Dudas existenciales
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22 de enero de 2007    |    7 Comentarios
La niña feral

Después de sobrevivir durante 19 años entre animales, una joven de 27 años choca con una civilización que no entiende. Desapareció a los 8 años y ahora se resiste a vestirse y habla sólo con gruñidos, según cuenta el que dice ser su padre. La joven no habla ningún lenguaje que resulte inteligible pero, por lo que sabemos, Rochom P´ngieng sobrevivió por sus propios medios durante 19 años después de desaparecer en la jungla camboyana cuando era una niña.

La mujer, que ahora tiene 27 años, supuestamente es la hija de un policía local de una provincia del nordeste. Podría haber vivido en un entorno salvaje completamente aislada del contacto humano. Rochom P´ngieng desapareció mientras cuidaba búfalos en una remota área del país a la edad de ocho años. Su padre creyó que la habían matado animales salvajes. Probablemente, nunca conoceremos su verdadera historia. Pero parece haber sido la de una niña asilvestrada crecida sin haberse visto expuesta al lenguaje humano, o siquiera a la presencia de otros seres humanos..

Desde el siglo XIV se han registrado unos 100 casos de niños asilvestrados. En algunos casos, se concluyó que animales salvajes - lobos, perros e incluso avestruces- habían ayudado a los pequeños a sobrevivir. Pero muchas historias parecen haber sido inventadas o exageradas. Los niños, cuando “reaparecen” no suelen tener el don de comunicarse.

Las historias de niños abandonados, o perdidos, y criados en los bosques o las selvas a cargo de animales, forma parte de cualquier mitología. Los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, habrían sido amamantados por una loba. Resulta bastante improbable que una hembra animal mantenga el instinto materno y nutriente más allá de lo que marque su carga genética. Pasado este período, su instinto le llevaría más a comerse los niños, antes que a amamantarlos. No digamos si había machos cerca. Muchos animales machos se ponen furiosos mientras las hembras están en lactancia, pues no se prestan al apareamiento. Los leones, por ejemplo (pero también los graciosos perritos de las praderas) en tales circunstancias matan y comen a las crías, lo que frena la lactancia y relanza el ciclo hormonal estrogénico, que pondrá a las hembras en celo.

Por otra parte, la leche de los mamíferos (ni incluso la “corriente” de las vacas”) no serviría para el crecimiento normal del bebé humano, sin complementos vitamínicos y minerales poco accesibles en las selvas (más o menos) vírgenes. ¿Sería posible que un niño (o niña, que a mí tanto me da) de mayor edad sobreviviera en estado salvaje? Posible lo es. Poco probable, pero posible. El periodo de socialización abarca del nacimiento a los 6 años, y se considera que un 90% de las facultades “madurativas” se alcanza a esa edad. Al menos, el cerebro ha alcanzado el 90% de sustancia blanca que mantendrá de adulto, la cual se relaciona con la fabricación de conexiones interneuronales, inducida por la estimulación que el niño recibe.

La filosofía aristotélica incidía en la idea de que todo aprendizaje deriva de la experiencia. La idea fue seguida por muchos filósofos hasta el siglo XIX (por ejemplo: John Locke, Thomas Hobbes, John Stuart Mill). Locke define el cerebro del neonato como una “tabula rasa” (pizarra en blanco) donde la vida va escribiendo el guión a partir de las experiencias. Platón, en cambio, daba importancia a aspectos innatos, ajenos a la experiencia. Esta teoría, seguida entre otros por Kant, es la que (con matices) ha sido probada por la ciencia. Naceríamos con un potencial que, posteriormente será o no desarrollado mediante la estimulación ambiental y la experiencia en las interacciones con el entorno.

En 1211, Federico II, Emperador de Alemania, en un intento por descubrir el ‘lenguaje de Dios’, crió a docenas de niños en silencio. Esperaba (el muy lerdo) que los niños, ajenos a cualquier lenguaje humano, hablarían por sí mismos el lenguaje en el que las almas se comunican con Dios. No olvidemos que la teoría católica sobre el asunto se basa en que Dios crea las almas (de la nada) y las introduce en cada ser humano que va a nacer. Debió de pensar el emperador que Dios fabricaba las almas en serie, y las almacenaba en contenedores antes de lanzarlas a la Tierra, manteniendo (de paso) charlas amistosas (o admonitorias) con las celestiales criaturas . Desgraciadamente el lenguaje preferido por Dios nunca emergió; los niños nunca hablaron en ningún idioma y todos murieron durante la infancia (Bruce D. Perry, Childhood Experience and the Expression of Genetic Potential: What Childhood Neglect Tells Us About Nature and Nurture.) De hecho no les estimulaban demasiado y (en aras de que apareciera el lenguaje) no se les facilitaba comida razonable hasta que la pidieran con el divino lenguaje que, ¡ay! nunca emergió.

