Dudas existenciales
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25 de junio de 2007    |    0 Comentarios
Día del orgullo gay

Sumido en una crisis de introspección, revelo algunas de mis íntimas convicciones.

A cuatro días de la conmemoración del Día del orgullo gay, me complace enormemente manifestar también mi orgullo. Me enorgullece que, en nuestro país y en esta época, cualquiera que se considere gay pueda enorgullecerse de ello, si así le place.

Creo que necesitaremos todavía algunas generaciones para conseguir que la orientación sexual no sea, en absoluto, motivo de discriminación o escarnio. ¿Se conseguirá este objetivo, alguna vez, en los múltiples países donde la homosexualidad es motivo para condenar a penas de cárcel, o a la muerte, a quienes sean considerados homosexuales? Soy escéptico. Si los países donde predicamos laicismo y libertad somos tan generosos en admitir inmigrantes con ideas antidemocráticas, integristas y medievales, acabaremos reimplantando la pena de muerte para personas homosexuales, y legitimando el asesinato de mujeres por honor.

 ¿Soy racista? ¿Soy xenófobo? No, en absoluto. Lo único que repudio es la idea integrista, fanática y la conducta asesina que tal idea ocasiona. Me importa un pito que los anti demócratas sean de una determinada nacionalidad o extranjería. Lo que me importa mucho es que sean anti demócratas y que recurran al asesinato para cercenar nuestras libertades, tan difícilmente conseguidas a lo largo de los siglos.

Siempre he creído que, si existen vidas pretéritas, las mías siempre debían de acabar con algún tipo de tormento y ejecución dictada por los integristas de turno. Los brujos de la tribu, los druidas, los sacerdotes de cualquier dios, solían legitimar al poder. Servidor, que se entiende mal con el poder y con sus legitimadores, acabaría siempre decapitado, asado, lapidado, descuartizado, amén de anatematizado, abominado o excomulgado.

En esta vida, agradezco haber nacido después de la guerra civil española, y haber vivido antes de la siguiente. Bien es verdad que “l’ancien régime” español duró hasta el tercer cuarto del siglo pasado. Pero no es menos cierto que, desde entonces, nadie se ha metido conmigo por pensar como pienso. Nadie con poder, me refiero.

Soy muy inofensivo, por supuesto. Pero, esta circunstancia no limitaría los deseos de quienes deciden sentirse incómodos con los pensamientos de los demás. Agradezco poder ir a la manifestación del día del orgullo gay, aunque me parece que no soy exactamente gay. Soy lesbiana.



25 de junio de 2007    |    1 Comentarios
Nueva droga

Hoy pintan bastos. Lo siento.

Los tiempos cambian tan rápido que las vorágines nos revuelcan casi antes de que, siquiera, las hayamos presumido. La droga más peligrosa del mundo ya no es la heroína, ni siquiera la cocaína en su funesta forma de basuco o crack. La peor droga del mundo se llama Hielo, Batu, Blade, Cristy, Crystal, Vidrio, y diez o doce nombres más. Su nombre técnico: metanfetamina, o, más simplemente, “MET”.

Es fácil de fabricar a partir de un medicamento lícito de venta sin receta, la pseudoefedrina. Fácil, en teoría, pues alguno de los pasos de este proceso da lugar a productos secundarios volátiles, inflamables y explosivos. En USA es muy frecuente que niños fabricándola con sus juegos de química, acaben provocando una deflagración que les deja con quemaduras en un 80 % de su cuerpo, además de provocar el derrumbe de la casa.

Su generoso efecto es multiplicar por seis la cantidad de dopamina que produce el cerebro (la cocaína simplemente dobla esta cantidad) durante periodos de doce horas por dosis (dos o tres la cocaína). A lo largo de este tiempo el consumidor se siente increíblemente bien, más contento que unas pascuas, descansado, hiperactivo, feliz y bienaventurado. La dopamina es el neurotransmisor que, en el cerebro (exactamente en el nucleo acumbens) se segrega liberalmente en momentos de felicidad. Aunque el momento no sea de felicidad, así se percibe si la obligamos a salir mediante las drogas estimulantes.

