He terminado de escribir mi libro sobre sexología. El título final lo pondrán los editores. En su parte VI (Diccionario diabólico) expongo un glosario de ciertas modernidades (o no) acerca del sexo, que pueden llevar a confundirse a los bienpensantes. Por ejemplo, un "cubano" no es un cóctel, ni un "francés" es un idioma (cosa que sí es el búlgaro, a pesar de los pesares). Vean la juiciosa introducción (sacra) de esta parte del tratado.
Introducción sacra
Hacia el año 2001 el Vaticano anunció la realización de un Diccionario de sexo, adaptado a las necesidades de nuestros tiempos. Se señaló un grupo de 50 expertos, católicos y no católicos, con tal finalidad.
Me pareció muy bien. Caramba con el Vaticano. Un diccionario de sexo adaptado a las necesidades de nuestros tiempos. De todos modos, me surgieron varias dudas: ¿las necesidades de quién? ¿las del mundo en general, las de los fieles católicos o las de los cardenales del Vaticano?
Otra duda. Un diccionario, ¿no debería ser algo aséptico? ¿Cuál es la forma, católicamente correcta, de definir un clítoris? ¿No es suficiente con el diccionario de la Real Academia Española, y los de sus homólogas de diferentes países? A pesar de que el nombre elegido es "Lexicon", supongo que, más que un diccionario, lo que quieren construir es una enciclopedia.
La cosa cambia. Una enciclopedia es algo más ideológico que una simple lista definitoria de palabras. Una enciclopedia, a modo de “Tratado de sexo” puede resultar muy distinta según quien la escriba. Volviendo al clítoris. Supongo que cualquier diccionario lo definiría de forma parecida. Pero si introducimos el factor ideológico, la cosa cambia. Para según que costumbres africanas, el clítoris sería definido como una molestia, útil únicamente para ser cercenado. No fuera a ser que las señoras se lo passaen bien en la holganza y, luego, se fueran de picos pardos.
Para los católicos, ¿qué sería el clítoris? Quizá una broma más de la serpiente que encandiló a Eva. No olvidemos que la serpiente, en realidad, era el demonio disfrazado. El clítoris, esta pequeña lombriz (o, mejor aún, esa especie de percebe) ¿no será también un disfraz demoníaco? En el Catecismo se enseñaba que todos los humanos tenemos un Ángel de la Guarda y un Demonio Tentador. ¿Qué mejor sitio para el demonio de las féminas que el inquietante artilugio que emerge entre los labios menores? Normalmente dormido, se anima en situaciones de juerga y, si se despierta, exige tributo con golosa impertinencia.
No estoy entre los expertos que El Vaticano ha contratado para su diccionario. Lo siento por mí, pues creo que me divertiría mucho introduciendo propuestas que considero muy interesantes y por ellos, que tendrían un diccionario más divertido. Por ejemplo, yo propondría abandonar la denominación “postura del misionero” que se presta a malas interpretaciones habida cuenta de las trastadas que sacerdotes de 23 países (según un informe sa-cado a la luz por una monja, doctora en medicina, y llamada O’Donahue) les hacían a las monjitas que se les ponían a tiro.
El nombre original, postura del misionero, viene de cuando los primeros misioneros cristianos (protestantes, para más INRI) arribaron a la Polinesia, y observaron que los indígenas practicaban el coito, mayoritariamente, en la posición llamada de los perritos: la mujer arrodillada y el varón, entrando desde la parte posterior.
Como muy bien dice el poema: “La mujer, de culo en pompa, dos agujeros presenta para que elija el cipote el que mejor le convenga”, tal liberalidad de elección les debió de parecer mal a los misioneros, los cuales, además de bautizar a los negritos y de mandarles cubrir las partes pudendas, les instaban a procrear con la mujer tendida boca arriba para evitar confusiones susceptibles de provocar el desenfreno. Entrar por el orificio improcedente se consideraba, por el clero, pecado de sodomía.
Polisémica sodomía, por cierto. El pecado de "sodomía" se ha adscrito sexo anal, en recuerdo de lo que hacían las gentes de Sodoma. El bello episodio bíblico habla de que Dios envió a dos de sus ángeles a avisar a un tal Lot acerca de sus intenciones (las de Dios) de destruir Sodoma y una ciudad cercana, Gomorra, por la escasa cantidad de gentes de bien que allí habitaban.
Lot, contemporizador, comentó que al menos debería de haber unos diez hombres justos en esa zona, pero Dios adujo que no. Que Lot y su familia eran los únicos que no se dedicaban a hacer guarrerías. De hecho, los sodomitas metieron la pata hasta en cuello pues acudieron a la casa de Lot pidiéndole si les prestaba los invitados (los ángeles) al grito de ""Queremos un hijo suyo!". La verdad es que los ángeles, tan rubitos, debían de resultar apetitosos para los libidinosos sodomitas.
Los ángeles huyeron por alas, pues no estaban por la labor. Lot increpó a sus convecinos y empaquetó unos pocos haberes, para huir de la ciudad antes de las fallas. A poco de iniciar la huída, cayó sobre Sodoma y Gomorra una lluvia de fuego, que apagó los ardores (es una forma de hablar) de los infames ciudadanos.
La mujer de Lot se volvió para mirar la cremá, a pesar de que los ángeles habían advertido del riesgo de tal conducta. Dios, que aquel día estaba de muy mala uva, la convirtió en una estatua de sal. Nada dice la Biblia de los agradecimientos que Lot prodigó tras este interesante acontecimiento.
En el Coran se recoge esta misma historia, pero Alá, menos teatral que el dios de los Judíos, mandó una lluvia de piedras y barro para sepultar a los artificiales inseminadores. Nada se ha dicho de los gomorritas, ni del pecado de gomorría En cambio, las palabras "sodomita", "sodomizar" y "sodomía" sí que han alcanzado su lugar en los diccionarios. Probablemente los sodomitas tenían mucho mejor marketing.
Es curioso que "sodomía" se ha empleado también como sinónimo de zoofilia, lo que se presta a confesión. He aquí una magnífica oportunidad para dar carta de naturaleza a la palabra "gomorrita" y afines.
• Sodomía sería, sin mas. la fornicación anal. Podría ser sodomía homosexual o heterosexual, según los casos.
• Gomorría se podría aplicar a la fornicación con animales.
• Sodomogomorria: la fornicación anal con animales. La sodomogomorría homosexual sería la más pecaminosa, al referirse a la fornicación anal con animales del mismo sexo.
También debería discernirse entre bestialismo y zoofilia, palabra esta última que podría ser desprovista de connotaciones pecaminosas, y aplicarse sin reservas a las personas amantes de los animales, o miembros de Greenpeace dedicados a la salvaguarda de las ballenas sin el menor atisbo de interés sexual en tales cetáceos.
¿Contendrá el diccionario Vaticano palabras malsonantes? ¿Se hará una versión original en latín? ¿Podrá ser leído sin riesgo de pecado por cualquier persona? ¿O se requerirá una especial dispensa? ¿Tendrá el libro ilustraciones explícitas con monjas y misioneros? Esperamos con ilusión la salida al mercado del libro.
Entretanto, y de forma completamente generosa, ofrezco unas posibles entradas que glosan el mundo del erotismo y de la pornografía, las cuales pueden ser empleadas, sin copyright, por los miembros de la Curia (o de la Inquisición, quién sabe) que se cuiden de estas cosas.