Más de lo mismo. Les juro que yo no tengo la culpa. Invento una serie de palabras híbridas destinadas a nombrar una serie de usos y costumbres eclesiales, que no tienen nombre. Recurro a Pijus Magníficus, el centurión citado por Pilatos en "La vida de Brian". Tengo claro que soy incorregible, pero insisto en que me limito a glosar cosas que son como son. Los hechos no me los invento, por desgracia.
El número siete era considerado sagrado y valorado entre muchos mitos de civilizaciones antiguas que se basaban en la astronomía y astrología con los siete planetas hasta entonces conocidos. Por ejemplo los Fenicios tenían siete Cabiris; los Persas los siete caballos sagrados de Mitra, los Egipcios siete deidades originales, los Ponsis era una lucha de siete Ángeles contra siete demonios en siete regiones diferentes; a veces se representaban estas siete deidades con siete cabezas. También se hablaba de los siete cielos. En la Biblia se menciona el número siete como algo perfecto, el mundo fue creado en siete días. También Blancanieves tenía siete enanitos, los japoneses siete samuráis y .el cine de Hollywood los siete magníficos.
La Iglesia católica tiene siete pecados capitales, y, por lo que se ve, han aparecido en Boston siete pecadores capitales. Boston debe de ser la primera y más importante de las siete capitales del pecado. Viene eso a cuento porque la diócesis católica de Los Ángeles pagará una compensación (una más) de medio millón de dólares a una mujer que denunció haber sido objeto de abusos sexuales cometidos por siete curas, según ha informado la cadena de televisión CBS. Dos o tres casos más, y el obispo de Boston se tendrá que vender el báculo en un rastrillo.
En una conferencia de prensa en Los Ángeles (California), la mujer, identificada como Rita Milla, de 46 años, dijo que la compensación fue resultado de las negociaciones que mantuvo con la archidiócesis durante más de dos décadas. Veinte años para aclarar las cosas y conseguir que el Obispo de Boston aceptase pagar.
El caso es relevante. Los sacerditos guarrindongos de Boston solían destacar por su tendencia a ingerir penecillos en lugar de bollitos. Hablo de esta forma por si los niños leen estas líneas no vayan a sentirse escandalizados. Pero ahora sale a la luz una noticia, para los buenos católicos confortadora. Algunos de estos serviciosos, como mínimo siete, también tenían querencia por las hijas de Eva. Los siete “pijus magnificus” no le hacían ascos a la introducción sacra postconciliar, o sea (igual que la misa) de cara a las feligresas.
En una entrevista editada en “Redes Cristianas” Rita explica que, aunque se sentía culpable, no podía decirles que no, porque les veía como personas importantes a quienes no se debía desairar. ”Nunca podré huir de los recuerdos y siempre estaré luchando contra el trauma a que fui sometida", manifestó. Según relató Gloria Allred, la abogado de Milla, la mujer tenía 16 años cuando el cura Santiago Tamayo le hizo insinuaciones sexuales y mantuvo relaciones con ella. Después le presentó a otros seis sacerdotes, quienes abusaron sexualmente de ella y uno la dejó embarazada, dijo la abogada.
Tras confirmarse el embarazo, mosén Tamayo (“primum inter pares”) ofreció a Milla dinero para enviarla a Filipinas. No se dice si iba para abortar o para tener la niña y dejarla en un hospicio. Se supone que los eclesiásticos, muy estrictos en estos temas, no aconsejasen el aborto, que hubiera sido un grave pecado. Rita volvió a USA con su niña. En 2003 un tribunal del estado de California determinó que el padre Valentine Tugade era el padre mediante pruebas de ADN. De nada sirvieron los alegatos eclesiales intentando colar antecedentes relativos al Espíritu Santo.
