad de vida".

Con todo, reconoció que "aún son pocas las investigaciones encaminadas a conocer los factores relacionados con el pronóstico y evolución de estas patologías". Además, lamentó que, frente a los avances en neurociencia, "se presta menos atención al progreso en los tratamientos, rehabilitación y cuidados comunitarios para estas personas".

Al hilo de ello, precisó que, aunque en la actualidad no existan fármacos que curen estos dos trastornos, "si hay medicamentos que en algunos casos son capaces de controlar eficazmente la sintomatología" de los mismos.

Me parece estupendo que aparezca otro psiquiatra, con buenas credenciales como hombre de ciencia, hablando de una elevada tasa de recuperación en trastornos mentales. En este caso se trata de trastorno bipolar y esquizofrenia, enfermedades que, hasta hace relativamente poco, se consideraban incurables e irrecuperables.

Incurables siguen siéndolo, pero disponemos ahora de buenas estrategias de tratamiento farmacológico que nos permiten superar los síntomas, y dejar al paciente en condiciones de poder desarrollar su vida de forma normal. En la esquizofrenia, los mejores hallazgos se han producido en los últimos 10 años. Los llamados antipsicóticos atípicos consiguen paliar los síntomas psicóticos (alucinaciones, delirios) y, algunos de ellos, mejoran también el deterioro que algunos de los enfermos sufren tras la fase de delirios. 

En el trastorno bipolar resultan muy interesantes también esos antipsicóticos atípicos, así como los nuevos estabilizantes que se han ido incorporando al arsenal terapéutico. Empleados a las dosis adecuadas (a veces muy altas en apariencia) logran mantener el equilibrio de los pacientes hasta porcentajes impensables hace solamente 20 años.

 El punto clave, en estos trastornos graves, es la “adherencia” al tratamiento. Los pacientes tienden a incumplir las instrucciones de sus médicos, especialmente cuando están en fases en las que pierden el contacto con la realidad. Ello hace que las dos terceras partes de los pacientes no tome la medicación adecuada, o la tome en forma distinta a la que le han recomendado.

Los medicamentos pueden ser muy buenos. Pero solamente el cumplimiento, que depende de que exista una buena relación médico – paciente, va a garantizar que se produzcan los efectos deseados. Son difíciles estos pacientes. Pero si el médico los tiene que atender con prisas, o sin percibir la necesidad de la acción pedagógica, van a ser más difíciles todavía, y quedarán condenados a la cronicidad y al deterioro.

O sea, demos bien los fármacos, y sepamos hablar con nuestros pacientes.



21 de octubre de 2006    |    1 Comentarios
Depresión. Hombres y mujeres. Tasa de curación.

No espero que este escrito despierte controversias. No empleo ironías ni metáforas chocantes. No digo palabrotas. Alabo a médicos distinguidos. Me meto (un poco) con la "mentalidad funcionarial" de algunos médicos, pero recuerdo que es el nombre que daba Lain Entralgo a cierto modo de actuar en las relaciones médico - enfermo. Finalmente digo que cualquier tiempo pasado no fue mejor, y que lo que ahora llaman estrés no es nada del otro mundo.

La noticia aparece, entre otros muchos lugares en Terra.

La frecuencia de la depresión en la mujer es 'bastante mayor' que en los hombres, con una relación de tres casos en mujeres por cada diagnóstico en varones, debido a causas hormonales, factores sociales y sesgos culturales, según resaltó hoy el doctor Javier García-Campayo del Servicio de Psiquiatría del Hospital Miguel Server de Zaragoza. Los cambios hormonales, 'como los experimentados por la mujer en la época fértil, hacen que ésta sufra más alteraciones y mayor vulnerabilidad para sufrir depresión'.

Respecto a los factores sociales, el doctor García-Campayo indicó que en las sociedades occidentales la mujer tiene que 'atender la actividad laboral, la actividad familiar, hijos, etc., porque no se ha repartido el trabajo con su pareja'. Según el experto, esto hace que la mujer 'esté sometida a muchas más presiones que el varón'. Finalmente, García-Campayo aseguró que la depresión tiene 'un buen tratamiento' tanto en hombres como en mujeres. Según el experto la depresión es una de las enfermedades que 'mejor tratamiento tiene y más del 90 por ciento de los casos tienen tratamientos exitosas'.

De toda esta noticia lo que más me ha impresionado es la cifra del 90% de curaciones que acreditan la gente de Psiquiatría en el Miguel Server. Vaya por delante que me la creo, porque es similar a la cifra que yo puedo ver en mi consulta. Muy lejos del 40-60% que dicen conseguir en la mayor parte de centros hospitalarios. El departamento de Psiquiatría del Hospital Miguel Server cuenta con excelentes profesionales. En general, en Zaragoza hallamos una tradición de buena psiquiatría que había empezado con el profesor Rey Ardid, y continuó con el prof. Seva y, actualmente, con el prof. Antonio Lobo.

¿Por qué no es frecuente que se llegue a esta bonita cifra del 90% de curaciones? Personalmente creo que es por desidia. Muchos profesionales actúan, como médicos, con la motivación que Laín Entralgo denominaba “funcionarial”, aplicando una lacra de otros tiempos en que los “funcionarios” solían ser unos paniaguados que iban a su trabajo, firmaban y se marchaban. Hacían lo mínimo (o menos todavía) que se les exigía para no echarles, y, en casos de “recomendados” las exigencias eran inexistentes. Un médico con motivación “funcionarial”, según Laín, es aquél que hace los mínimos obligados por su horario, cuidando de no hacer grandes barbaridades, de no correr riesgos y, a ser posible, pasar desapercibido. La comodidad máxima es tratar formalmente bien a los pacientes depresivos, pero inculcándoles la idea de que las depresiones son largas, difíciles de tratar y, muchas veces, incurables del todo. Con ello consiguen que los pacientes se conformen con los exiguos resultados y, a la larga, dejen de acudir a la consulta. Al médico de esta naturaleza le da igual. Cobra lo mismo a final de mes.

Trabajar en un paciente con depresión resistente implica correr riesgos. Los medicamentos potenciadores son más difíciles de manejar que los antidepresivos y tienen muchas interacciones farmacodinámicas. Las dosis altas de los antidepresivos son denostadas en los prospectos de los fármacos. Las horas de psicoterapia y explicaciones no se cobran. En suma, es más fácil decirle al paciente: “siga igual, con el tiempo mejorará“ u otras medias verdades que consigan el desánimo de los usuarios y su abandono del tratamiento.

Del incremento del estrés en la vida moderna como causa de más depresiones, no me lo acabo de creer. Mi opinión es que estrés es lo que pasaban nuestros antepasados de la edad de piedra, expuestos a los ataques animales, comiendo bayas, hierbas, quizá algún trozo de ratón o ardilla (si no se los quitaba un vecino más fuerte), pariendo con dolor y suciedad, durmiendo al raso o en incómodas cuevas, etc.

Lo que “sufrimos” nosotros es una auténtica juerga.



