Dudas existenciales
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28 de diciembre de 2007    |    0 Comentarios
El obispo locuaz


El incitante jerarca

Hoy, día de los Inocentes, he debido hacer un esfuerzo para creerme las recientes declaraciones, hechas por el obispo de Tenerife Bernardo Álvarez, al periódico La Opinión de Tenerife, en las que se explaya respecto al abuso de menores y a la homosexualidad.

Respecto al abuso de menores, dijo: “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 12, 13, 14 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.

He recordado un viejo chiste acerca de un acusado por escándalo público, que es interrogado en su juicio. Pregunta el juez: “¿Pero cómo pudo usted cometer impudicias con una gallina en medio de la plaza mayor?” Responde el acusado: “Verá señor juez, yo estaba tranquilamente sentado en un banco cuando la gallinita empezó a pasar por delante mío haciendo ‘cocoricó, cocoricó’, y así una y otra vez, ‘cocoricó, cocoricó…’ ¡y uno no es de piedra, señor juez!”

La excusa del acusado de sevicias gallináceas es de uso común en muchos de los abusadores en general, y de pederastas en particular. “Yo no quería, señor juez, pero la niña (o el niño) se me insinuó” es un socorrido recurso de muchos pedófilos. No suele colar, por supuesto.

Las condiciones para que algo sea pederastia son: el menor, niño o niña, no llega a los 13 años, el pederasta es mayor de edad y tiene un mínimo de cinco años más que su víctima. En estos casos no se admite el consentimiento por parte del menor, y, mucho menos, la incitación.

La frase “si te descuidas te provocan” es muy resbaladiza. Seré bueno y entenderé ‘provocar’ en su acepción de ‘intentar la excitación sexual de alguien’. Si me pusiera tonto y quisiera entender que “provocar” es “hacer que una cosa provoque reacción en otra”, el señor obispo saldría malparado. Una cosa es que le intenten provocar, y otra, distinta, que alguien se sienta provocado y perciba su propia reacción (¿eréctil?). Se me ocurre otra frase más o menos lapidaria: "si te descuidas hablas más de la cuenta".

Con respecto a la homosexualidad, Álvarez señala que ésta “perjudica a las personas y a la sociedad” y la equipara a las agresiones sexuales: “la persona práctica [la homosexualidad] como puede practicar el abuso de menores. Lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta”.

Su experiencia en actos sexuales, ¿es suficiente para dictar la atracción de la novedad? Para un castísimo obispo, la novedad ¿no debería ser hasta el hecho de sacudírsela tras orinar? Otra cosa: ¿Cuál es el perjuicio para las personas y para la sociedad? ¿Por qué la homosexualidad se equipara a la agresión? ¿Acaso los homosexuales montan partidas de caza contra los que tienen gustos distintos? ¿Detienen a los heterosexuales, les juzgan y les cuelgan? ¿No es más bien lo contrario en más de 80 países de la tierra?

El único “perjuicio” que se me ocurre es la falta de procreación, que podría redundar en el mantenimiento de la especie. ¿No es también un atributo de los célibes? ¿Arzobispos, curas, monjas y otros virtuosos de la continencia, no resultan también un peligro para la sociedad? ¿No son destructores de las leyes naturales del apareamiento? ¿No transgreden la pervivencia de la especie y la sagrada función de la familia?

Ante la pregunta del reportero de La Opinión sobre si hay que orientar la sexualidad, el obispo comentó que “No se puede dejar a las personas libradas a lo que salga, ¿por qué no hacemos lo mismo con la violencia o con otros impulsos que tiene el ser humano?”

¿No peca el pastor de relativismo, cuando no de contradicción interna? Jesucristo, que predicó mansedumbre, ¿no acabó dando de latigazos a los pobres mercaderes del templo? ¿No torturaba la Inquisición a los herejes y judaizantes? ¿No se despanzurraba a los islamistas en el sagrado nombre de las Cruzadas? ¿No hacían "lo que les salía"?

Creo que los límites debe ponerlos el respeto a los derechos de los demás. Me fastidia que, en nombre de un “bien superior” (sea la patria o cualquier Dios) se ataquen los derechos humanos (vida, dignidad, integridad, libertad) con la excusa de que el pretendido “bien” es de superior cuantía al bien individual de las personas.

Si un señor se enamora de otros señores (o una señora de otras señoras) y deciden solazarse con personas que compartan esos gustos, de forma libre y respetuosa, ¿en nombre de qué les deberán considerar malhechores? ¿Quién debe fijar las maneras de “orientar la sexualidad”?

Tengo para mí que no será una camarilla de célibes que, en cuanto a sexualidad, tocan de oído. Ni una estructura cuyos dirigentes, al menos en Estados Unidos, acaparan escándalos pederásticos de forma harto generosa.