Poco antes de morir, en 1999, Tamayo le pidió disculpas y aportó pruebas que vincularon a los otros curas en los abusos, agregó la letrada. Se supone que el padre Tamayo ya había sido perdonado, por Dios, de sus pecados mediante el sacramento de la confesión, prácticamente al día siguiente de haber desflorado a Rita. Se entiende que los siete sacerdotes pertenecían a lo que entre ellos denominan una “coñofradía”, es decir, un conjunto de hermanos en Cristo pastoreando una misma acólita, y que entre ellos se confesaban y absolvían dando muestras de una gran caridad cristiana.
Comenta Rita, en la entrevista, que algunos de los curas dejaron de follar con ella porque se habían agenciado monaguillos. Estos sacerdotes, al parecer, estaban más interesados en la “penitenencia” con los niños que en la “coñofesión” de las congregantes. Esto no dejará de producir fuerte desencanto entre quienes creíamos que la sexualidad de los sacerdotes iría normalizándose hacía objetivos, digamos más “naturales” en vez de proveer catecúmenos a las huestes militantes de meticulosos “contra natura”.
Envidio a los católicos, a pesar de todo. Una confesión (con atrición, no crean, nada de contrición) tres avemarías y un gloria patri, y el alma queda reseteada, que se dice hoy.
"...vistiendo a los enfermeros de monstruos de película"
La Asociación El Defensor del Paciente informa de 517 presuntos casos de muerte por negligencia médica en 2007. Los asuntos más espinosos son los referidos a la asistencia en Urgencias (camas en los pasillos) y a las listas de espera, de hasta tres años.
La asociación destaca que los pacientes se ven privados muchas veces de su derecho a la intimidad al estar expuestos en los pasillos. La solución pasaría, probablemente, por aumentar el personal de este nivel asistencial. A su juicio, sería necesario aumentar en 3.000 el número de facultativos y en 6.000 el de los auxiliares clínicos.
Se citan esperas de hasta 7 días en los pasillos, viendo pasar los pacientes contenedores de basura mientras les ponen las cuñas para hacer sus necesidades a la vista de todos, así como la existencia de "altas precipitadas" o de personas que no pueden bajarse de las ambulancias por falta de espacio en las urgencias.
Los pasillos de Urgencias, por lo visto, no tienen nada que envidiar a los corredores de la muerte de las penitenciarías americanas. Si nuestros gestores sanitarios fueran avispados, los convertirían en espectáculo público, vendiendo entradas para acceder a la contemplación de auténticos “pasajes del terror” de esos que abundan en las “casas encantadas” de los parques de atracciones.
Aparte de distraer a los afectados, las ganancias derivadas del espectáculo servirían para mejorar las prestaciones del sistema público de salud. Ver amontonados en pasillos a los pacientes con infarto, los viejecitos con Alzheimer, las intoxicaciones por drogas, los dolientes con apendicitis aguda, piedras de riñón, meningitis y tantas otras personas con enfermedades dolorosas y presuntamente graves, debe de ser más terrorífico que un filme de Muertos Vivientes.
Se podría mejorar el escenario vistiendo a los enfermeros de monstruos de película, Caracuero con motosierra, Harry Kruger, el hombre lobo, etc., aderezando el paisaje con algunos comparsas vestidos de diablo que incitaran a los pacientes obnubilados a pensar que habían muerto y bajado al infierno. Los pacientes menos graves huirían despavoridos, aclarando el panorama y aligerando las esperas de los realmente graves.
Para consolar la espera, se podrían montar, con animadores profesionales, juegos o concursos entre los pacientes y familiares. Los ganadores avanzarían puestos en la heroica lista de plantones. El premio especial podría ser una operación de apendicitis “in situ” efectuada por un equipo quirúrgico de campanillas.
El público que pagase entrada podría también ver tales intervenciones, con el suspense añadido de que los operados, a lo mejor, no estaban allí por apendicitis sino por un parto prematuro. La impresión de ver salir al apéndice llorando a voz en grito sería un recuerdo impagable para los espectadores.
