Dudas existenciales
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24 de mayo de 2007    |    2 Comentarios
Bodas de sangre en Pakistán

No lo lean mis fans islámicos, que se les va a cortar la digestión (y luego querrán que mí se me corte también alguna cosa).

Dos mujeres pakistaníes en prisión por casarse. Shahzina Tariq, de 31 años, y Shumail Raj, de 26 (cuyo nombre de mujer es Nazia), se casaron en septiembre del año pasado porque no se dudó que el novio fuera un hombre, tal era su apariencia física. Shumail se había sometido a dos intervenciones de cambio de sexo antes de la boda, aunque las autoridades pakistaníes siguen considerando que es una mujer porque sus órganos genitales siguen siendo femeninos. El caso fue denunciado por el padre de Shahzina ante el Tribunal Supremo de Lahore, que el pasado martes ordenó la prisión preventiva para las dos, mientras juzga un supuesto delito de "actos innaturales", término usado en Pakistán para definir la homosexualidad.

Se trata del primer caso de un matrimonio entre dos personas del mismo sexo en este país. Los países islámicos no suelen ser muy liberales con las personas homosexuales. Al fin y al cabo, no sería distinto en nuestros países si practicáramos un integrismo cristiano. Durante la edad media, y buena parte de la moderna, la separación entre iglesia y estado no estaba fijada en los términos en que lo ha sido después de la revolución francesa. En Europa la inquisición (católica o protestante) campaba a sus anchas, y los herejes, las brujas y los homosexuales eran empleados, con frecuencia, para hacer festivales de carne a la brasa. La religión musulmana se inventó cinco siglos después de la cristiana, que son los que llevan de retraso. Pensemos cómo estábamos nosotros hace cinco siglos y entenderemos cómo están, ahora, en los países islámicos. Pakistán, además, tiene una serie de costumbres tribales que hacen generosas las leyes puramente islámicas de otros países. Los asesinatos por honor, por ejemplo, están muy de actualidad en este interesante país, donde no es extraño que los padres y hermanos de una chica violada, la degüellen porque, habiendo perdido su virginidad, la pobre niña resulta una deshonra para la familia. Posteriormente las autoridades les condenarán a seis días de arresto domiciliario por haber realizado esta travesura.

La niña Shanzina se casó con la chica Nazia, la cual era transexual y estaba en vías de hacer el cambio radical que le permitiría tener un cuerpo masculino. De momento le habían quitado las tetas y, a base de hormonas, le había crecido una abundante barba. Faltaba un pequeño detalle: todavía no le habían puesto pene, pero (ya se sabe, el amor es ciego) este pormenor no resultaba un menoscabo para Shanzina. Las enamoradas se casaron, acreditándose Nazia con el masculino nombre de Shumail.

El padre de Shanzina, ofendido porque la chica no había hecho un matrimonio por convenio familiar, denunció la situación y, en el proceso, se descubrió el pastel. Shumail, no demostraba el pertinente rabo, sino una femenil vulva entre las piernas. A mí, personalmente, no me preocupan demasiado esas cosas, pero el padre de Shanzina se sintió todavía más ofendido si cabe. El tribunal territorial, de momento, ha metido a las chicas en la cárcel. Quizá les ha hecho un favor, pues, en el pueblo, las hubieran decapitado, después de violarlas todos los varones de la tribu, tras afeitar la barba de Shumail para que no se liara con las barbas de los violadores. No sé cómo acabará este asunto, pero me temo lo peor. La ley islámica es bastante dura en estos casos y suele acabar en pena de muerte.

Doy gracias a Alá (el único santo, sabio y misericordioso) por haberme hecho nacer (por fin) en esta región y en esta época. En mis otras vidas, casi siempre acababa asado o degollado.



15 de mayo de 2007    |    1 Comentarios
Infame anestesista

El anestesista Juan Maeso, condenado a 1.933 años de cárcel por 275 delitos de lesiones y cuatro delitos de homicidio imprudente. La Sección Segunda de la Audiencia de Valencia recuerda que el máximo tiempo de cumplimiento de condena es de 20 años. El tribunal le condena además a compensar con cerca de un millón de euros a los afectados, y declara la responsabilidad civil subsidiaria "de todas las indemnizaciones" a la Conselleria de Sanidad. Ignoro si el condenado recurrirá la sentencia, lo que la dejaría en suspenso.

En principio, me parece bien que la Audiencia valenciana le haya encontrado culpable, habida cuenta del rastro genético de virus que fue dejando, desde 1988 hasta 1977. Supongo que recordarán el caso: un médico anestesista, adicto a la morfina la cual se aplicaba mediante inyecciones. En su trabajo de quirófano, substraía dosis de morfina, de la que administraba como complemento a los anestésicos, y se la inyectaba (posiblemente a través del bolsillo) con la misma jeringa y aguja que empleaba en sus pacientes. Con ello les podía contagiar el virus de la hepatitis C (que él padecía) y que, de hecho, quedó demostrado que era la misma cepa que se halló en los infectados.

Durante el juicio se mostró altivo y distante. Negó todo. Durante el juicio, en agosto de 2006, se hizo público un estudio genético sobre la antigüedad del virus que apuntaba al acusado como fuente probable del brote, pero él desmereció a los peritos que declararon en su contra. No mostró ningún signo de aceptación de la responsabilidad ni, mucho menos, de arrepentimiento. Sospecho que, entre los trastornos que facilitaron su adicción, se contaban abundantes rasgos de narcisismo y personalidad antisocial.