“No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de la persona” dice el epíscope. Esto es verdad. Tampoco el sacerdocio, ni la religión.  Es sacerdote quien se decide a serlo porque considera que esa es su orientación vital. Es católico quien considera que ello le reporta un beneficio. Es homosexual también quien considera que esta es su orientación. Bien es verdad que, en ocasiones, ambas orientaciones coinciden. Pero no son “necesidades existenciales de la persona”: solamente lo son para los que así lo consideran. Lo mismo pasa con la castidad o con el celibato. Son opciones. No seré yo quien diga lo contrario. De la misma manera que jamás me voy a oponer que el señor obispo sea obispo o católico, le pido a él que no se oponga a que otras personas sean no católicas, homosexuales o (como el que escribe) que no sean casi nada, escépticos hasta con su propio escepticismo.

En suma, me resulta grato disentir del señor obispo, o coincidir con él. Me place exponer mi distinta manera de ver e interpretar las cosas. Debo respetar lo que él opina, y expongo lo que opino yo, para que sea igualmente respetado.



22 de diciembre de 2007    |    2 Comentarios
Depresión invalidante


Job a punto de ser comido por la ballena

Un artículo (firmado por Pilar Quijada) en larioja.com acerca de la depresión, cita palabras de Juan José López-Ibor destacando que este trastorno del estado de ánimo será la principal causa de discapacidad en el año 2020, sólo superada por las enfermedades cardiovasculares, y que en la Comunidad de Madrid ya se ha producido esta escalada. En concreto, la depresión unipolar (la más habitual), es responsable del 10,2 por ciento de los casos de discapacidad, un punto porcentual por encima del abuso del alcohol (4,7) y la degeneración cerebral y demencia (4,5) juntas.

Los síntomas que la definen son: estado de ánimo deprimido (tristeza, vacío, llanto. En niños y adolescentes, irritabilidad); disminución del interés por actividades placenteras; insomnio o hipersomnio, agitación o enlentecimiento psicomotor; fatiga o pérdida de energía; sentimientos de inutilidad o culpa; dificultad para pensar, concentrarse y tomar decisiones, y, en ocasiones, pensamientos recurrentes de muerte o suicidio. Llegar a este estado supone un largo proceso, semejante a deslizarse por un plano inclinado, como explica el doctor López-Ibor: «La persona que empieza a notar los primeros síntomas no se da cuenta de la trampa en la que está cayendo y poco a poco le va arrastrando». El resultado es «la pérdida del sentido de la vida y de la existencia», señala. Y propone a Job como prototipo de «persona que no se deprime a pesar de circunstancias muy desfavorables en las que la mayoría de nosotros habríamos sucumbido.

«Lo que traduce el libro de Job es el esfuerzo de una persona para encontrarle sentido al sinsentido y al sufrimiento».

Me parece muy bien que Juan José acuda a Job para citar un ejemplo de quienes no padecen depresión, pero no estaría de acuerdo con él si se tratara de proponer la resignación como medio de afrontar las dificultades.

En esta vida afrontamos contingencias que dependen de nosotros, y otras que no dependen de nosotros. Algunas contingencias contienen elementos de un tipo y de otro. Sea como sea, hay cosas que podemos cambiar con nuestros actos, y cosas que no podemos cambiar con nuestros actos. Esto ya lo dejó escrito Epicteto en el siglo I, y forma parte del cuerpo doctrinal estoico.

Si las dificultades se deben a obstáculos que nosotros podemos modificar con nuestros actos, se tratará de hacerlo. Si son no modificables con nuestros actos, deberemos hallar la mejor manera de afrontarlas (sin transformarlas) y esto incluye tres posibles estrategias:

Primera: Evitarlas, si es factible hacerlo. Por ejemplo: plantear un divorcio en caso de dificultades insalvables por uno solo de los cónyuges. No siempre es una salida positiva: imaginemos un torero que huya de la plaza cada vez que le sale un toro que considera demasiado difícil.

Segunda: Resignarse. En el ejemplo taurino, arrodillarse el torero y dejar que el toro haga lo que le plazca, incluso cornearle. Bien es verdad que, en ocasiones, no hay solución menos mala. Por ejemplo: te diagnostican un cáncer de páncreas con metástasis hasta en las uñas. Haz testamento y despídete de la familia.

Tercera: Salvar los muebles. Buscar los elementos que dependen de uno mismo, y aprovecharlos al máximo, según casos. Lo mejor que puede hacer el torero es torear. No todas las soluciones son eficaces, pero siempre habrá una que es menos mala que las demás.

Si alguien padece una depresión, ninguna de las posibilidades le parecerá buena. La “resignación” de un depresivo me recuerda demasiado la actitud de las cebras que, ante un león, cierran los ojos, se tumban detrás de una plantita y esperan a que el león se despiste. La respuesta de la cebra es un remedo de la búsqueda de refugio, atávica, que practican las cebras pequeñitas cuando, si se huele a león, se meten debajo de sus papás.

Jodida respuesta cuando ni eres pequeñito, ni hay papás cerca. De manera que, más que recomendar actitudes bíblicas, lo recomendable es que las personas con depresión sean diagnosticadas cuánto antes, y tratadas de la forma certera.