20 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Hamster por el recto

Esta historia es (per se) escabrosa. Tiene la ventaja de no ser cierta, aunque podría serlo. Ciertas historias son verosímiles aunque inciertas. Lo contrario también es verdad. Hablo de mitos urbanos, de homosexuales que se introducen cosas raras por el recto, de hamsters y gerbos, del pianista Liberace, de Rinaldo Pellegrini (médico forense italiano, autor de una genial "Sexuología"), de testículos de Jehová, y de mis reticencias ante el uso que, a los hamsters u otros animales similares, les den mis conocidos.

Corre estos días por Internet una noticia de un suceso, falsamente atribuida al periódico Los Angeles Times, acerca de una apasionada noche de amor entre dos homosexuales, con un extraño juego anal: introducir (a través de un tubo de cartón) un hamster en el recto, perderse este en la excursión, poner una cerilla para atraerle, deflagrar los gases intestinales, incendiarse el hamster que sale despedido por una segunda deflagración, romper la nariz del gay que oficiaba la introducción, incendiar las cortinas y, posteriormente, el nidito de amor.

Vean una descripción en:

http://kabolo.urbenalia.com/detalle.php?id=0479

Lo único nuevo de esta historia es la atribución a “Los Angeles Times”, periódico que jamás ha publicado nada semejante. La alegoría se explicaba, ya en los años cincuenta del siglo pasado, atribuida a Liberace, un pianista famoso en USA por esa época. No funcionaba con un hamster, sino con un gerbo (o jerbo) mamífero roedor norteafricano, del tamaño de una rata, con pelaje leonado por encima y blanco por debajo, miembros anteriores muy cortos, y excesivamente largos los posteriores, por lo cual, aunque de ordinario camina sobre las cuatro patas, salta mucho y con rapidez. 

Es verdad que algunos de los seres (homosexuales o no) que tienen placer con estas extrañas costumbres, gustan de introducirse adminículos, vegetales o (quizá) animales, además de pesarios, dedos, puños, penes u otras partes del cuerpo (que allí quepan) por el orificio anal. Pero creo que es más lo que se cuenta que lo que sucede en la realidad.

Hasta un cirio de iglesia (untado con santos óleos) circula por la mitología urbana (precisamente en el recto de un clérigo). Supongo que las introducciones no se realizan sin ton ni son, sino que son realizadas por gentes cuidadosas, que saben lo que se llevan entre manos (y se meten por el culo).

En la curiosa (y monumental) obra del Profesor Rinaldo Pellegrini, Sexuología, se citam bastantes casos estudiados por la medicina legal acerca de objetos curiosos empleados para solazar anos y, en un descuido, absorbidos por retambufa hasta límites inalcanzables sin la ayuda de quirúrgicos instrumentales. Les paso la web de “Iberlibro” donde los interesados encontrarán los cuatro últimos ejemplares de esta recomendable obra, que todavía pueden encontrarse en librerías de lance:

http://www.iberlibro.com

Lo que más me agrada de esta nueva versión de la historia es el grito (“¡Armagedon”! ) que el receptor del hamster lanza cuando considera satisfechos sus (proctológicos) apetitos. Tiene resonancias apocalípticas. Quizá sea empleado como grito orgásmico por algunos testigos de Jehová, aunque ignoro si esta curiosa religión recomienda (quiero creer que no) tamañas intemperancias ni traseras introducciones a sus respetables (vendedores de libros) miembros.

No he visto la historia reproducida en ningún periódico español, aunque sí fue leída y comentada en un programa de radio, en la Cadena Dial (creo que del grupo PRISA). Los locutores la dieron con grandes dificultades a causa de los ataques de risa que les venían, in crescendo, conforme las explosiones iban incendiando cada vez más cosas.

Posteriormente RAC1, la emisora del grupo “La Vanguardia” reveló la realidad del viejo mito, tan repetido como el de las niñas desaparecidas en probadores de lencería, o el fantasma autoestopista en forma de bella mujer avisando que la próxima curva es un punto negro de la carretera (donde ella misma había fallecido). Temo que algunos homosexuales crédulos se embarquen en tan poco recomendable actividad tras haber leído acerca de la quimera.

Miraré con suspicacia a mis amigos que, a partir de ahora, se compren un hamster (para los niños, dicen; no sé qué es peor).



18 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
El judío lúbrico

Nota previa

Este artículo habla de judíos, presidentes de una nación, acoso sexual en el trabajo, cigarros habanos ungidos con (quizá apetitosas) secreciones vaginales, violaciones de secretarias, curiosidades bíblicas, escribas y (posiblemente) fariseos. Quienes, a pesar de todo, sigan leyendo, deben saber a qué se exponen si no tienen a mano un frasco de agua bendita y el mejor de los devocionarios romanos.

Es de una gravedad extrema la frivolidad del presidente de Israel, de la que hablan las investigaciones en términos de «evidencias suficientes». Sin esa gravedad, sería carne de sainete sudadito. Escuchas ilegales, intentos de soborno, acosos sexuales a una decena de subordinadas, dos violaciones y la malversación de miles de dólares de dinero público para comprar regalos con los que agasajaba a los familiares de su esposa Gila, y a sus amigos, cuajan el informe que, fruto de tres meses de averiguaciones, la Policía presentó el domingo al fiscal del Estado, Menachem Mazuz, para recomendar el procesamiento de Moshe Katzav.

La secretaria del dirigente de 61 años (el dirigente, la secretaria es mucho más joven) casado, padre de cinco hijos y veterano del derechista Likud hasta su ascenso a la Presidencia en 2000, explicó que el Sr. Presidente la toqueteaba, le tentaba las tetas y (aquí te pillo aquí te mato) fue violada tres veces por él. Como las tres negaciones de Pedro, vieja costumbre judía. También la chantajeaba con despedirla si no accedía. La nena, en cuestión, pasó el detector de mentiras tras presentar su denuncia. Cuando era ministro de turismo ya se habría agenciado a una empleada de menor entidad, a la que también habría violado y amenazado.

De momento hemos de creer en la presunción de inocencia (del señor Presidente, no de la secretaria). A Clinton le costó reconocer que se había beneficiado a la becaria, y eso que él tenía excusa. Una becaria que, como presentación, se levanta la falda y dice “Mire Sr. Presidente, no llevo bragas y estoy toda mojada pensando en usted”, creo que tentaría al mismo San José, cuya castidad proverbial no acreditaba Clinton.

El carcamal judío no ha mantenido las impecables formas del americano ni, nos tememos, aportará iconos eróticos tales como los cigarros habanos humedecidos en jugo vaginal mientras se fumaban. Hace más de 30 años que dejé de fumar, habanos y lo que sea. Pero, tras lo de Clinton, debí poner gran empeño para no caer de nuevo en el vicio, aderezado el placer del habano con una untadita (quizá un chupito) de tan venerables licores. Pero esto es otra historia.

Volvamos a Katzav. Los diputados del parlamento amenazaron con no aplaudir, si siquiera ponerse de pie, cuanto el presidente entrara en la sala. Ante tal peligro, el venerable humillado, decidió no acudir. La culposa ausencia sólo puede leerse como el primer paso de su renuncia al cargo, indispensable para dar comienzo a los juicios que todos dan por inevitables, aunque, sobre todo, necesaria para no perjudicar aún más la imagen de la institución que preside.