Un pedagogo francés, Jean Itard escribió una descripción de un niño de unos 12 años que habría estado viviendo en un bosque hasta que fue capturado el jueves 9 enero de 1800. Itard llamó Victor al niño, que jamás hizo ninguna comunicación directa verbal. Tiraba a las personas del brazo para llamar su atención y quería que todos los objetos a su alcance estuvieran en el mismo lugar constantemente. Itard también describió como, cuando Victor quería viajar en una carretilla, cogía el brazo de alguien, ponía las asas de la carretilla en sus manos, entraba trepando y esperaba a ser empujado. Los trabajos de Itard fueron publicados en 1801 y fueron titulados el "Niño salvaje de Averyon". Más que un “niño salvaje” Itard describió conductas autistas, que en esa época aún  no se habían detectado. Las elevadas tasas de mortalidad infantil provocaban una inexorable selección natural, de la cual únicamente escapaban algunos niños anormales en manos de padres y madres sumamente bondadosos, o sumamente avariciosos al atisbar posibilidades de vender a sus deformes vástagos como bufones para la corte o fenómenos para el circo.

Uno de los casos (posiblemente) reales más interesantes fue el de las niñas lobo Amala y Kamala, de 6 y 3 años, halladas en 1920. Fue el reverendo Singh de Midnapore quien encontró a las dos niñas salvajes, bautizadas después como Kamala y Amala, respectivamente, viviendo entre una familia de lobos en un abandonado túmulo de termitas. Tras matar a la madre-loba, el sacerdote comprobó que las niñas eran tan diferentes físicamente que parecían no tener relación familiar, por lo que supuso que el animal las había recogido en momentos distintos. Se determinó que fueron criadas por una manada de lobos cerca Midnapore, India. Las ingresó en el área deshabitada de un orfanato y trataron de vestirlas. Pero las pequeñas se quitaban la ropa a mordiscos y parecían insensibles al frío. Rehusaron tomar leche servida en tazones y no comieron hasta el día que las pusieron junto a los perros. Éstos sólo las aceptaron cuando una de ellas les quitó trozos de carne antes de irse a roer un hueso

En los meses siguientes, las niñas fueron mostrando su carácter: eran nocturnas, poseían un excelente sentido del oído y de la vista, cierto miedo a la luz y a los humanos, dormían una encima de la otra, aullaban durante toda la noche y olfateaban todo lo que pasaba frente a ellas. Siempre intentaban jugar con los perros del orfanato, mantenían una dieta estrictamente carnívora y corrían a cuatro patas. Su adaptación fue tan difícil que el reverendo Singh se llegó a preguntar si no hubiese sido mejor dejarlas en el bosque (y, de paso, no habría matado a la madre loba). Un año después de ingresar en el orfanato, la más pequeña murió. Kamala pasó varias semanas refugiada en una esquina del jardín aullando por las noches. En 1929 falleció de una fiebre tifoidea y fue enterrada junto a su compañera.

La literatura provee personajes como Mowgli, o Tarzán. Una deficiencia intelectual severa de los padres o su inhabilidad física pueden hacer que no se ocupen de sus hijos, aunque a veces los padres o tutores de estos niños no parecen tener ningún tipo de tara. Uno de los casos más conocidos es el de Genie, una niña californiana encontrada en 1970 en condiciones terribles de aislamiento. Los estudios con ella sirvieron para conocer mejor el desarrollo del lenguaje. Otro caso bastante conocido es el de Kaspar Hauser de Núremberg, Alemania; un niño encontrado en 1828 que había vivido encadenado en un zulo. A sus 16 años mostraba una conducta totalmente pueril y problemas de entendimiento, contestaba a todas las preguntas que se le hacían con un woiß nit (nu sé). Hay una película basada en la historia de este chico: El enigma de Kaspar Hauser de Werner Herzog, 1974. También hay una película sobre este tipo de personas, aunque no está basada en la vida de ninguna en concreto: Nell 1994, protagonizada por Jodie Foster y Liam Neeson y dirigida por Michael Apted.