En los centros públicos de salud mental no es infrecuente que te hablen de un 50% (o más) de “depresiones resistentes”. La definición más empleada es: “Depresiones que no mejoran tras seis semanas de tratamiento antidepresivo a dosis terapéuticas”. A veces se añade que las dosis terapéuticas son las equivalentes a 300 mg/d de imipramina.

La pena es que las “depresiones resistentes” requieren actuaciones que incluyen la intensificación de las dosis, la asociación de diferentes antidepresivos y la introducción de potenciadores de la acción de estos. El último recurso suele ser el electrochoque. Con un manejo adecuado de tales estrategias la proporción de “resistencias” puede bajar a cifras muy interesantes (alrededor de un 5%).

En mi opinión no hay tantas depresiones resistentes, sino psiquiatras desangelados. Las pautas de tratamientos intensivos incluyen el empleo de dosis que superan las que el prospecto recomienda. Si el centro de trabajo tiene un “protocolo” donde se impide sobrepasar las dosis del prospecto, la pauta de “intensificación” ya no es factible. Sospecho quer, para algunos, debe de ser cómodo decirle al paciente que lo suyo va para largo, y dejarle en un estado penoso que, a la larga, será un impedimento significativo para el trabajo.

Muchos depresivos crónicos son pacientes mal tratados, en el sentido de que no se han agotado las posibilidades de tratamiento que una depresión resistente precisa. Son los que van a engrosar las cifras de personas con bajas largas, que a los 18 meses serán evaluadas para pasar a invalidez, o para ser dadas de alta para trabajar.

Lo perverso es que la misma administración sanitaria que les ha condenado, al no facilitarles la asistencia adecuada, será la que, en ese momento, les haga pasar por organismos de “evaluación médica” donde, en una inmensa parte de los casos, se les negará la invalidez alegando que su enfermedad es curable.

En Cataluña, que es lo que conozco, el paciente debe enfrentarse a una serie de esbirros que maltratan a los dolientes, y a una cuadra de paniaguados que diagnostican (en 15 minutos) que el sujeto no está tan mal como parece y que su cuadro clínico es tratable. Les mandan a trabajar al día siguiente, y nadie les ofrece mejor tratamiento.

Ni los peores capitalismos decimonónicos podían haber soñado mejores condiciones que las que deparan nuestros dirigentes "progresistas". Los pobres depresivos crónicos no sabrán defenderse, y los que vuelvan a sus trabajos irán siendo despedidos. Los menos con un arreglo económico. Los más, a base de sanciones por baja productividad o por absentismo.

Entre los que aconsejan resignación, y los que actúan como comisarios políticos (de no se sabe qué) no me extraña que lleguemos como llegaremos al 2020.



20 de diciembre de 2007    |    0 Comentarios
Ideas para código ético militar


"Le amenazó con la pistola..."

Tirando de hemeroteca he hallado antecedentes en cuanto a tenientes con manos largas y mujeres soldado palpadas con finalidades estimativas a la par que impúdicas. Viendo que el código militar acaba penando a los superiores jerárquicos acusados (a penas sustantivamente razonables, desde el punto de vista castrense) tengo para mí que deberían modificar los reglamentos para que las chicas tuvieran también su parte de castigo como "colaboradora necesaria" para el llamado delito.

Al pairo de las noticias acerca del ex-teniente (ahora es capitán) que manoseaba a sus pupilas aspirantes a reclutas, he recordado anteriores glorias militares acaecidas en nuestra Patria. Una aspirante a soldado profesional había revelado que su teniente la llevó a un descampado y le propuso efectuar una ‘prueba de frío’. Le ordenó desnudarse, amenazándola con arrestarla si no lo hacía. Sucedió, en mayo de 2000, en unas instalaciones de El Piornal (Cáceres), según la condena de cinco meses de cárcel que confirmó el Tribunal Supremo.

Se produjo un cierto escándalo cuando la vejada, una vez dictada la sentencia del supremo, amplió las acusaciones que hizo durante el juicio y aseguró que también fue violada. Entrevistada en televisión (Antena 3) la militar aseguró que no había denunciado antes lo de la violación por miedo a posibles represalias, ya que fue objeto de amenazas por parte del oficial, mediante llamadas telefónicas y seguimientos, que se extendieron a su familia. "Me dijo 'quítate la ropa, quítate la guerrera, que es una orden, quítate todo', hasta que me dejó desnuda. Él me violó", declaró.

El teniente había sido condenado por vejación, aplicándosele atenuantes de embriaguez y de arrepentimiento espontáneo. Al parecer, el letrado defensor (militar) del teniente arguyó que “en los tiempos que corren, eso de mostrarse una chica desnuda no es nada raro. Muchas chicas exhiben su desnudez en espectáculos y playas”. Vaya con el defensor. Para apoyar su declaración debía haber acudido empelotado al tribunal, y, de paso, solicitar al juez militar que se sacase la minga, lo que, en estos tiempos que corren, no pasa de ser una travesura, una chiquillada, que muchos varones van por las playas enseñando rabo. Me gustaría ver si esta defensa habría colado en el caso de que la señora obligada a mostrar sus gracias a punta de pistola hubiera sido la esposa de un general.