Por los hechos comentados, Katzav se enfrentaría a una pena de entre 3 y 16 años de cárcel. El catálogo de los presuntos delitos del jefe del Estado de Israel incluye diferentes ofensas de índole sexual contra otras cinco mujeres; escuchas ilegales al personal de la misma residencia en las que podría estar involucrado también el director general de la Casa, Moshe Goral; obstrucción a la Justicia, y acoso a testigos.

Repito lo de la presunción de inocencia. Ya informaremos conforme vayan avanzando las investigaciones. No dejo de pensar que nada es nuevo en Israel. La Sagrada Biblia abunda en temas escabrosos. Lot y sus hijas, David y su esclava virgen, Onan y su cuñada (y las arenas del desierto) Ruth y Noemí, Abrahan y Agar… constituyen una serie de elementos indecorosos para ejemplo (y solaz) del pueblo judío.

Si los escribas, con el tiempo, no se hubieran dormido en los laureles, es probable que la continuación de los libros sagrados deparara un interesante tomo con los reyes judíos actuales. El "Libro de los Presidentes", podría llamarse. Si no escándalos sexuales, compadrazgos y tapujos no iban a faltar. Solo con Golda Meir y Menahen Begin, quedaríamos saturados.

Katzav, el (presunto) lascivo, pondría el aderezo picante.



17 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Madre ebria y un poco salvaje

Detenida por golpear a su bebé e intentar que fuera atropellado. El bebé, de un año de edad, ha quedado ingresado en el Hospital de Basurto, aunque no sufre heridas de gravedad. El propio centro se ha hecho con la custodia del niño, a la espera de lo que decida el juez. La Ertzaintza ha detenido en Bilbao a una la madre, de 33 años, acusada de arrastrar, golpear y dar patadas en plena calle a su hijo de tan sólo un año.

http://www.elcorreodigital.com/alava/prensa/20061016/portada_ala/madre-detenida-bilbao-maltratar_20061016.html

Según declaraciones de un testigo, la mujer intentó en repetidas veces que el carrito donde llevaba a su bebé fuera atropellado por los vehículos que circulaban por un paso de peatones. Al no conseguirlo, volcó el carrito con el menor que cayó al suelo golpeándose la cabeza. Todo ocurría sobre las 01:00 horas del sábado en una calle cercana al Ayuntamiento bilbaíno.

La mujer, alertada por los reproches de los viandantes, intentó abandonar el lugar en un taxi. La Ertzaintza tomó declaración a los testigos y rastrearon la zona en busca del vehículo en el que la mujer se había marchado. Lo encontraron en Otxarkoaga, lugar en el que reside la detenida. Los agentes comprobaron que la mujer estaba ebria y que el niño lloraba sin cesar. Tenía señales de haber recibido golpes en la cara y la ropa desgarrada. La agresora tuvo que ser también trasladada a la sección de Psiquiatría del mismo hospital, y ayer mismo prestó declaración ante el juez.

No estaría tan ebria como para no darse cuenta de que estaba obrando mal, y que lo mejor era poner tierra de por medio pillando un taxi. En Barcelona, donde encontrar un taxi de noche es tarea de titanes, no le habría sido tan fácil escapar, y es probable que los noctámbulos que avizoraban el proceso hubiesen acabado por descalabrarla. Algunos estarían también a dos velas, aunque la una de la madrugada es hora ciertamente temprana para la juventud que, a esa hora, queda para quedar.

 El Supremo, en sus sentencias, acostumbra a ceñirse a una jurisprudencia harto pragmática: si el presunto pirado (psicópata, ebrio, drogado, etc.) ha intentado huir o encubrir su delito, es que comprendía que estaba obrando mal y, por eso, intentaba escaquearse. Si era capaz de entender lo que es el mal, se supone que no le cabrán dudas insalvables acerca de que el mal es algo distinto del bien. Por lo tanto, le quedaba caletre suficiente como para discernir el alcance de sus actos. Culpable y responsable.

La madre de Basurto lo tendrá mal alegando alcoholismo. Bien es verdad que viene a resultar una eximente (excepto si vas en coche, que es una agravante) pero no es menos cierto que su acto de huida le resta discapacidad a la hora de juzgar que atizándole al niño y tirándole bajo un coche circulante obraba de acuerdo con los cánones del amor maternofilial.

Al menos el niño no sufrirá el complejo de Edipo, salvo que (con fijación en la fase anal) empiece a mostrar querencias masoquistas en sus relaciones tempranas.



16 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Mi primera muerte

En 1994, pocos días después del fallecimiento de uno de mis maestros, el Dr. Santiago Montserrat Esteve, me llamó José M. Costa Molinari (entonces catedràtico de la UAB) para invitarme a participar en una sesión necrológica en la Academia de Ciencias Médicas. Acepté con tristeza, por la muerte del "jefe" pero también con ilusión por tomar parte een el acto.

Pues bien, estoy seguro que de todos los llamados debí de ser el único que faltó. Por la sencilla razón de que no me confirmaron la fecha, en la seguridad de que la conocería por las comunicaciones y/o las publicaciones de la Academia. Pero no recibí ningún aviso o comunicado, porque, para la Academia, yo no existo desde 1980.

Ese año se había publicado mi esquela mortuoria en la revista “Anales de Medicina”, editada por la docta institución. Nada del otro mundo, no vayáis a creer. Una simple línea en una lista de “Socios fallecidos el pasado año”. Tras tranquilizar a los dos lectores de la revista que, conociéndome, se apresuraron a llamar a mi casa para darme el pésame, acudí a la sede de la entidad para deshacer el entuerto.

Pero allí topé con designios que parecían diseñados por adoradores de Satanás. Los administrativos que obraban en el mostrador de la institución, tras consultar los pertinentes ficheros e intercambiar entre ellos miradas de intranquilidad, adujeron muy sombríamente que nada podían hacer, pues, según sus anotaciones, el tal Dr. Romeu estaba muerto. Les aseguré que debía tratarse de un error, lo que no acababan de ver muy claro. Aún más, me dijeron que la revista que anunciaba de mi óbito era la última que habría recibido, porque, a todos los efectos, el Dr. Romeu estaba dado de baja en la casa. Me quedé parcialmente tranquilo pues (¡soy catalán!) supuse que -al menos- dejarían de pasarme el correspondiente recibo.

Aún así, expresé mi interés por continuar dado de alta en las secciones correspondientes a las que estaba adscrito desde el mismo día en que me licencié como médico. Ante mi insistencia en ser dado nuevamente de alta, y tras consultar herméticos textos, propusieron una solución que debieron de suponer inteligente: si tan seguro estaba de estar vivo, y dado que estaba de baja en la Academia, debería solicitar nuevamente la inscripción, aportando la firma de dos socios y tres fotografías tamaño carnet. Tuvieron la prudencia de no pedirme una fe de vida, aunque sospecho que se morían de ganas.

Comprendí el valor de la primera frase del Scaramouche. “Nació con el don de la risa, y con la impresión de que el mundo estaba loco.” Pero, hombre respetuoso como era, presenté a los pocos días mi solicitud, con todos los requisitos.

Silencio administrativo.