Un concurso espectacular sería el de palizas a sanitarios propinadas por familiares indignados. Varios clanes gitanos llevan meses haciendo prácticas en el Hospital de Bellvitge de Barcelona, donde casi cada día alguien del equipo (médicos, personal de enfermería, celadores, vigilantes jurados y personal de mantenimiento o limpieza) son furiosamente apalizados por los gitanos al grito de "¡A por ellos que son payos!".
El público de tal lucha podría cruzar apuestas sobre el resultado de las lides, o sobre las horas de tardanza de la policía, avisada puntualmente en los diez primeros segundos de la refriega. Nuestros políticos predican constantemente que van a acabar con estas cosas, y lo dicen con tal convicción que hasta parece que se lo crean. A ver si alguno de ellos recoge estas ideas que, humildemente, pongo a su disposición.
Mi experiencia, como paciente de Urgencias, es muy escasa, pero por aquí se empieza.
Pater Emilio: te muestras sectario y sayón. Tienes que entender que los pobretes llevan 500 años de pie y quieren estar sentados. Además, ellos estaban solitos (los 12) al par que eran "probes" e "isnorantes". 28 de febrero de 2008
Pater Emilio ha dicho ...
Siempre me ha sorprendido el victimismo de los gitanos, con su visión del mundo bajo la útil "ley del embudo" lo ancho para mi y lo estrecho para tí. Tenemos unas costumbres y cultura distinta que la de los payos, pero también queremos lo bueno de su cultura... El grado de analfabetismo de la población gitana es del 45%, cebándose especialmente en los mayores de 15 años (7 de cada 10 son analfabetos)
Soy profesor en un área marginal y tenemos que hacer esfuerzos descomunales para que los niños asistan regularmente a clase; a la mayor parte de las niñas se les obliga a dejar el colegio antes de entrar en la ESO (11 ó 12 años) y es una pena porque muchas de ellas son responsables y con una capacidad increible.
Luego queremos integrarnos y tener el sueldo de un ministro, un piso, un mercedes... sin haber dado un palo al agua en toda la santa vida.
El pasado fin de Semana por desgracia tuve que ir a Urgencias y vivi la situación que describe el Dr. Romeu: para acompañar a un enfermo estaba el resto de la familia (12) cómodamente sentados en los pcoos asientos de la pequeña sala de Urgencias. los "lesionados" debíamos estar de pie; cuando un celador les señalo que, salvo el enfermo y un acompañante, se saliesen fuera, se monto "la romería" y se negaron en rotundo... al final lo de siempre: tuvo que venir la policía 28 de febrero de 2008
Pangea ha dicho ...
No, no es banal, desde luego. Los gitanos llevamos más de 500 años siendo perseguidos por payos. 26 de febrero de 2008
una catalana bruna ha dicho ...
No es banal este tema. Los romaní tienen muy mal genio..., un amigo mío médico del Hospital Sant Joan de Déu, está amenazado por los gitanos. Por lo general es un grupo étnico que vive un antropocentrismo muy peculiar, a navajazos y reyertas resuelven muchos problemas...
Mi total adhesión a las palabras del Dr. Romeu... 26 de febrero de 2008
Pangea ha dicho ...
Se me ha olvidado poner mi nick, la anterior soy yo. 25 de febrero de 2008
ha dicho ...
Que no se trata de cómo quieras llamar a los gitanos. Sino de los prejuicios y estereotipos que la gente suele arrastrar cuando habla de ellos (de nosotros, más bien) cada vez que se va a contar alguna anécdota o suceso negativo. Casi siempre que se va a hablar de maltrato, analfabetismo, robos, drogas, palizas y navajazos; si es gitano el fulano, se tiende a remarcarlo. Cuando se es blanquito, no se dice que el fulano era payo. Esto con el tiempo ha ido creando una etiqueta que en vez de erradicarla, lo que hace es perpetuarla. Es como si yo digo ahora que en el servicio de salud mental habéis psiquiatras -o loqueros, tanto te dará- pastilleros que estaís más locos que los pacientes (no es una venganza eh, es algo que no creo en absoluto, pero tú ya me entiendes). 25 de febrero de 2008
Juan Romeu ha dicho ...