La chica soldado dijo también: "Él llevaba un arma encima, yo no. Ese mismo día teníamos prácticas de tiro, me dijo que tuviera cuidado, no fuera a ser que tuviera un accidente, una bala perdida por ahí. Después amenazó con matar a mi familia. Incluso hubo dos personas siguiéndome por mi ciudad preguntando dónde vivía. La verdad es que tenía mucho miedo", agregó, para justificar por qué ha guardado silencio hasta ahora.

"Llegué a intentar suicidarme en varias ocasiones, no lo superaba, y tampoco lo he podido superar. Aunque en estos momentos me siento con más fuerzas para que se sepa lo que ocurrió en realidad. Me sentía fatal porque tuve que decir una cosa que no fue verdad y quería que se supiera la verdad porque esa cosa me quemaba por dentro", agregó.

El estamento militar, fiel a su filosofía jerárquica, y sus tradiciones, debería haber aplicado los diez mandamientos que permiten castigar a las soldados lenguaraces en este tipo de casos. El castigo podría justificarse por:

1. Primero por no haber hablado antes.

2. Segundo, por haberlo hecho ahora.

3. Tercero, por no reconocer que, en el fondo, le gustó que la sobara un superior.

4. Cuarto, por no haber ido desnuda a las prácticas de tiro, tal como debe de ser habitual ‘en los tiempos que corren' según la retorcida mente del abogado defensor militar.

5. Quinto, por cojones.

6. Sexto, por galones.

7. Séptimo, por ir a la fiesta donde el teniente se emborrachó, vestida de uniforme, con lo sensibles que son los pobres tenientes a este tipo de fetichismos.

8. Octavo, por no haberse suicidado cuando era lo oportuno.

9. Noveno, por explicar secretos militares a la prensa.

10. Décimo, por no haber especificado que el arma del teniente honraba sobremanera al ejército español, cuyos miembros (viriles) donde no llegan con la mano, llegan con la punta de la espada.



19 de diciembre de 2007    |    0 Comentarios
Psiquiatras abortistas


Antiabortismo gallináceo

No vayamos a enfadarnos. Cuando coloco un artículo en la carpeta de "Parodia/nonsense" lo hago a conciencia. Vigilen los integristas de la literalidad, que (bien que ellos lo ignoren) la ironía existe.

Uno de los dos psiquiatras detenidos el lunes por su supuesta implicación en la trama de abortos ilegales descubierta en Barcelona admitió tras su arresto que había firmado informes psicológicos de pacientes después de que se practicaran las intervenciones quirúrgicas, según han confirmado fuentes judiciales.

Según sueltos de la agencia europa Press, Fernando Corroto, psiquiatra con consulta privada, trabajaba a sueldo para Morin. Acudía a las clínicas de lunes a viernes para firmar, pero no visitaba a las mujeres. El otro psiquiatra arrestado, Pasqual Javier Ramón Mora, trabajaba en el consorcio hospitalario de Terrassa y en la cárcel de Can Brians. Este médico solo acudía a los centros un sábado de cada dos. Firmaba, cobraba y se iba.

No he encontrado a estos caballeros en el listado del colegio de médicos de Barcelona. O no están colegiados, o no son médicos o el listado del colegio es una birria o yo no sé buscar en listados. Sea como sea, estos eran los sujetos que firmaban los certificados de locura (o así),

Normalmente los psiquiatras hacemos estudios completos de los pacientes a los que debemos tratar. Uno de estos procesos viene a ocupar unas dos horas de entrevistas para la confección de la historia clínica y la exploración psicopatológica, más unas seis (o más) horas de exploraciones psicológicas (tests, cuestionarios, rating scales, etc.) seguidas de unas cuatro horas de trabajo en equipo para integrar los datos y confeccionar un plan de acción terapéutica.

Resulta patético que, en los centros abortistas, la consulta psiquiátrica (si se hacía) se ventilaba en un tiempo muy inferior. No nos escandalizaremos en exceso. La Administración sanitaria pública, a través de sus sistemas de evaluación médica, consigue que se valore la pertinencia de una invalidez laboral en exploraciones de quince a treinta minutos.

Los informes sobre el estado mental de una candidata a la interrupción voluntaria del embarazo son una cuestión previa ineludible antes de que pueda realizarse un aborto alegando problemas de salud mental para la madre. La firma de expedientes psiquiátricos una vez practicada la operación no sólo puede contravenir la ley sino los estatutos generales de la Organización Médica Colegial, organismo que agrupa a los colegios médicos de toda España. Falsedad documental se llama la figura. Según y cómo, puede tratarse de un claro delito como falsedad en documento público.