Cuando volví a la hermandad en busca de noticias, los subalternos, tras consultar sus notas, me informaron con cierta dureza que si no estaba de alta era por razones importantes (nada de pequeñeces: estaba muerto), y que no habían hallado en los estatutos motivo alguno para reinscribirme. Me marché tras decirles cuatro frescas (primer error) y envié una carta a la Academia en tono de choteo (segundo error), en la que exigía la rectificación de mi inclusión en la lúgubre nómina. Proponía alternativas por si tan doloroso les resultaba aceptar un error. En caso de contumacia, les sugería publicar un panegírico como Dios manda, de esos en que el difunto es ensalzado por todo lo alto, por mal bicho que haya sido. También hubiera aceptado como pertinente la publicación de mi natalicio en una próxima edición de la revista, o, a modo de iluminismo, mi imprevista resurrección.

Más silencio administrativo.

Nunca he sido readmitido en la institución, lo que, de todas formas, debe ser aplaudido, habida cuenta del contrasentido que supondría inflar la gaita inscribiendo difuntos. Es por ello que, desde entonces, frecuento más el Limbo de los Justos que la Academia. Ello debe de ser la causa de mis ignorancias, dislates y travesuras.

Y de que faltara a la necrológica de Montserrat. Como sea que la necrológica de Montserrat ya la había preparado, no me abstendré de colocarla aquí. El tema que había decidido elegir era: “Montserrat y el sentido del humor”. Estoy seguro de que los más de quienes le conocían pensaban que era un hombre grave, áspero y permanentemente serio. Pero, en momentos de distensión, y en “petit comité”, era muy capaz de sorprender por su agudeza y su fina ironía. Ha seleccionado únicamente una anécdota:

En la década de los setenta acudimos a un congreso de Psiquiatría, en cierta ciudad española, Valladolid por más señas. Con mi esposa Helena, Costa Molinari y Santiago Montserrat, nos desplazábamos en coche, tanto a las sesiones de trabajo como a los actos sociales. Uno de ellos consistió en un concierto nocturno de dulzaina en Peñafiel, una villa famosa, entre otras maravillas, por su plaza porticada.

A la hora en punto nos encerraron en la plaza. Y digo “encerraron” porque fue así. Nos tuvieron una hora esperando, de pie, y con la temperatura progresivamente descendiente. Esperábamos al Sr. Alcalde, que debía darnos la bienvenida antes del concierto. Las puertas porticadas nos las cerraron a cal y canto, no fuera a desertar alguien, lo que habría sido un desaire al ilustrísimo y retrasado munícipe.

Cuando llegó el regidor, nos entretuvo con un airoso y dilatado discurso acerca de los portentos del lugar. Recuerdo que citó la belleza del pueblo, lamentando que, al ser de noche, no se veía. También nos habló del castillo, lamentando que, al taparlo las murallas de la plaza, tampoco se veía. Mencionó también que, en el lugar, solían flotar los espíritus de no se qué infantes medievales, que tampoco se veían (no fuera a darle un pasmo a alguien). Por último, presentó al artista de la dulzaina, entre cuyos méritos incluyó el hecho de que no veía nada de nada, pues era ciego, y que nos deleitaría con las más escogidas piezas del acerbo folcklórico medieval.

Y en estas, los ateridos supervivientes pudimos ver y escuchar al instrumentista ciego, que entraba en la plaza y subía al estrado marcando el paso, al tiempo que interpretaba con gran ritmo la canción “Coronel Bogey”, la silbante marcha de la película “El puente sobre el río Kwai”. Miré a Montserrat, acurrucado en el quicio de una puerta, que observaba con perplejidad el espectáculo.

Mi carga de furia contenida se reflejó en un comentario jocoso: “Jefe  -le dije- esto más que un acto social es un acto sexual. Nos están tocando los cojones.” Ya estaba dicho. Pensé que había metido la pata y recé mentalmente para que el tiempo volviera atrás. Pero Montserrat, después de obsequiarme con la más penetrante de sus miradas, me tranquilizó con un ademán de su mano. Miró sonriendo a Helena, y respondió: “Y si usted me lo permite, señora, todavía peor: con las manos frías y mal tocados”.

Descanse en paz, jefe. Espero que allí donde esté impere la templanza (de manos y de la otra). Imagino que Aristóteles y Newton le recibirían con alegría para ver si, entre los tres, descifraban las verdades últimas de la última verdad, o del primer motor (primum movens)... qué sé yo.



12 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Congresista dudoso
 

Muchas de las cosas que comento bajo el epígrafe de "parodia" y "nonsense" son "parodias" y "nonsense" per se. Bien es verdad que mi malévola parte oscura se ensaña con las situaciones reduciéndolas al absurdo y a lo grotesco, pero no es menos cierto que la realidad, por ella misma, no es que supere a la ficción, es que es más inverosímil y menos real que la ficción.

Aviso para navegantes: en este escrito hablo de políticos, de pederastia, de catolicismo, de los irlandeses, de los republicanos americanos, de Clinton y su rechoncha becaria, de dermatólogos (quizá) bien dotados y de regresos piadosos al punto de origen. Si siguen leyendo, ya saben a qué se exponen.

La noticia saltó a la prensa:

http://actualidad.terra.es/nacional/articulo/ex_foley_becario_asegura_tuvo_1130717.htm

Un ex becario de la Cámara de Representantes de EE.UU. aseguró que mantuvo relaciones sexuales con un ex legislador republicano, quien renunció al divulgarse que intercambiaba mensajes libidinosos con esos jóvenes, informó el diario Los Angeles Times. El ex becario, que el rotativo no identifica, dijo que mantuvo relaciones con el ex legislador Mark Foley después de que éste le envió mensajes electrónicos de contenido sexual. Añadió que sus relaciones amorosas con Foley comenzaron en el otoño de 2000, cuando ya había cumplido los 21 años y había terminado el programa de becarios en el Capitolio. En la foto de arriba, el congresista loca.

Este Foley es un figura. Nacido en 1954, es congresista republicano, por Florida, desde 1995. Durante estos 11 años ha debido aguantar rumores y sospechas acerca de su orientación sexual gay, que, hasta ahora, nunca había reconocido. Nada a objetar por mi parte. Cada cual puede elegir el armario donde desea tomar el sol. Pero creo también, que un personaje público, no debe disimular acerca de una serie de cosas que, al menos en América, tienden a formar parte de los valores exigibles a un Congresista republicano.

Foley (palabra irlandesa en lengua gaélica que significa “cuatrero” o “ladrón de ganado”) era, además de gay (y un poco pederasta) católico. Mala gente (los pederastas y los cuatreros; no necesariamente los gays ni los católicos). Solterón empedernido, se le conocía una “amistad” muy estrecha con un amigo suyo, dermatólogo, el Dr. Layne Nisenbaum ,de una palabra alemana corrompida, probablemente eisenbaum, que significa “buen árbol” (quizá buena tranca) pero no fue hasta 2006 cuando su abogado admitió que, para salir a bailar, prefería un dermatólogo varón a una miss mundo. También admitió el abogado que Foley era alcohólico, que cuando estaba trompa no se fijaba demasiado en el sexo ni en la edad de los becarios, y que, si estaba así de tarado, era porque había sido abusado sexualmente por un sacerdote cuando tenía 16 años.