No me atrae lo “políticamente correcto” cuando, simplemente, se trata de ñoñismo. Por ejemplo: “Negro” pasó a ser impronunciable, pasó a “black people” que también acabó desgastándose, “ebony” es pornográfico, “coulored” es despreciativo. Ahora (hasta cuando?) lo correcto es “afroamerican” o “subsahariano”. ¿Son menos negros? A mí me pueden llamar gordito, obeso o robusto; tanto me da. Los “seres de crecimiento restringido” siguen siendo enanos. “Subnormal” era una palabra super digna en 1977 cuando la empleó Mercedes Carbó, “la mamá del millón” en un concurso televisivo. Ahora hay que decir: “síndrome del cromosoma X frágil” o “persona con discapacidad psicofísica”. En lugar de gitano diré: “romà” o “romaní” o “hijos de Andivé, de procedencia norindia”. Por cierto, pang, no seas bruta: no hables de raza (como hacen los racistas). Debes hablar de una “peculiaridad antropológica cultural con connotaciones étnicas”. 25 de febrero de 2008
Pangea ha dicho ...
¿Y los payos?, ¿no hay payos que apaleen al personal?, ¿por qué se tiende a remarcar que son gitanos, y cuando se trata de payos no se dice 'payos apalean al personal'? Parece como si la cuestión fuera condenar las acciones de las personas por ser de determinada raza, y no las acciones en sí mismas. 25 de febrero de 2008
Lector ha dicho ...
No creo que la solución sea aumentar el número de facultativos y los auxiliares clínicos porque por mucho que estos aumentes, sino hay espacio suficiente para poner a los pacientes ¿de que nos sirve? 25 de febrero de 2008
Desperté hacia las tres de la madrugada y entreví claridad. Venía del recibidor. Había dejado abierta la luz de una lámpara. Me levanté a cerrarla. Desde mi habitación al recibidor, un pasillo de diez metros, más o menos, festoneado de librerías.
Fui al recibidor, en pijama y zapatillas, y apagué la lámpara. Mientras volvía a la habitación pensé en el error de no haber dejado ninguna otra luz abierta. Uno de mis perros bóxer, Yanek, dejó sugilosamente su cómodo lugar en el salón (mi sillón reclinable) para investigar mis paseos nocturnos. Coincidimos en plena oscuridad, tropecé con él y salió de estampida. Una de mis zapatillas tuvo ideas propias y salió de mi pie. Mi otro pie pivotó mientras mi cuerpo, desequilibrado, giraba peligrosamente hacia la derecha y abajo. Mi nariz se estampó contra el borde de un estante con libros de misterio, rectangular el canto, madera de haya.
Vi las estrellas. Mi mujer asegura que di un grito muy sonoro, que no recuerdo. Mi siguiente recuerdo se refiere a ella inclinada sobre mí, tirado en el suelo, sobre un charco de sangre que manaba profusamente de una herida sobre la nariz, al tiempo que por mis fosas nasales y, a través de la faringe, a borbotones por mi boca.
Elena fue inmediatamente a llamar por teléfono. En primer lugar al 061. Dejó Pompas Fúnebres para luego por si acaso. Cuando me recuperé un poco, evalué los daños y percibí la levedad real del aparatoso cuadro. Dije a Elena que llamara nuevamente al 061 para anular la urgencia y fui a lavarme, acabé duchándome.
Los de la entidad médica le dijeron que era mejor acabar lo empezado y que la ambulancia medicalizada iba en camino. Se ve que tenían poco trabajo y llegaron en pocos minutos. No protesté ni di a conocer mi oficio. Los asistentes insistieron en llevarme a urgencias del Hospital de San Pablo. Decidí aceptar, que sería divertido viajar en Ambulancia por la noche barcelonesa y ver el servicio de urgencias como usuario.