Ambos psiquiatras (o lo que sea) han salido niños cantores. Han decidido colaborar, según fuentes conocedoras del caso. El reconocimiento del psiquiatra de Brians de que ha firmado en el pasado informes psicológicos después de que la paciente ya hubiera sido sometida a la intervención quirúrgica se interpreta en medios judiciales como una especie de confirmación final de una actividad presuntamente irregular que ya estaba suficientemente probada con las diligencias practicadas hasta ahora. Sin embargo, el testimonio de este psiquiatra podría comprometer la posición de los ginecólogos supuestamente implicados en la trama de las clínicas del doctor Carlos Guillermo Morín, pues supondría la confirmación de que practicaron intervenciones sin la documentación previa necesaria.

Las noticias de la agencia son muy detallistas. La toma de declaración de los dos psiquiatras se inició poco después de las 12 horas de ayer. A mediodía se hizo una pausa y se dio de comer a los detenidos bocadillos de butifarra blanca, acompañados de un litro y medio de agua para cada uno. La butifarra blanca es un embutido catalán cuya carga de colesterol podría elevar a categoría de tortura su empleo en las dependencias policiales. Bien es verdad que el jamón ibérico debe de estar proscrito en estas zonas tan mediatizadas por nacionalismos aldeanos. Seguro que el agua era de algún manantial pirenaico oriental.

Por la tarde, los investigadores, además de continuar con las tomas de declaración, tuvieron tiempo de revisar los documentos intervenidos en el domicilio del psiquiatra de Brians. La entrada y registro en su domicilio de la calle Almogàvares (mención a tropas mercenarias de piratas y saqueadores catalanes, que pasaban a cuchillo a todo bicho viviente que no hablase catalán) se llevó a cabo el lunes a última hora de la tarde. Se hallaron informes psicológicos cuya relevancia o relación con el caso está todavía por determinar. Fuentes conocedoras explicaron que, salvo sorpresas, no van a realizarse más entradas y registros, del mismo modo que es poco probable que haya más detenciones.



14 de diciembre de 2007    |    1 Comentarios
Proteína amiloide y VIH


Maldita proteína

Noticia aparecida hoy en el priódico El Mundo: Investigadores españoles y alemanes han dado con una de las claves que explica la transmisión sexual del VIH. Se han topado, casi sin pretenderlo, con que un ingrediente del semen aumenta la capacidad del virus para infectar al organismo y facilita su propagación. "No esperábamos encontrar un ingrediente potenciador en el semen y menos con tanta fuerza, por lo que estamos muy sorprendidos con el descubrimiento", ha declarado Frank Kirchhoff, de la Universidad de Ulm (Alemania) y coordinador del estudio, que se publica en la revista 'Cell'.

La proteína, llamada SEVI, adopta espontáneamente una forma amiloide (similar a las proteínas de algunas demencias degenerativas). Se da en el semen de todos los hombres, y es responsable de facilitar la entrada del VIH en las células y de propagarse por el organismo.

Esto vendría a explicar la facilidad del VIH para transmitirse mediante intercambio de fluidos, de los que el semen, sin duda, es el más intercambiado en toda clase de actividades sexuales que provoquen la eyaculación masculina.

Los investigadores de este trabajo, explican que la eficacia del virus para propagarse por la vía sexual es pobre, pues el riesgo de que se produzca el contagio de hombre a mujer a través del coito es de uno por cada 2.000 relaciones. Para mí, lo sorprendente es que con la necesidad de 2000 coitos para conseguir una infección, mucho han de practicar (tanto los hombres infectados como las mujeres candidatas) para llegar a las cifras de infección que vemos en todo el mundo, pero muy especialmente en África.

Aún contando con que se trate de "metisacas", a minuto y medio por coito se han de invertir 50 horas, de forma intensiva, en la tarea. Bien es verdad que si se practican actos que faciliten contacto con heridas, mucosas laceradas o desgarros, la eficacia llega al 3%. O sea, una infección cada 33 empinamientos.

Contando que en ciertos ambientes gays (en San Francisco, a finales de los 80) el número de contactos promiscuos (con intercambio de fluidos) se cifraba en 20 diarios, cabalgando sin silla (sin preservativo) queda más claro el panorama. Pase lo que pase con la proteína de marras, no se olviden la gomosa protección si van de juerga a practicar el riesgo.



10 de diciembre de 2007    |    0 Comentarios
Es hora de morir


Roy en la lluvia

La Generalitat pagará por un suicidio en un psiquiátrico (Noticia de La Vanguardia, firmada por Santiago Tarín).

Una juez de Barcelona ha condenado a la Generalitat a indemnizar con 270.000 euros a la familia de un enfermo psiquiátrico que se suicidó estando ingresado en un centro concertado con el Servei Català de la Salut. El joven, que tenía 27 años cuando falleció, padecía esquizofrenia y se hallaba internado por orden judicial. Estaba diagnosticado de politoxicomanía además de la psicosis (con delirios y alucinaciones). Se sabía que escapaba de cualquier control para conseguir cola e inhalarla y había manifestado ideas suicidas.

El año 2001 la dolencia le dominó, y su hermana denunció a la policía la situación. El juzgado de Mataró, tras conocer la opinión del forense, decretó su internamiento en un centro. La Administración le dio plaza en una clínica concertada en Arenys de Munt, donde quedó recluido el 14 de marzo del 2001.