Si alguien se pasa de dosis, puede sentirse demasiado feliz y sobrepasar el límite de sus capacidades. Ello incluye la presunción de volar si se tira por una ventana, o de calmar la sed bebiendo gasolina, por poner un ejemplo. Si se consume de forma seguida, aparece la tolerancia junto a la reducción de efecto. Ello exige dosis cada vez más altas, si puede ser por vía endovenosa mejor que mejor.

Los que se inician suelen esnifarla cual cocaína o fumarla como si fuera crack. Los que necesitan dosis cada vez más altas se la inyectan, acumulando los desastres de la MET con los propios de los viejos heroinómanos: SIDA, hepatitis, infecciones desde las puntas de los pelos hasta las válvulas del corazón.

En Asia la MET es una droga con usos curiosos. Es típico su uso voluntario entre obreros explotados, los cuales logran trabajar muchas más horas y cobrar unas migajas más. A la larga dejen de trabajar para dedicarse a robar y conseguir el dinero que pasará, íntegramente, a sufragar la droga. Dejarán de mandar dinero a sus familias. Otras oleadas de pobres engrosarán las partidas que la droga vaya desbrozando.

También es corriente su empleo como reforzador (¿recompensa?) en el boyante negocio de la prostitución infantojuvenil. Malaisia y Tahilandia suelen ser los países donde van a parar las niñas secuestradas en las zonas rurales de los países colindantes, drogadas para su transporte (con flunitrazepan seguramente) y con MET apenas empiezan a trabajar, numeradas exhibiéndose en sus seductores (infamantes) escaparates.

Las infelices suelen durar unos cuatro o cinco años. Luego mueren (o las matan) y las hacen desaparecer. Son fácilmente repuestas con perpetuos tropeles de niñas secuestradas o engatusadas (la diferencia es baladí) con promesas de un trabajo interesante de camarera en la capital. Antes eran raptadas (o compradas, o engañadas) antes de los 12 años. Hoy en día se prefieren de 17 años. Son más fáciles de enganchar a la MET y resultan cómodas de manejar una vez iniciadas. Quien se encama con meonas se levanta mojado.

Más o menos a los tres o cuatro años de tomar MET las personas entran en un estado psicótico, con frecuentes delirios en los que creen tener bichos corriéndoles bajo la piel. Se rascan hasta sangrar y sus heridas se infectan con estafilococos causando cicatrices y deformaciones. Sus dientes acumulan caries y podredumbres, con gingivitis piorreicas. Las esclavas sexuales entran en la segunda fase del “usar y tirar”. Se las tira.

En países ricos, donde los consumidores acostumbran a ser cachorros de padres despreocupados o temerariamente optimistas en relación con las costumbres de sus herederos, los niños acaban en la cárcel, estrellados con el coche, trufados con infecciones resistentes o en centros de deshabituación donde logran rescatar a dos de cada diez. Los que no mueren suelen pasar a convertirse en deshechos de manicomio, con interesantes demencias y alucinaciones.

Hay poca MET en España. En Barcelona, al menos, todavía la cocaína sigue dominando el mercado. Los abundantes clanes de suministradores deben de tener acumulados stocks para un tiempo. ¡Ay del día que la MET inicie su galope! Merecerá el nombre de gélido caballo, aún más apocalíptico que el de su deletérea antecesora azucarada y marrón.



21 de junio de 2007    |    0 Comentarios
Rapapolvo de la "consellera"

He pasado unos meses de trabajo muy intenso, que me ha tenido algo apartado del mundo. Vuelvo a mis escritos. Como veis no me he enmendado y sigo haciendo amigos.

La “Consellera de Salut” culpa a la poca conciliación laboral y familiar de la saturación de las urgencias infantiles. La “consellera” dijo ayer que la saturación de las consultas de pediatría por una demanda injustificada, más que por la escasez de pediatras - aunque también se da en algunas áreas-, obliga al Departament de Salut a reordenar la atención pediátrica.