La chica camboyana, presuntamente perdida a los 8 años y hallada a los 27, es una más de esas personas que aparecen en un momento, y nadie sabe con exactitud de dónde han salido. Los análisis de ADN podrán, en este caso, determinar si es la misma niña, en cuyo caso se abren interrogantes acerca de su vida entre las fieras, o si es alguna pobre persona perturbada (o autista) expulsada de su entorno y obligada a subsistir por sus medios.



11 de enero de 2007    |    1 Comentarios
Anorexia y personalidad

El 48,5 por ciento de las jóvenes diagnosticadas de anorexia o bulimia padece también un trastorno de personalidad. Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado por científicos de la Universidad Jaume I (UJI) de Barcelona con el que se ha pretendido averiguar la existencia de alguna conexión entre los trastornos alimentarios y determinadas características de la personalidad.

Dar respuesta a ese enigma puede tener una importancia "capital" por varias razones, según fuentes de la UJI. Una de ellas es la prevención, porque descubrir una relación entre los trastornos alimentarios y los de personalidad podría ayudar a detectar a tiempo a personas que, por determinados rasgos de su personalidad, son especialmente vulnerables a desarrollar cualquiera de estos trastornos.

Con estos objetivos, las investigadoras del Departamento de Psicología Básica, Clínica y Psicobiología han analizado la personalidad de 150 mujeres jóvenes con una edad media de 24 años y distribuidas en tres grupos distintos. Un primer grupo compuesto por jóvenes diagnosticadas de una bulimia nerviosa de tipo purgativo (60 por ciento) y de anorexia nerviosa de tipo purgativo (40 por ciento), un segundo grupo compuesto por participantes que, sin estar enfermas, mostraban conductas de restricción alimentaría y, por último, un tercer grupo de control.

El 48,5 por ciento de las pacientes del primer grupo, es decir, chicas con anorexia o bulimia nerviosas, cumplía criterios de un trastorno de personalidad. Los patrones de personalidad patológica más frecuentes eran el tipo evitativo y el autodestructivo. Estas características de la personalidad explican algunos aspectos en relación con el difícil tratamiento de las patologías alimentarias y la tendencia a las recaídas.

Cuanto más elevadas sean las puntuaciones en los trastornos mencionados, más posibilidad existe también de que aparezcan , en la historia clínica, trastornos del estado de ánimo, historia de intentos de suicidio, o elevado número de hospitalizaciones psiquiátricas.

Resulta importante, cuando abordamos el tratamiento de estas patologías alimentarias concretas, ampliar el estudio a la posibilidad de que coexistan rasgos de trastornos de la personalidad, o incluso que las pacientes cumplan al completo los criterios diagnósticos de alguna de estas anormalidades.

Ello nos puede dar también información acerca del curso de tratamiento y del pronóstico que, lógicamente, será peor cuanto más numerosos e intensos sean los rasgos patológicos de personalidad hallados.



7 de enero de 2007    |    0 Comentarios
Caras pederastias clericales

Obispado de Spokane (Washington)

He de reconocer una cierta querencia por el humor políticamente incorrecto. El artículo que sigue no es humorístico ni políticamente incorrecto, pero algún lector lo puede interpretar así. Vaya por delante mi total comprensión, pero ruego a los pánfilos y lerdos (que así lo interpreten) que no se molesten en una segunda lectura antes de comprender lo (para ellos) impenetrable. No se les fuera a romper alguna neurona prefrontal. Simplemente, hónrenme con sus oprobios.

La Iglesia Católica de Estados Unidos ha pagado ya más de 1.500 millones de dólares en acuerdos judiciales con víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes. La diócesis católica de Spokane (Washington) se acaba de sumar a otras muchas de EE UU al aceptar el pago de indemnizaciones por abusos sexuales a niños cometidos por sus sacerdotes. La diócesis pagará 48 millones de dólares (37 millones de euros) para cerrar un número de demandas no revelado, aunque algunas fuentes hablan de 200.