En abril, tras una salida con su hermana, al regresar al centro, ella comunicó que el paciente había comprado cola. El personal de la clínica consiguió que el hombre entregara una parte, pero luego se puso nervioso y fue llevado a una habitación de aislamiento, en la parte alta del edificio. Cuando fueron a buscarle para comer, lo encontraron ahorcado en la habitación, teniendo anudada al cuello la sábana de la cama, que estaba atada a la verja exterior de la ventana, abierta.

La Administración desestimó la reclamación de la familia, y se llegó al juzgado de lo contencioso. Al cabo la magistrada condena a la Administración y ordena pagar 110.000 euros al padre, 45.000 euros a cada una de las hermanas y 25.000 euros a la hermanastra. En total, 270.000 euros.

En la argumentación, la juez dice que "vista la patología del fallecido podía resultar previsible, ya que desde luego entraba dentro de lo razonable, el suicidio", por lo que hubo "una falta de cuidado de la Administración en su actuar y esa omisión tanto de valoración del riesgo previsible como de los medios materiales fue la que supuso en definitiva, y por medio de la autólisis, el fallecimiento". En opinión de la magistrada, se debería haber adoptado "medidas de control, vigilancia y custodia exhaustivas".

Siempre es motivo de preocupación el que nuestros pacientes se puedan suicidar, pero resulta que ahora podemos ser condenados si estos, por su cuenta, se empeñan en pillar el coche fúnebre en marcha. Cuando vemos depresivos graves, esquizofrénicos, alcohólicos y politoxicómanos, resulta (juez dixit) que siempre “entra dentro de lo razonable, el suicidio”.

Escribiendo a base de hipérbaton (o transposición) al estilo de la juez, diremos que sería mejor pensar en, más que razonable, posible. Razonable quiere decir arreglado, justo, conforme a razón, mediano, regular, bastante en calidad o en cantidad y racional.

¿Qué significado quería emplear la juez al emplear el polisémico complemento? ¿Era el suicidio una solución conforme a razón? ¿Bastante en cantidad o calidad? ¿Racional? ¿No incorpora tal aseveración una especie de justificación para el suicidio al considerarlo una opción lógica? También señala la jurista que se debería haber adoptado "medidas de control, vigilancia y custodia exhaustivas”.

Me encantará que Su Señoría, tan bregada en estas cuestiones como para señalar que las cosas se deberían haber hecho de otra manera, explique a los pobretes mortales, que bajo su poder (judicial) pacemos, los arcanos que a ella deben de haberle sido revelados.

¿Cómo se hace para adoptar "medidas de control, vigilancia y custodia exhaustivas" que impidan el “razonable” suicidio? ¿Acaso manteniendo a los pacientes en contención total, atados de pies, manos y tronco? Yo he visto a pacientes de esa guisa desmontar (no me pregunten con que técnicas de Houdini) las correas e intentar el suicidio metiendo los dedos, previamente remojados, en un enchufe. A otro ahorcarse atando dos cordones de zapatos, unidos, a un barrote de la cama, hacer un lazo en su garganta y tirándose bruscamente al suelo. Un caso legendario (del IMPU  de Barcelona, Instituto Municipal de Psiquiatría Urgencias) escapó del preventorio saltando tres vallas, acudió a casa de sus padres y, tras ultrajarles, se tiró por la ventana. Más adelante los padres y un hermano apalizaron al director del IMPU y, como saliera vivo, le denunciaron por la consabida “falta de cuidado de la Administración en su actuar y omisión de valoración del riesgo previsible”.

Me está entrando complejo de “replicante” de “Blade Runner”. “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.” (escena de culto con el fin de Nexus-6 o Roy Batty, Rutger Hauer el actor).

En el caso del IMPU, el juez pidió peritos por el método de la insaculación para que le valorasen o razonasen ese asunto del riesgo. Por este procedimiento (que los castizos llaman dar por el sáculo) me premiaron en esa especie de lotería babilónica. Hice un informe para el juez, en el que exponía las medidas que podrían impedir, hasta toda expectativa razonable, el suicidio:  consistían en atar con cadenas al paciente, en óptimo grado de desnudez (no fuera a esconder algún apero) y a ser posible en una columna que sirviera de pilar maestro. A su lado y en círculo, como participantes en un baile ritual indígena llamado sardana, suficientes celadores como para comprobar, las veinticuatro horas del día y desde todos los ángulos posibles la bondad del doliente en cuestión de intenciones. Se le alimentaría a la fuerza y se le haría evacuar las necesidades sin desencadenarle. Los lavados, a golpe de manguera.

¿Hallará la trasponedora juez mejor, por no decir artificio, amaño?

El juez del caso IMPU se sintió conmovido por mi informe técnico y sobreseyó el caso. La instancia superior compartió el sobreseimiento. Veremos lo que dicta la instancia superior cuando este caso (recurrible) se recurra.