Los republicanos están que bufan. No solamente se les coló un católico de nombre irlandés, hijo de un jugador de béisbol, sino que se trataba de un bujarrón borracho y acosador de “chicos monos” adolescentes que cobraban dinero público para “aprender” (quizá para "entender") haciendo de "asistentes para todo" al servicio de los señores Congresistas.

Se ve que Foley detectaba a los que parecían un poco locatis y les mandaba mensajes libidinosos. Los erróneamente acosados, pensarían que era una broma de otro becario, o temerían ser despedidos si se chivaban. Los certeramente diagnosticados, acabarían devotamente arrodillados entre las piernas del congresista, que, de acuerdo con lo mandado en las obras de misericordia, daba (gustosamente) de comer al hambriento.

Uno de los niños becarios (no tan niño) ha explicado las guarradas que intercambiaba con Foley, y los apasionados encuentros, suponemos que debajo de la mesa del despacho congresual. Si el demócrata Clinton se lo hacía con la becaria bajo la mesa del despacho oval, no iba a ser menos el congresista republicano. Foley se ha retirado a un centro de deshabituación para alcohólicos. Debe de ser el equivalente a retirarse a un convento, que el Vaticano recomienda para los curas pederastas. En Boston, donde Foley creció, parece que abundaban tales especímenes. Los niños (o ex niños) abusados, no los internan en conventos (con excelente criterio) sino que los mandan al psiquiatra.

Los jerarcas republicanos están también pidiendo hora a sus psiquiatras de manera alborotada. Foley, como buen miembro de su partido, predicaba el amor a la pena de muerte, la muerte al aborto, la persecución de la pornografía y la salvación de la infancia. Era el presidente de la comisión del Congreso que se ocupaba de la defensa de los niños para apartarles de las redes dedicadas a la pederastia y a la pornografía infantil.

Lo malo es que los apartaba, y se los quedaba para su uso personal. O algo así.

                              



11 de octubre de 2006    |    4 Comentarios
Estoy en el lugar adecuado

Ya veo que estoy en un buen lugar. Tras diez años de conexión a Internet y manejando tres páginas web, al fin tengo un blog donde puedo contar las cosas que tienen poca cabida en otras partes.

Además, voy viendo que se trata de un lugar donde encuentro buenas personas que se preocupan por mis modales, y que, con impecables insultos, van a enseñarme (aunque no con el ejemplo, faltaría más) buenas maneras.

Veré de cuidar mi lenguaje. Ya me he comprado un diccionario de ñoñismos para aprender a decir "minina", "pirulina", "cosita", "patatita", etc. en lugar de mencionar "chorra" o "chocho" que podrían ofender las castas y consideradas meninges de mis potenciales lectores bienpensantes, bienhablados y de piel fina. Como que la cabra tira al monte, no garantizo que, en mis escritos, se cuelen algunas expresiones capaces de despertar la ira de quienes gustan de despertar su ira por estas tonterías.

Si se trata de un problema ético religioso, sugiero que mis artículos sean leídos únicamente (para no correr peligros y tentaciones) por personas con la conciencia bien formada, a poder ser arzobispos.

No me hago responsable de lo que piensen (que tienen todo el derecho) quienes, sin esa condición, se arriesguen a acceder a mis ironías. Muy especialmente pueden sufrir aquellas personas para quienes la ironía es un recado del infierno, o quienes, con abstrusa literalidad en sus cualidades comprensivas, se desesperan ante figuras de significación, especialmente los tropos de sentencia por oposición, o por reflexión.

Viendo que estoy entre amigos en serie, voy a crear nuevas carpetas donde exponer lances vitales, mi manera de entender la psiquiatría, mi manera de entender la sexología clínica, y mis (para mí divertidas) maneras de afrontar lo que me queda de vida.

Para que nadie se llame a engaño, daré unas coordenadas vitales:

Varón, blanco, heterosexual, nacido en 1946. Doctor en Medicina, especialista en Neurología y en Psiquiatría. Bautizado (aunque, ¡ay! excomulgado, con papeles,  en 2001). Casado desde hace 34 años con la misma (para mí divertidísima) mujer. Una hija de 27 y un hijo de 20. Socio del Barça. Ex de casi todo (jefaturas de servicio, universidades...) Trabajo por mi cuenta. Creo en Dios (un cachondo), más en la fe que en la gracia,  y cada semana me reúno con amigos teólogos para hablar acerca de San Agustín y Guillermo de Occam (entre otras cosas divinas y humanas). Tengo la navaja de Occam y la uso cada día. Voy (con mi mujer) a todas las bodas de gays y lesbianas que nos invitan (que son muchas) pues trato y asesoro a muchos miembros de la coordinadora gay-lesbiana-bisexual, que se parten de risa con mis paridas a propósito de gays etc. (mucho menos crueles que las que se dicen entre ellos). Soy miembro honorífico de dos clubes de sado-maso (actividad que personalmente me es indiferente, pero que encuentro apasionante de estudiar) y sus practicantes tienen la amabilidad de contarme sus pensamientos y experiencias (mi mujer adora a uno de ellos que, por afición, cría tortugas de Carolina). Tenemos tres perros boxer, una tortuga de Carolina y millones de hormigas; tampoco practicamos la zoofilia aunque queremos mucho a los perros y a la tortuga.  Excelente mala salud. Espero morir sin demasiado dolor. Si me tuviera que morir en una hora haría como San Aloisio Gonzaga (otro cachondo) o sea, acabaría lo que estoy haciendo. Mi epitafio será: “Nenas, nos veremos el día de la resurrección de la carne”.



10 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Cambio de nombre para la esquizofrenia

Expertos en salud mental instaron el lunes a que se descarte el uso del término "esquizofrenia" al argumentar que no tiene validez científica y que provoca estigmatización. "Es un concepto dañino," manifestó el profesor de Psiquiatría Social Marius Romme, de la University of Central England en Birmingham.Romme añadió que los síntomas como los delirios, la escucha de voces y las alucinaciones no son resultado de la enfermedad pero que podrían ser reacciones a eventos traumáticos y complicados de la vida. Durante una conferencia de prensa, Richard Bentall, profesor de Psicología Clínica de la University of Manchester, expresó que el concepto esquizofrenia carece de sentido científico. "Agrupa a un rango de problemas diversos sobre una misma etiqueta. La presunción es que todas las personas con estos problemas diferentes tienen la misma enfermedad cerebral," añadió Bentall. La esquizofrenia afecta a un 1 por ciento de las personas que viven en Estados Unidos y Gran Bretaña.

http://lta.today.reuters.com/news/newsArticle.aspx?type=worldNews&storyID=2006-10-09T185101Z_01_N09501399_RTRIDST_0_INTERNACIONAL-SALUD-MENTAL-ESQUIZOFRENIA-SOL.XML

La psiquiatría británica, a veces, navega por aguas contaminadas. Los valedores de las teorías psicogenéticas o sociogenéticas de la esquizofrenia siguen haciendo cuña. La idea acerca de que, en vez de “esquizofrenia” deberíamos hablar de “esquizofrenias” no es nada nuevo. Seguramente es una buena idea, pero no se han producido los avances necesarios que permitan deslindar y clasificar, de un modo operativo, los distintos “síndromes” que constituyen el total de lo que ahora llamamos esquizofrenia.