Elena fue confinada a una sala de espera, básicamente ocupada por una tribu de gitanos rumanos, unas dos docenas, acompañantes de una parejita con disensiones que el marido solventó asestando una puñalada en el rostro de su joven esposa, alargándole la sonrisa hasta la oreja.
Yo, mientras tanto, fui acomodado en una silla de ruedas y situado, zona de trauma, más o menos a la entrada de un box, un metro fuera quizá, con vistas a la zapatiesta de los rumanos con dos médicos y dos enfermeras.
La chica rajada (a la par que muy colocada) decía que a ella no la operaba nadie, y que ya se curaría sola. El marido (más colocado que ella) le daba la razón. Los argumentos de la chica (un metro cincuenta, tetuda pero delgada) resultaban menos convincentes que los del marido (dos metros y pinta de oso, quizá era un oso) con lo que un médico, con cara de aburrimiento, exhibió un documento donde se señalaba que los rumanos se negaban a ser atendidos y que debían firmar para marcharse.
El oso no parecía estar de acuerdo, ignoro si por no saber leer, o escribir, o por su desconfianza genética a firmar papeles payos, o simplemente por fastidiar. En mí nadie se fijaba, y pude asistir gratis y primera fila al glorioso tira y afloja. Más de una hora, con alternativas.
En esto llegaron a mi llamémosle antesala dos policías nacionales que llevaban esposado a un señor con aspecto de indígena amazónico, no muy corpulento pero con una de esas caras que hacen soñar en pasados aventureros y patibularios. Los policías no sabían muy bien qué hacer, pues les dejaron allí con prisas y sin preguntarles nada.
Debieron de sospechar que no tenían que hablar sin que les preguntaran y se unieron a mí en la contemplación de la irracional disputa rumano-española acerca de si se cosían los tajos de la malcasada o si se les despachaba. En un alarde de incongruencia, la chica protestaba porque no la atendían, el marido porque no quería firmar nada, ninguno de los dos quería irse y ambos parecían divertidos con la interesante disputa que se les servían en bandeja.
Junto a los policías y al presunto cazumbo, que se sentaron en sillas de ruedas libres, se acomodaron dos pacientes que, llegados después, esperaban su turno. Ni a mí, ni a ellos, nos había mirado nadie. Recomendé no llamar la atención, no fueran a sacarnos del palco. Ante la cara de perplejidad de los demás, y tras apreciar la probable inocuidad de sus daños, les puse al corriente de la situación y aproveché el contacto ocular de los policías para inquirir por su jíbaro o similar. Me comentaron que había tenido una disputa a botellazos con otros seres de similar catadura. “¿Los otros le abandonaron herido?” “No. Él era el ganador pero los otros huyeron al vernos llegar. A él le ablandamos un poco para que aceptara acompañarnos y comprobar unos papeles”. ¡Siempre papeles!
Una médico que se presentó como residente de cirugía (y salió de la nada) reparó en mí. Le dije que no se molestase, que no era nada, que ya esperaría. Me agarró la nariz y tras doblarla a uno y otro lado corroboró la rotura. Ordenó mi ida a rayos, y volvió a la nada. Un celador me llevó allí, no sin antes avisar a los policías, que estuvieran atentos para explicarnos los detalles cuando volviéramos.
Aproveché la espera de rayos, pasillo oscuro donde los hubiera, para llamar a mi esposa y darle el parte de mi estado. Me dijo que los rumanos estaban muy soliviantados y que dos de ellos amenazaban con incendiar el hospital. “Diles que todo va bien, que la parejita está muy bien atendida y que hacen muchos amigos”.
Un técnico de rayos con pinta de cuñado de Frankenstein (o de Igor) me sacó las placas con la misma deferencia que emplean los tiburones con su dieta alimenticia. Me empujó nuevamente al pasillo, donde el celador me llevó, a la carrera, hasta la antesala de trauma. Por el camino, avistamos los pasillos de medicina, a rebosar con aspirantes al óbito, bien por tozudez bien por aburrimiento.