Estoy cansado. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.



7 de diciembre de 2007    |    2 Comentarios
Condenado militar


El amor militar debe ser casto y puro

Noticia en la Cadena SER: “El Tribunal Supremo ha condenado a un teniente de la academia de suboficiales de Talarn (Lleida) a 16 años y siete meses de prisión por abusar sexualmente de 28 reclutas. Sus víctimas, todas mujeres, eran aspirantes a entrar en el Ejército mediante las pruebas de formación en la academia logística de Zaragoza. En noviembre de 2006, el Tribunal Militar Territorial le condenó y él recurrió, y ahora -un año después- el Supremo ratifica la condena de 16 años y 7 meses de prision. Pero, mientras tanto, este teniente ha seguido en activo, según ha confirmado el Ministerio de Defensa, dado que la sentencia -alega el Ministerio- hasta ahora no era firme. Este teniente ha venido trabajando durante este tiempo en la Academia de suboficiales de Talarn.”

El ahora condenado era el superior, tutor y evaluador del periodo de formación de las 28 víctimas en la Academia logística de Zaragoza, en Calatayud. Las reclutas intentaban entrar en el Ejército a través de esa academia. Entre otros abusos, el condenado les practicó tocamientos y las obligó a simular que mantenían relaciones sexuales con él.

El teniente, buen español, hombre probo y militar bizarro, procuró en la instrucción hacer honor a los chusqueros inmortalizados en películas como “La chaqueta metálica”. El título de esta cinta (“Full metal jacket”) alude a la funda metálica de las balas empleadas en las armas automáticas, una de las cuales el “recluta patoso” inserta en su sádico instructor tras haber recibido todas las humillaciones habidas y por haber. En castellano se les llama “balas con camisa metálica” pero la búsqueda de tal apelativo podía haber causado embolias a los pinches que ofician como traductores de títulos cinematográficos en nuestro país.

El teniente español debió de emplear nombres más castizos al prodigar motes a sus pupilas. “Recluta tetuda” o “Recluta churri” podían estar, sin reparos, en su lista de gracias. Para entrenarles a resistir afrentas, les sometió a tocamientos, desnudeces, encamamientos y simulacros de toda clase de violaciones y ludibrios.

Al cabo, algunas de las chicas decidieron saltarse la cadena de mando y denunciar los curiosos métodos de entrenamiento de su aguerrido teniente.

De nada le sirvió a este alegar que había mantenido en alto el pabellón del soldado español, y que la virilidad del ejército había sido enarbolada con el honor que merece la santa madre patria.

Admitió haber actuado con dureza (la blandura no hace al miembro militar) pero lo hizo por el bien de sus alumnas, las cuales estarían bien preparadas si, en el fragor de un combate, fueren apresadas por legiones de moros o, Dios no lo permitiera, de senegaleses.

De nada sirvieron sus razonadas explicaciones. El tribunal de primera instancia le condenó a 16 años y ahora el Supremo ha ratificado la condena. Para el Supremo, la conducta del teniente 'entraña la gravedad suficiente' como para confirmar la condena, teniendo en cuenta 'no sólo la naturaleza de los actos indignos y absolutamente reprochables que integran el comportamiento del recurrente y que éste se produzca desde el prevalimiento (sic) de su jerarquía militar, al ser superior'. 'Esta circunstancia, que hace más reprobable la conducta del acusado, también comporta una situación más humillante para las ofendidas, al recibir un ataque a su intimidad y su libertad sexual que no podían esperar, por provenir la ofensa de quien era responsable de su formación y calificación, y venía por ello más obligado, si cabe, a respetarlas', añade la sentencia.

El Supremo recuerda la sentencia de primera instancia y señala que, dada la inexperiencia de las víctimas en el ámbito militar y su temor a posibles represalias que les impidieran superar la fase de formación, se veían obligadas a soportar 'las arbitrarias apetencias libidinosas' de su superior, pese 'al asco, desagrado y humillación que les producían'.

Ahora, con la sentencia en firme, esperamos que el condenado teniente sea cambiado de destino. Dada su experiencia y el honor que se supone a los soldados españoles, podría repetirse con él la distinción que, en su momento, se le otorgó al exdirector de la Guardia Civil, Roldán, en cuanto a pasar su condena en una cárcel de mujeres (para evitar ser despanzurrado por los otros reclusos). Podría ayudar en tareas de formación.



5 de diciembre de 2007    |    5 Comentarios
Negación de asistencia


Dispensario modernillo

Noticia de La Vanguardia del 4.12.2007, bajo la firma de SANTIAGO TARÍN. “El fiscal quiere llevar a juicio a dos médicos del dispensario de Peracamps, a una enfermera y a una recepcionista del centro y les acusa del delito de omisión del deber de socorro, por no atender a un bebé de nueve meses que tenía convulsiones y que fue trasladado finalmente por un coche de los Mossos d´Esquadra al hospital del Mar.”