No creáis que los psiquiatras científicos nos limitamos a hablar de “esquizofrenia”. En el DSM (Diagnostic and statistic manual) se consideran cinco subtipos, cada uno de ellos con siete especificaciones, 10 criterios diagnósticos, nueve especificaciones de curso (general) y siete especificaciones de curso particular para cada subtipo. Además en el capítulo “Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos” consta el trastorno esquizofreniforme, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno delirante (con siete subtipos), el trastorno psicótico breve (con tres especificaciones), el trastorno psicótico debido a enfermedad médica (dos subtipos) y el trastorno psicótico inducido por sustancias (con 20 especificaciones).

O sea, que, en total, se pueden hacer 2484 diagnósticos distintos. Un problema importante es que los británicos nunca han acabado de digerir el DSM americano, que sirve para normalizar la manera de hablar acerca de las enfermedades mentales y delimita qué se debe anotar de una determinada forma y no de otra. Quizá muchos de ellos no lo digieren, porque ni siquiera lo han deglutido. Parece fácil pero, en realidad, exige tiempo, paciencia y estudio, llegar a dominarlo.

Los “expertos ingleses” dicen obviedades tales como: “Los tratamientos como los típicos medicamentos antipsicóticos se focalizan en la eliminación de los síntomas. Sin embargo, esa medicación puede causar efectos colaterales como aumento de peso, riesgo elevado de diabetes y disfunción sexual”. Esta gente no debe de conocer el principio del “doble efecto” que indica que si el efecto “bueno” de un fármaco supera ampliamente al efecto “malo” y no hay otras alternativas, no hay más remedio que apechugar. Los castizos decimos “de jodidos, al río”.

Paul Hammersley de la University of Manchester, quien recientemente colaboró en el lanzamiento de la Campaña para la Abolición de la Etiqueta Esquizofrenia (CASL por su sigla en inglés), dijo que no existe acuerdo sobre la causa de la dolencia y su tratamiento. Otra obviedad. Es como decir “hay acuerdo en considerar que, después del día, viene la noche”. Y esperar que te aplaudan.

CASL argumenta que el término esquizofrenia es extremadamente perjudicial para aquellos pacientes que se considera que padecen esa enfermedad. "Es como cancelar la vida de alguien," expresó Hammersley. Otros especialistas coinciden en que esquizofrenia es un término poco satisfactorio que comunica extrañeza, aunque están preocupados porque desechar el concepto podría conducir a muchos problemas en lo que respecta a la clasificación de pacientes con psicosis.

 "Si no tenemos un modo de distinguir a los pacientes, entonces aquellos con trastorno bipolar u obsesivo serían mezclados con aquellos diagnosticados actualmente con esquizofrenia y podrían recibir tratamientos completamente inapropiados," consideró Robin Murray, profesor de Psiquiatría del Instituto de Psiquiatría de Londres. Murray sugirió reemplazar el término esquizofrenia por la expresión "desorden de desregulación de la dopamina," que cree que refleja de manera más precisa lo que sucede en el cerebro de una persona psicótica.

Oiga, joven, los confundirá usted que no debe de saber mucha psicopatología. Ni parece tener mucho arte en la relación médico-paciente. Decirle a una persona con alucinaciones y delirios: “tiene usted un desorden de desregulación de la dopamina” resulta confusa jerga pseudocientífica, y puede sentarle bastante mal.

Es como llamar “sujetos bronceados idiosincrásicos por mutación genética adaptativa” a los negros, “seres de crecimiento restringido” a los enanos, y “restos de reciclaje ecológico” a la basura. Es como se hace en Gran Bretaña. Pero no por eso los enanos son menos enanos, los negros menos negros y la basura menos basura.



6 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Calificaciones sexuales
 

¿Cómo definimos el sexo de una persona? ¿Hombre – mujer? ¿Heterosexual – homosexual – bisexual? ¿Son iguales, en cuanto a conducta sexual, todos los hombres? ¿O todos los homosexuales? La realidad es más compleja. Las dicotomías polarizadas, hombre – mujer, por ejemplo, tienden a ser muy claras, pero plantean problemas en casos ambiguos. ¿Cómo calificamos a una persona que padece un pseudohermafroditismo y cuyos genitales son totalmente imprecisos y dudosos a simple vista?

Clasificaciones más amplias (homo – hetero o bi) añaden diversidad, pero suelen concernir, únicamente, a una de las cualidades del sexo; en este caso, a la orientación. Homosexual es quien orienta sus seducciones hacia personas del mismo sexo. Pero no todos los homos se comportan del mismo modo ni perciben similares formas de identidad. En realidad, debemos acudir a una calificación multiaxial. He aquí mi contribución a esta distribución en ejes:

Eje I

Sexo cromosómico (genotipo) Se refiere al sexo que viene escrito en el cromosoma sexual humano. Consta de dos factores cromosómicos posibles, el X (femenino) y el Y (masculino). El cromosoma sexual es de dos tipos posibles: Tipo XX, dando lugar a una mujer. Tipo XY, ando lugar a un hombre. Aunque hay otros tipos posibles, a causa de enfermedades cromosómicas: · Tipo XXY, dando lugar al trastorno llamado síndrome de Klinefelter · Tipo XYY, síndrome de hipermasculinismo. En principio, un análisis de los cromosomas aclara perfectamente el sexo cromosómico de las personas.

Eje II

Sexo aparente (fenotipo) Corresponde a “lo que se ve”, a la apariencia sexual de las personas. Distinguimos si alguien es hombre o mujer, observando los caracteres sexuales primarios (o sea, los genitales) y los caracteres secundarios (pechos, distribución de la grasa, tamaño de los huesos, etc:) En el pseudohermafroditismo la forma de los genitales es muy ambigua. Es una enfermedad con diversas causas, y que puede dar lugar a confusiones, especialmente en medios de bajo nivel cultural. Un niño, con los genitales ambiguos, puede ser educado como niña, o viceversa.

A veces las alteraciones son muy claras, pero, otras veces, puede resultar mayor confusión, semejando el pene un clítoris grande y llevando a la idea de que el sujeto es una niña.

Eje III

Identidad . La identidad se refiere a lo que la persona siente como propio. Un hombre suele sentirse hombre, y una mujer se siente mujer. Pero existen trastornos de la identidad, que ya pueden aparecer en la infancia. En este trastorno, el niño siente un agudo y persistente malestar acerca de su propio sexo, junto a un ferviente deseo de ser del otro sexo, llegando a afirmar repetidamente que se pertenece a él. No se trata de un simple cambio de hábitos o conductas (como sería un afeminamiento en varones o una conducta de marimacho en niñas) sino de la alteración profunda del sentimiento de ser hombre o de ser mujer. Las estereotipias de conducta luciendo patrones propios del sexo opuesto serían en este caso un síntoma acompañante.

Los criterios diagnósticos son, para las hembras: Malestar persistente por el hecho de ser una niña, y deseo manifiesto de ser un niño (o aseveración de que ella es un niño); aversión a conductas y hábitos propios del estereotipo femenino; rechazo de las estructuras anatómicas femeninas (aseverar que tiene, o espera el crecimiento de un pene, negarse a orinar sentada, afirmación de que ella no desea que le crezcan los pechos ni tener la menstruación).