Todo seguía más o menos igual, pero más calmado. Los policías nos habían guardado el sitio. El jíbaro, aún esposado, dormitaba. La disputa había cambiado de cariz. La chica se había mirado en un espejo y había descubierto la cruel realidad. Gracias a Dios se había derrumbado y exigía a gritos que la cosiesen.
El plantígrado, un poco resacoso, había avizorado a los policías de la antesala, y se había hecho poco menos que transparente. Después de rellenar (y firmar) los papeles les llevaron a algún quirófano donde grapar la acuchillada mejilla.
Todo lo bueno se acaba. Me entraron al box, donde confesé (en voz baja) mi condición de médico. No tenía claro si sería un mérito o un agravante. La residente de cirugía, tras comprobar nuevamente que mi nariz giraba fácilmente de este a oeste, me puso dos SteriStrip en la raja sobre la nariz, unos chorros de Nobecután (que se adentraron generosamente en mis ojos) y un esparadrapo. Hasta la próxima.
Me llevaron en silla de ruedas hasta la puerta de la calle, donde me pusieron de pie, se dieron la vuelta y, comprendí, ya podía caerme sin fastidiarles. Un taxi y a casa. En total unas cuatro horitas, aunque con un entretenimiento que ni soñaba. No he sabido el final de mis compañeros, pero la incertidumbre añade intensidad a cualquier drama.
Pocas bromas. El tema es de los que horripilan, y su elevada frecuencia hace que, paulatinamente, constituya una de las precocupaciones que crean más alarma social.
Un artículo de El País acerca de violaciones efectuadas bajo el efecto de drogas me ha resultado muy interesante. En el artículo se señala la creencia de que la posibilidad de que “te echen algo en la bebida” es una leyenda urbana, o una excusa que la chica cuenta a sus padres.
La realidad es que existe. Es cada vez más frecuente y resulta muy pocas veces denunciado porque las chicas no recuerdan nada de lo sucedido y pueden creer que, si pasó algo, fue porque ellas habían bebido demasiado. Es muy difícil obtener estadísticas acerca de estos casos. En USA tales cifras son propias de cada estado, y pocas veces son expuestas al público. La importancia de los hechos se aprecia con ciertos datos: en 1996 se votaron en diversos estados leyes acerca del uso de drogas, especialmente Rohipnol, en casos de violación.
El Rohipnol (flunitrazepan) existe en España, como medicamento para el insomnio. Es Usa se emplean también otros hipnóticos, pero el Rohipnol es el preferido por los futuros violadores. Trituradas las pastillas y mezcladas con alcohol provocan un sueño profundo similar al de una anestesia.
También se emplea un antiepiléptico llamado GHB (gamma-amino-butírico) que, en el argot de la calle, se conoce como“éxtasis líquido”. Se emplea a dosis elevadas, unas 10 veces superiores a las que se emplearían como medicamento. Hay un grave riesgo de que la gente entre en coma a poco que las dosis sean excesivas.
Las personas que hayan tomado “extasis líquido” quedan en un estado en el que dicen que no con la palabra, pero sí con el cuerpo. Suelen acabar desnudas en lugares inapropiados.
La ketamina, una droga que se emplea como anestésico en veterinaria, tiene similares propiedades. El sujeto entra en un estado semejante al coma, pero con alucinaciones curiosas. Al ser una droga “de moda” en ambientes juveniles, muchas adolescentes acceden a su uso a cambio de que les den dosis de otras cosas más “enrolladas”.
Los traficantes suelen coleccionar adolescentes, cada vez más jóvenes, y cambiárselas entre ellos cual si fueran cromos. Es poco probable que las niñas vuelvan a su casa con las bragas puestas.
Cualquier sedante, ansiolítico, hipnótico, etc. puede servir para estos menesteres si se consigue administrar junto con alcohol. Se debe ir con cuidado en fiestas de estudiantes (colegios mayores, hermandades, casas de campo…) y en lugares nocturnos donde las drogas abunden más que el sentido común.