No voy a ser yo quien conculque la presunción de inocencia a los médicos, enfermera y recepcionista encausados. Cuando un médico es juzgado, todos los médicos somos un poco juzgados. De manera que mis deseos van por el camino que culmina en la absolución de los acusados y su libranza de las sanciones que el código penal prevé: una pena de multa e inhabilitación especial para cargo público y ejercicio de las profesiones relacionadas con la sanidad.

Desconozco los intríngulis del caso. Solamente sé lo que pone la prensa, lo que se dijo en su día y extractos del auto resuelto por el magistrado Fernández Maillo, uno de los más exquisitos en las redacciones de sus autos, sentencias y resoluciones.

Voy a recrearme en una fantasía malsana. Imaginaré que he soñado lo que, quizá, sucedió aquella noche. Mi sueño, aunque (espero) irreal, cumple las condiciones que permiten aplicar una causa simple a un conjunto de efectos desastrosos. La navaja de Ockam se llama esta figura, aunque, en puridad, debería emplearse únicamente en cohesión con la metodología científica.

Poco podía pensar el escolástico Wilhem de Ockam al definir la ley de la parquedad(parsimony) que gentes desahogadas (como el que escribe) le citarían como justificador de jolgorios y desbarajustes. La ignorancia es atrevida, de modo que la voy a dejar soñando:

Noche de guardia en Peracamps. Lugar inhóspito. Antiguo dispensario reconvertido en centro de Urgencias, en el límite inferior del barrio del Raval (que antes llamábamos con más precisión barrio chino). Antigua zona de putas y maleantes, reconvertida en zona de putas, maleantes, inmigrantes con más de cuarenta etnias, ancianos en el límite de la pobreza, y (por gracia de nuestro ayuntamiento progresista) trufado de hoteles de lujo, museos de lujo, teatros de lujo, descuideros de lujo y orines (de lujo) en las calles.  

Al dispensario suelen llegar escorias en mayor o máximo estado de embriaguez, heridos en porfías, discusiones o ajustes de cuentas. También llegan algunos damnificados al ser atropellados por las motos en que se practica el deporte del tirón,  vecinos con pulmones asfixiados, arterias más abiertas (o más cerradas) de lo que conviene, fiebres de calendario, corazones desolados, abortos ilegales o disputas conyugales a puñalada limpia.

En un momento de paz, aparecen unos entes, con pinta de magrebíes, llevando una niña de nueve meses con calenturas y bregas. La recepcionista del sanatorio, que aprovechaba el ínterin para departir con su noviete vía móvil, vio a los presuntos infieles y, tras permitirles decir “la niña tiene…” espetó que allí no había pediatras, y que si la niña no presentaba traumatismos o heridas de navaja mejor harían en no dar la vara y llevarlo al Hospital del Mar, al lado mismo de la noctámbula y moderna zona del puerto olímpico, con exquisito diseño arquitectónico. Ello supone un recorrido de unos 3 kilómetros largos.

El padre debió de insistir, lo que provocó la salida a tercio de una enfermera que debía de estar descansando tumbada en alguna camilla recoleta, quizá en la amable compañía de uno (o los dos) médicos de guardia. La enfermera, más presta a una sesión de sadomaso con uniformes que a un acto de humanidad, recalcó la imposibilidad de la asistencia, con la excusa de que los médicos que allí estaban no eran (putos) pediatras sino residentes de cirugía, que todavía hay clases.

Se ve que los médicos también participaron en la barahunda. Item más: solicitada una ambulancia por el presunto moro, se chotearon diciendo que, como que no habían visitado a la niña, no podían llamar a una ambulancia, que este servicio solamente se presta a quienes son usuarios del dispensario, circunstancia que no se daba en este caso.

(En mi sueño, los médicos están claramente bebidos, con las batas desajustadas y los pantalones a medio subir. Pero no me hagan caso. En mis sueños las cosas son muy raras.)

Unos policías (“Mossos d’esquadra”) que acudían al dispensario con un detenido algo rajado, observaron el entuerto y quisieron interceder para que acudiera una ambulancia.  Se armó la de Dios es Cristo. Los sanitarios se enrocaron, ningunearon a los “mossos” y se negaron a dar su filiación.

Aquí termina mi sueño. Los “mossos” dieron una alarma que llegó al jefe de turno de la policía, el cual acudió a Peracamps y, tras haber sido objeto de burlas al ordenar la solicitud de ambulancia, terminó llevando (en su propio coche)  al matrimonio con su niña al hospital, donde el bebé estuvo ingresado durante tres días.

Resultado: denuncia por negación de asistencia y por desobediencia a la autoridad. El abogado de los profesionales sanitarios solicita (faltaría más) el sobreseimiento del caso, al apreciar que, como la niña no murió, no se trataba de algo grave y que obraron bien al negar la asistencia.

Lástima que no sea aconsejable aportar la mejor prueba de tal bondad: el (presunto) estado mental y catadura ética de los demandados convertía en un acto de filantropía la negación para hacerse cargo de la niña.

Ya hablaremos cuando se vea el caso ante un tribunal con jurado. No será un sueño.