Para varones: malestar persistente por ser un niño, deseo de ser una niña y/o manifestación de que es una niña; preferencia por estereotipos de conducta femenina (vestidos, juegos, pasatiempos); rechazo de las estructuras anatómicas masculinas (aseverar que al crecer se convertirá en mujer, que desea la pérdida de su pene y testículos, o que sería mejor no tener testículos). Tanto para niños como para niñas es válido el criterio de aparecer el trastorno antes de la pubertad. Es probable que, para estos problemas, actúen como factores predisponentes unas condiciones ambientales que no han reforzado suficientemente los papeles masculino o femenino correspondientes. Ya sea por ausencia de algún progenitor o por excesiva ligazón al del sexo opuesto, ya sea por una política de débil reforzamiento de las pautas de conducta correspondientes al sexo anatómico real. Una vez alcanzada la pubertad, el trastorno de identidad sexual pasa a convertirse en tranxesualismo, que -junto a la inadecuación por el propio sexo anatómico real, comporta una preocupación sobre cómo deshacerse de las características primarias y secundarias sexuales del otro sexo.

Se relaciona este problema con el trastorno de identidad sexual prepuberal y, sea como sea, tiende a producirse (aunque no es condición necesaria) en el contexto de una relación familiar alterada. Los varones, a la larga, pueden buscar ayuda en las clínicas especializadas en la resolución quirúrgica de estos problemas, aunque también las mujeres -en menor proporción- pueden hacerlo. Es prudente subdividir este trastorno en relación a la orientación sexual del individuo: asexual, heterosexual u homosexual (que de todo hay).

Curiosamente la percepción "homosexual" es negada por muchos de esos sujetos, que dicen sentirse atraídos "por el otro sexo", al cual niegan su pertenencia por más que los elementos anatómicos y cromosómicos tengan algo que decir. Existe un trastorno de identidad que corresponde al transvestismo no fetichista. El sujeto siente el malestar propio de los trastornos por identidad sexual, no llega a tener la preocupación acerca de cómo eliminar los detalles anatómicos que considera sobreañadidos, pero se transviste en forma recurrente o persistente (y no con la finalidad de hallar placer o excitación, como en el caso de los fetichistas). También estos casos se subdividen en homosexuales, asexuales y heterosexuales, con las mismas complicaciones semánticas ("todo es según del color...") antes advertidas.

Eje IV

Orientación. Se refiere a la inclinación amorosa o erótica del sujeto. Si a un hombre le gustan las mujeres (o viceversa) se habla de orientación heterosexual. La orientación homosexual se produce cuando alguien se siente amorosa o sexualmente interesado por personas de su mismo sexo, y la bisexual cuando tanto da. De hecho la clasificación no es tan simple como la hemos expuesto.

Dos autores americanos, L.M. Terman y C.C. Miles, publicaron en 1936 un estudio sobre sexualidad en el que proponían una clasificación de la orientación sexual en siete apartados, que ellos interpretaban como dependientes de la masculinidad o femineidad de la propia personalidad. Los grados de la escala son los siguientes: Exclusivamente heterosexual. Predominio heterosexual en las conductas. Sólo accidentalmente homosexual. Con algún pensamiento homosexual. Predominio heterosexual, pero con alguna conducta homosexual más allá de lo accidental. Heterosexual y homosexual por igual. Bisexual. Predominio homosexual, pero más que accidentalmente con conductas heterosexuales. Predominio homosexual en su comportamiento pero con alguna conducta heterosexual más allá de lo accidental. .Exclusivamente homosexual.

Eje V

Comportamiento social . Este eje se refiere a la forma de comportarse, de acuerdo a los estereotipos sociales admitidos. Los hombres se adscriben a patrones de comportamiento masculinos. Las mujeres, a los femeninos. No es infrecuente que algunos homosexuales tengan conductas que representan una exageración de los estereotipos femeninos. A esto se llama “llevar plumas” o “enseñar pluma”, en referencia a las “boas” de pluma propias de los años veinte o de las coristas de cabaret. Los gays que “se empluman” suelen llamarse “locas” o “locas con pluma”.

De todas formas, conocemos gays muy serios, en su vida pública, que, en el ambiente propio de los gays, se empluman y se comportan de forma exageradamente afectada, incluso refiriéndose a sí mismo en género femenino (“¡Estoy de cansada...!” De similar forma, algunas lesbianas, aún orgullosas de ser mujeres (identidad femenina) adoptan actitudes hombrunas, de marimacho, exagerando tales características con afectación. ¿Cómo calificar la sexualidad? Hay que recurrir a los cinco vectores.

A veces te encuentras con casos particulares muy enmarañados. Por ejemplo: un varón (sexo cromosómico varón, sexo aparente varón) con identidad masculina marcada (“Soy muy macho, los tengo muy bien puestos”) puede tener orientación homosexual y deleitarse por varones, en tanto que, en según qué momentos, su conducta puede ser de “loca con pluma” a pesar de su apariencia hercúlea y su bien poblado bigote. Tengo dos amigos transexuales, que con sexo cromosómico varón y apariencia varón, se operaron para ser mujer, porque se sentían mujer (identidad mujer, ahora apariencia mujer), con conductas delicadamente femeninas y orientación... lésbica. Se han transformado en mujeres, para mantener sexo con otras mujeres.

Conclusiones:  Es probable que la división en cinco ejes no complete la solución del problema. Podríamos añadir más ejes, en relación con el rol elegido en situaciones de pareja (dominante – sumiso, activo - pasivo, etc.)



4 de octubre de 2006    |    11 Comentarios
Ginecólogo al calabozo

Noticia de La Vanguardia, del 4.10.2006: Detenido un ginecólogo por supuestos abusos a pacientes. Los Mossos actuaron tras la denuncia de una mujer que dijo que en una revisión en un CAP de Barcelona el médico se excedió en los tocamientos.

El Institut Català de la Salut ha abierto un expediente informativo, pero pide que se respete la presunción de inocencia. En la actualidad, el médico español de origen jordano Sami Y. A., de 55 años, se encuentra en dependencias policiales a la espera de pasar a disposición judicial. Fuentes de la investigación no pudieron ayer precisar el número de mujeres supuestamente afectadas por estos abusos.

Sin embargo, trascendió que el número de pacientes interrogadas, cuyas identidades fueron extraídas de los archivos médicos, se acerca a las 30 y que "un número significativo de ellas" describió actitudes y situaciones que exceden las propias de una revisión ginecológica y que se adentrarían más bien en el terreno penal.

Dicen los escritos que el tal Sami, del que, supongo que por ser médico, no constan los apellidos (que, por cierto, son Yasin y Abdelaziz) se entretenía en los toqueteos efectuados en las partes pudendas de las pacientes.

No es extraño que un ginecólogo introduzca sus manos en zonas colindantes con sagrados, oscuros y salados lugares que las señoras, normalmente, no exhiben con prodigalidad. Lo extraño, en este caso es que el ginecólogo se despojaba de los guantes para hacer tales exploraciones, prodigaba lisonjas y galanterías acerca de la donosura de las partes exploradas (algo así como “¡Qué chochito más bonito tienes!”) y cosquilleaba con mimos y con caricias aquellas zonas que el pudor, y el bien hacer médico, aconseja explorar con objetividad y distanciamiento.