No quisiera que, en mis palabras, alguien interpretara una especie de ataque global contra la Iglesia Católica. Anuncio desde esta línea que no es mi intención. La Iglesia Católica es una obra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo y dirigida por el auténtico representante de Dios en la Tierra. La Iglesia Católica no puede equivocarse, ni pecar ni cometer delitos. Otra cosa es lo que hagan algunos de sus miembros,  pobres pecadores que, espoleando la vileza con su pertenencia a la clase de catecúmenos ungida con el Orden Sagrado, abusan de su revestimiento sacerdotal y prevalecen sobre otros miembros (especialmente menores de edad) para engatusarles y, si se tercia, violarles.

La Iglesia Católica (insisto, obra de Dios) debe pagar un alto precio por resultar la mediadora única entre los hombres y Dios. Como muy bien enseña la doctrina de la Iglesia (la única verdadera, como todo el mundo sabe) si alguien quiere llegar a Dios o interpretar la palabra revelada, no puede hacerlo por sí mismo, sino a través de los medios que la Iglesia Católica (Santa, Apostólica y Romana) y solamente ella, pone a su alcance, entre los que se hallan los santos patriarcas iniciados que, habiendo sido ungidos en la sacramental congregación, y habiendo hecho votos de castidad, pobreza y obediencia, son los únicos con licencia divina para consagrar el pan y el vino oficiando el milagro de la transubstanciación.

También estos santos varones son los únicos con licencia y potestad para escuchar y perdonar pecados en nombre de Dios, lo que les convierte además en (aparentemente) perfectos confidentes, capaces de acceder a todas las intimidades de sus feligreses, asesorarles acerca de cualquier tema y limpiar las almas de la culpa.

Es un misterio de Dios (que nosotros no somos nadie para juzgar) que la Iglesia, o el ínclito Paráclito que la guía, no lleve siempre a los ensotanados pastores por el camino adecuado para las inocentes ovejitas.

De vez en cuando, alguno de estos ministros sale un poco pederasta, y prodiga tocamientos manuales, cuando no oralidades o introducciones. a las ovejitas (monaguillos y monaguillas) que a ellos se arriman con la idea tener más cerca la Palabra de Dios. Lo que tienen cerca en la triste realidad (además de algún que otro pecaminoso utillaje semejante al cirio pascual) es uno más de los misterios insondables de la Divinidad única y verdadera:  Ni Dios (ni sus representantes legales) impide que sucedan estas cosas. 

En las Américas, tales catástrofes pasan a menudo y , además, son del dominio público. A pesar de que algunas diócesis intentan lavar la ropa sucia en casa (para evitar escandalizar inocentes, supongo)  siempre arremete el demonio en forma de abogados brutales que aprovechan las travesuras de los eclesiásticos incontinentes para sacar a la Madre Iglesia unos miles de dólares en indemnizaciones por las almas descarriadas, y las vidas condenadas a masivas horas extras de psicoanálisis.

Los 48 millones de la diócesis de Washington (capital Seattle) son una niñería ante el total ya pagado por la Iglesia Católica norteamericana. El obispo (viciosillo sí, pero tonto no) se declaró en bancarrota para blindarse ante la acumulación de demandas, pero el juez que lleva ese caso (tras investigar algunas cuentas bancarias y sinecuras)  ha forzado la tramitación de un acuerdo que obligará a vender algunos de los bienes inmobiliarios que poseen. La diócesis espera que sus 100.000 feligreses aporten 100 dólares cada uno en las 82 parroquias de ese territorio para colaborar. Nada se dice de cuánto aportarán los más pecadores contra el sexto mandamiento, ni si las víctimas o sus familiares tendrán una sustancial rebaja (como sería de agradecer).

Una de mis sugerencias para sacar dinero consistiría en vender algunas de las parroquias (las más conspicuas en abusos) para instalar museos de la infamia, o quizá grandes almacenes. Las sacristías donde oficiaban los corrompidos, en caso de hacerse supermercados, podrían albergar las pescaderías, para aprovechar dignamente restos aromáticos que ni el incienso lograría borrar.