La sentencia ha sido acogida con gran satisfacción por las víctimas, que vieron satisfechas todas sus aspiraciones. También yo la he acogido con complacencia. Me considero un enamorado de la profesión médica y un fiel cumplidor de lo que aprendí leyendo a Laín Entralgo, acerca de la relación entre médico y paciente. Me parecería perfecto que, al cabo, la sentencia resultara firme y el infame matarife cumpliese los veinte años merecidos.



14 de mayo de 2007    |    2 Comentarios
Se buscan pederastas

Este es un comentario acerca de una noticia aparecida en la prensa. En La Vanguardia del 15 de mayo se da cuenta de ella. Habida cuenta que, entre mis lectores, se cuenta un notable número de pervertidos, es probable que su lectura sea de utilidad a quienes (de ellos) quieran ofrendar sus testículos a la ciencia médica, sin necesidad de morirse previamente. Mis lectores no pervertidos, hagan caso omiso de este ofrecimiento.

Se busca pederastas reincidentes para ensayar dos medicamentos. Éste es el contenido de un anuncio en internet publicado por un psiquiatra francés, que dirige un ensayo comparativo de dos fármacos que actuarían sobre el deseo sexual, de modo que podrían servir para evitar ataques a menores. El psiquiatra Serge Stoleru, del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica francés, espera reclutar a 48 pederastas que hayan delinquido al menos una vez, pese a recibir tratamiento de psicoterapia o con medicamentos antidepresivos.

El médico admite, en declaraciones a Le Journal du Dimanche,que tardará varios meses en localizar el número necesario de pederastas hayan estado detenidos alguna vez o no - la legislación prohíbe este tipo de ensayos médicos con personas encarceladas-. Para su participación se les garantiza que todos los datos e informaciones sobre ellos serán estrictamente confidenciales. Se ensayará el uso de cyproterona, fabricada por el laboratorio Schering AG, y de la leuprorelina, de Takeda. Estos fármacos se usan en el tratamiento del cáncer de próstata. Actúan para disminuir la secreción de testosterona, hormona masculina que regula el deseo sexual. A diferencia de la castración, estos fármacos tendrían un efecto reversible.

Hace aproximadamente un año fui invitado por mis colegas del hospital Universitario Miguel Servet, de Zaragoza, a cerrar un curso acerca de trastornos de la sexualidad que allí impartían. El tema que me sugirieron era el tratamiento. Me las ví y me las deseé para aportar poco más que datos teóricos acerca del tratamiento de algunas de las “perversiones” que, como la pederastia, constituyen delito además de trastorno. Es relativamente frecuente atender a personas con adicción al sexo, exhibicionistas compulsivos, trasvestistas fetichistas, otros tipos de fetichismo, incluso algunos practicantes del sadomasoquismo “suave” con dudas acerca de su salud mental. Pero todos los pedófilos que he debido visitar, lo han sido a causa de los procesos judiciales en los que se hallaban inmersos y mi actuación era requerido más como perito que como terapeuta.

Una ley permite en Francia desde 1998 obligar a los reincidentes en delitos de pederastia a recibir tratamiento. Otra ley autoriza el tratamiento químico, pero debe ser decidido por un médico y dar el consentimiento el condenado. En España, no sé de ninguna de esas leyes. Uno de los magistrados de la Audiencia de Barcelona, Santiago Vidal, incluye entre sus condenas a los pedófilos la obligación de realizar terapias y cursos de adoctrinamiento en cuestiones sexuales. Lo hace motu proprio, sin que los códigos imperantes lo marquen como normativo. La verdad es que, quizá por ignorancia, no conozco otros casos similares.

El empleo de la cyproterona en estos casos, no es algo nuevo. Se ha ensayado en Alemania, por ejemplo, contando con el permiso de los condenados. Su efecto llega a provocar la castración química, y se reduce la fabricación de testosterona lo que, hipotéticamente, debería frenar (o reducir) el impulso sexual. No me constan estudios anteriores en pedófilos con la leuprorelina.

En los animales, la testosterona es muy importante en cuanto a regular el impulso sexual. Pero, en el ser humano, intervienen otros condicionamientos, entre ellos la experiencia. Los sujetos que, por accidente o tortura, han sido castrados, suelen conservar sus orientaciones y apetencias previas a la castración. Se sabe que los eunucos de los harenes árabes, sometidos a emasculación (extirpación completa del pene y los testículos) eran, a menudo, usados como amantes por las mujeres allí recluídas, y que muchos de ellos conservaban la capacidad de estimulación y orgasmo (no de eyaculación, claro) al ser estimulados en algunos puntos de su cicatriz genital.

Stoleru advirtió contra las expectativas desmesuradas: "Sólo se trata de aportar una herramienta suplementaria en el tratamiento, no es la píldora milagro", dijo. En el ensayo, la medicación se acompañará de psicoterapia. Los médicos aprovecharán para estudiar los mecanismos cerebrales que intervienen en que el interés sexual se dirija a niños. Considero que este estudio complementario será más interesante que los previsibles resultados del ensayo.

Aquellos de mis lectores que se consideren pederastas, y hayan sido (al menos una vez) pìllados, no duden en ponerse en contacto con el Dr. Stoleru. Les darán medicinas gratis y quizá un ejemplar de Lolita como obsequio.