Si, además, ordenaba a las enfermeras (como dicen que hacía el jordano) que le dejasen solo con la paciente, cual hacen los toreros chulos con sus subordinados cuando se estiran ante un toro que da juego, las sospechas están servidas.

Lo de quitarse los guantes es una travesura que, personalmente, solamente había conocido como una especie de chiste ginecológico, acerca del médico que pedía permiso a sus pacientes para quitárselos, alegando que era su cumpleaños y quería celebrarlo de alguna manera. Jamás pensé que la realidad igualaría al chiste.

El director de atención primaria del Institut Català de la Salut (ICS), Ramon Morera, aseguró que este organismo de la Generalitat conoció la noticia de la detención anteanoche y la recibió con gran sorpresa. Pasan con frecuencia estas cosas. Los responsables ni saben, ni contestan ni sabían nada y declinan hacer más valoraciones hasta que acabe la investigación. Alegan que esta denuncia había sido la primera y que, hasta aquel momento, las señoras no se quejaban. Espero que no lo dijeran con cierto retintín.

La consellera de Interior, Montserrat Tura, licenciada en Medicina, expresó ayer un deseo: "Querría que todo el mundo que practica la medicina lo hiciese con un total respeto a sus pacientes". Sublime la señora Tura. Es capaz de pronunciar una frase tan ingeniosa e inteligente como esta, sin despeinarse, y sin que se le sequen las neuronas que deben trajinarse para decir (sin partirse de risa) tales perogrulladas.

Yo querría que también los políticos trataran bien a sus administrados, cuidaran del buen servicio en la cosa pública, y no dijeran estupideces cuando no saben qué decir. Es mejor callarse. Sospecho que lo que digo también cae por su peso pero, al menos, no cobro dinero público por decir tonterías, e intento emplearlas con una ironía que puede ser, para los políticos, uno de sus peores sueños.

Vamos a confiar en la presunción de inocencia de Sami Y. A., que llevaba tres años trabajando en el CAP de la avenida Río de Janeiro de Barcelona. No es normal que los ginecólogos de 55 años sigan mostrando lujuria ante las visiones de las infinitas vulvas, de tantos tamaños, texturas, olores y pelambres como deben ver. Espero que  la sección del Colegio de Médicos que ejerce tutela sobre los médicos dementes, borrachos, drogadictos, delincuentes o, simplemente, tarados, no le tenga que incorporar a sus aguerridas huestes. Nuestro (bondadoso) colegio les facilita el tratamiento (y la asesoría legal) que el resto de colegiados (los honestos) pagamos entre todos.

¿Deben despertar mi piedad estas (carísimas) ovejas descarriadas?



3 de octubre de 2006    |    0 Comentarios
Sexo a cambio de trabajo

Pide "un contrato real, indefinido, y con un sueldo mínimo de 1,200 euros al mes". Ver noticia de "La Repubblica" en:

http://www.repubblica.it/2006/09/sezioni/cronaca/sesso-lavoro-blog/sesso-lavoro-blog/sesso-lavoro-blog.html

Indignada con la sociedad que no ofrece un futuro a los jóvenes, una mujer italiana de 30 años, Sara F., ha abierto un "blog" en Internet, en el que se ofrece "para una noche de sexo" a cambio de un contrato de trabajo fijo y un sueldo mensual de 1,200 euros. "Me llamo Sara, soy de Roma y tengo treinta años. Considero la apertura de este blog el último clavo ardiendo al que agarrarme", escribió la joven italiana en su cuaderno de bitácora, en el que se definía como "desesperada" y dispuesta a venderse "por una noche, y sólo una, de sexo" al que le ofrezca "un contrato real, indefinido, y con un sueldo mínimo de 1,200 euros al mes". Ver la Blog de Sara en:

http://www.trentennedisperata.splinder.com/

Supongo que Sara debería haber puesto en su blog una foto, o una serie de fotos, en suficiente grado de desnudez y encanto como para despertar la libido de sus potenciales empleadores. Si no, veo complicado lo de aceptar su razonable oferta. Bien es verdad que una cita a ciegas no siempre exige el conocimiento previo de la figura de la persona citada. Pero no es menos cierto que, en este caso, el precio demandado es muy caro.

Contratar a alguien de forma indefinida, significa ligarte, durante mucho tiempo, a una trabajadora que, independientemente del trabajo que haga, te habrás tirado una sola vez. Muchas otras trabajadoras y, no digamos, las esposas, son mucho más rentables en cuanto al número de coitos proporcionados y, en el caso de las trabajadoras, sin el suplemento exigido por Sara (y por las esposas) sobre el tiempo de contrato.

Otro punto que me agradaría definir mejor es la calidad de la noche de sexo ofrecida. ¿Y si la chica no es buena en la cama? ¿Y si es de las que no sabe ejecutar el sexo oral y te mordisquea con inmoderada furia la corona del glande? ¿Y si es de las que fingen (mal) el orgasmo? Creo que sería necesaria una “recepción previa”, algo así como la "presentación del currículo" o un "contrato de un ratito de prueba", precursora de la posterior entrevista “de una noche más a fondo”.

La historia de la "desesperada" Sara la ha contado el diario italiano "La Repubblica", que precisa que la joven romana no busca la fama, "sino sólo la continuidad, la posibilidad de programarse un futuro, unos hijos y una casa". Con lo de los hijos no tiene más que concertar la entrevista en sus días fértiles, y elegir su futuro jefe entre los más sanos y guapos de los caritativos empresarios que acepten contratar sus versátiles servicios.

Una semana después de abrir el blog, Sara F. recibió 2,389 comentarios y fue visitado por 140,000 internautas. Sara contó que ha recibido una treintena de propuestas de trabajo, "alguna procedente de empresas relacionadas con el Vaticano que me ponían como condición cerrar el blog" (supongo que por razones de exclusividad). Otras, en cambio, aceptaban su ofrecimiento en lo referido a abrirse de piernas. Volviendo al tema de los hijos, nada a objetar a lo del Vaticano. Los hijos de cura (no digamos los de cardenal) casi siempre son premiados con canonjías y prebendas.

Actualmente Sara tiene trabajo, en una empresa relacionada con la Administración italiana en el sector de telecomunicaciones, pero su contrato acaba dentro de poco y no sabe si le será renovado, según se confesó a "La Repubblica". "Estoy profundamente indignada", aseguró la muchacha, que arremetió contra el Gobierno, sindicatos, derecha e izquierda, "que no mueven un dedo para remediar este escándalo (la falta de trabajo y el que se encuentra, precario). Debe de ser por esta causa que Sara busca empresarios “que muevan un dedo” como Dios manda, que ella ya se cuidará, a la recíproca, de moverles lo que sea adecuado.

Según cuenta La Repubblica la joven no ha respondido a ninguno de los comentarios recibidos, ni a quienes la han criticado ni a los que, generosamente, le ofrecen trabajo. O sea, que lo del trueque anunciado no iba en serio. ¿Cómo querrá esta chica que alguien la contrate si, ya desde el primer día, se muestra poco dispuesta al cumplimiento de los deberes que ella misma dice imponerse?