Subrayó que el principal objetivo es reducir las visitas innecesarias al pediatra que, se lamentó, "obedecen a razones extrasanitarias", como la falta de conciliación entre vida laboral y familiar.

La “consellera” olvidó (quizá) que es una “servidora pública”. O sea, que ostenta su cargo para gestionar o administrar alguna cosa (la Salud en su caso) en nombre de los ciudadanos y al servicio de ellos. Tratarnos con reprimendas o admoniciones, al estilo de una maestra (trasnochada) de escuela, lo veo como rebajarnos al nivel de súbditos, “a ver si se comportan y no dan la brasa en los ambulatorios, que los médicos están muy tranquilos si ustedes no van allí a molestarles”. Algo así como “vayan únicamente en caso de verdaderas urgencias”.

Lo malo es que los padres no saben cuando hay verdadera urgencia, más que cuando el profesional, visto el caso, se lo explica. Quizá la señora “consellera “ prefiera casos como el de la familia que esperó más de dos horas el turno, con su hija de 10 meses muerta en brazos. ¡Esto es solidaridad! En lugar de poner el grito en el cielo, esperaron turno pacientemente sin percatarse (eran pobres e ignorantes, a la par que africanos) de que la niña estaba cada vez menos febril y se volvía fría, a la vez que tiesa.

Es una broma (macabra). Ya sé que la señora consellera no preferiría este caso (rigurosamente auténtico). La única solución debe de ser eliminar a los padres pobres y/o ignorantes que se pasan de alarmistas o de optimistas. De momento se les dan rapapolvos y sermones. A ver cuando aparecen los escarmientos y los bufidos.

¿No sería mejor aleccionar al personal? Unas campañitas acerca de los principios de la salud infantil podrían ser interesantes, como lo fueron en su momento las que incitaban al uso del condón (póntelo pónselo). La gente (mala) debió de hacer caso omiso, y ahora están cargados de críos que se empeñan en enfermar.

Bien es verdad que no toda fiebre con dolor de cabeza es una meningitis, pero, si los padres no lo tienen claro, nuestra sanidad (que los responsables proclaman como universal, gratuita y de excelente calidad) debe estar dispuesta a tener los medios adecuados para responder a la demanda.

Hacen falta más pediatras. La “consellera” da la culpa a la administración anterior que no planificó bien la cosa, sin acordarse de que “su” administración ya lleva más de cuatro años sin hacer nada para enmendarlo. Aquí reciben todos, súbditos y gestores de distinto plumaje.

La “consellera” es de izquierdas, curiosas gentes que (al menos en Cataluña) consideran estar en posesión de la verdad, la bondad y el progreso. ¿Será por eso que no son nunca capaces de admitir un error, y se escudan (con cara de malas pulgas) en que los demás somos tontos o malos?

Su supremo desdén fue señalar que las horas que colapsan las urgencias son entre las 6 y las 8 de la tarde, cuando los padres han terminado el trabajo (viciosos que son, que trabajan los dos) vuelven a casa para ocuparse de los niños, y les entran ridículos temores si los encuentran febriles, con mocos o con convulsiones.

Lo malo de algunos “sirvientes públicos”, la “consellera” entre ellos, es que, a final de mes, cobran lo mismo hagan lo que hagan. Cuando (al fin) les echan, les suelen dar canonjías, prebendas o consejos de administración. Le sugiero que un día vaya de incógnito con un niño pequeño (no hace falta que sea hijo suyo, lo puede alquilar a los gitanos rumanos que alquilan niños para pedir por la calle) y compruebe en sus carnes la “alta calidad” de su medicina pública.

Yo obligaría a que todos ellos (los gestores públicos, no los gitanos rumanos) se visitasen SIEMPRE en la medicina pública, soportando listas de espera de 6 meses para una visita (en trastornos alimentarios de un hospital, por ejemplo) y que llevasen sus niños a escuelas públicas (ni siquiera concertadas) en un suburbio cualquiera. Quizá empezarían a arreglar las cosas, en lugar de (acomodadamente) reñirnos.