El juez Gregg W. Zive obliga al obispo a anunciar públicamente su apoyo a la eliminación de las leyes de caducidad de los delitos para los casos de abuso sexual y a visitar personalmente cada parroquia en la que haya habido casos para pedir a los feligreses que denuncien todo aquello que sepan o que hayan sufrido. El obispo también tendrá que enviar cartas de disculpa a las víctimas o a sus familiares, publicar los nombres de los religiosos acusados de abusos, permitir a las víctimas hablar de sus casos en sus parroquias y publicar sus testimonios en publicaciones de la diócesis.

El obispo, como antes han hecho otros de sus colegas, accederá a todo. Después se retirará a orar a algún monasterio de esos que solamente acogen a curas ancianos, sin que ningún monaguillo pueda acercarse a menos de cientos de quilómetros.



1 de enero de 2007    |    0 Comentarios
El rey de los osos

El Oso Yogui con sus amiguitos

Juro por lo más sagrado (la fórmula de la Coca Cola) que estoy completamente sobrio. Ya se que la glosa que aquí sigue parece un delirio etílico, pero resulta ser realidad. Un execrable programa de humor de TV3 (la catalana) llamado "Polonia" hizo, en la versión de Nochevieja, condenables burlas acerca de la posible querencia del Rey de España por disparar a los osos. Busqué en Google para hallar pistas sobre el embuste, pero ¡ay! me salieron confirmaciones. Ni Niechtze, en sus más optimistas pesimismos, hubiera pensado en una consecuencia tal del derrumbamiento de las escalas de valores.

Rumanía ha entrado en la comunidad europea. Es probable que, para celebrarlo (y entre otros muchos actos suntuarios) se organice alguna cacería de osos y lobos. Bien es verdad que se trata de animales protegidos en las europas y que Rumanía había firmado con anterioridad los pertinentes convenios. Pero no es menos cierto que los ecologistas rumanos deben de haber emigrado todos, y nadie del país se violenta cuando las autoridades organizan espléndidas monterías para uso y disfrute de invitados ilustres.

Cuando me llegó la noticia de una de tales cacerías con el rey de España como invitado de honor, se me cayó el alma a los pies. Pensé que era una broma de mal gusto. Acaso un bulo proclamado por los de siempre para denostar las glorias patrias. En los Pirineos y en los picos de Europa se protegen los osos. ¿Podría el rey ir a una cacería de osos protegidos, aunque fuera en Rumanía?

La verdad es dura. El Rey Don Juan Carlos sí que hizo una sangrienta carnicería en la que abatió nueve osos [ursus arctos] y un lobo, especies protegidas por los convenios internacionales que Rumanía también firmó. La cacería de Don Juan Carlos, halló su mejor glosa en una publicación del diario El Mundo, poco sospechoso de conjuras judeomasónicas ni rojoseparatistas.

La realidad me golpeó. Me caía simpático este rey. Por supuesto, ahora, me caen mucho más simpáticos los osos. Nunca he tenido ninguno como mascota, pero antes tendría un oso que un rey. Los osos, aunque grandes y malolientes, dormitan todo el invierno y solo se alimentan en primavera y verano. Salen baratos, máxime cuando no exigen las suculencias que deben de pedir los monarcas para el diario pienso.

Los osos sólo se ayuntan con osas. Un rey me saldría carísimo en coyundas, sólo con ser cierta la décima parte de los devaneos que ciertas revistas italianas del corazón le atribuyen con artistas del famoseo o con aristócratas del latino país. Las osas solamente acceden cuando están en celo, lo que me evitaría tener que escuchar diariamente los aullidos que, en el orgasmo, debe de perpetrar un coronado si tiene las mismas querencias que sus más directos ancestros. Vilallonga explica estas cosas en sus memorias, aportando detalles sobre uno que conoció, de himeneo ruidoso, y cuyo aliento olía mucho peor que el de un oso.

Llevar un rey a Baqueira me saldría por una pasta. Al oso puedo dejarle unos días por el valle de Isil, cerca de Montgarri, en el camino de Baqueira para que retoce por la nieve, aunque en esa época se sentiría más agradecido si le llevo a dormir a una buena cueva. Entre familia, guardaespaldas y demás hierbas, un rey resultaría muy gravoso, y hasta tendría que venderme un riñón para pagar las clínicas si cae y se escoña alguna extremidad.

Lo dicho, antes un oso que un rey.