Vale la pena rescatar unas recomendaciones del NIMH (Instituto Nacional de la Salud Mental, de USA) acerca de la prevención de violaciones con droga:
• Nunca deje su bebida desatendida. • No acepte bebidas que hayan sido abiertas por una persona que no sea el ‘barman" o servidor del bar. Si usted está aceptando una bebida, asegúrese de que es de un envase cerrado y que usted misma abra el envase. • Sospeche al aceptar bebidas de alguien que usted no conozca bien o por un tiempo suficiente como para tenerle confianza. • Asista a las fiestas o al bar con un grupo de amigos, poniéndose de acuerdo para que cada uno cuide las bebidas de los otros. • Si usted llega en un grupo, salga con su grupo. • Cuide a sus amistades. Si una amiga presenta síntomas de haber ingerido una droga para la violación en citas, busque ayuda médica inmediatamente. • Notifíquele a otras mujeres que usted conoce los efectos de estas drogas tan peligrosas. • Si usted piensa que ha sido una víctima, notifíqueselo a las autoridades inmediatamente.
No es que tenga especial querencia por glosar este tipo de casos. Lo que sucede es que abundan y me despiertan toda clase de consideraciones, así como bellos recuerdos de mi infancia, cuando algún que otro hermano marista me hizo el favor de demostrarme, precozmente, que a mí no me iban las homosexualidades.
No creo que Texas sea el mejor estado para que un sacerdote católico perpetre abusos sexuales a menores. Es un lugar que se adscribe al sur profundo, con mentalidad bastante rural y un discreto primitivismo que lleva a las interpretaciones más simplistas y a las soluciones más radicales.
No en vano es uno de los estados con más armas de fuego, más refriegas a tiro limpio, más penas de muerte. La forma más habitual de gobierno de Texas es la guerra. La principal afición de los texanos es matar (la silla eléctrica, el arma más apreciada).
Los texanos gringos, mayoritarios y protestantes, no les tienen simpatías a los católicos, a los negros, a los mexicanos ni a los de Nueva York, a los que consideran maricones sin excepción. Cualquier habitante blanco de fuera de Texas, se interpreta como de Nueva York.
Un sacerdote católico, quizá de ascendencia mexicana y oriundo de Nueva York, maricón por más señas, es un excelente candidato para el linchamiento atado (por los huevos) a la cola de un toro salvaje
La Diócesis Católica de Fort Worth dio a conocer que llegó a un acuerdo en la demanda que en su contra interpuso una persona que alegó haber sufrido abuso por parte de Thomas Teczar, un sacerdote visitante en esa diócesis. "Ofrezco una disculpa personal y a nombre de toda la iglesia, a todas las víctimas por cualquier clase de abuso que hayan sufrido por parte de Thomas Teczar", dijo el obispo Kevin Vann en una declaración escrita, y, de paso, ofrece una importante indemnización para que se corra un tupido velo sobre este asunto.
Llegó tarde: Teczar fue convicto y sentenciado a 25 años de prisión en marzo del 2007 por asalto sexual e indecencia con un menor. Se dice que, en la cárcel, ha hecho muchos amigos íntimos. En abril del 2005 y diciembre del 2007, la diócesis llegó a acuerdos con otras víctimas de Teczar. El obispo Vann está trabajando con el obispo de la diócesis de Worcestor, Ma., Rober J. McManus, en una petición para expulsar del sacerdocio a Teczar, que estaba asignado permanentemente a la Diócesis Católica de Worcestor.
"El abuso sexual contra cualquiera, especialmente contra menores, es repulsivo para mí. Es un pecado y un crimen, que si es hecho por un sacerdote es descorazonador. Esto daña trágicamente la fe, a las familias y al público en general. Como sacerdote, estoy avergonzado, descorazonado, enojado y horrorizado por esta conducta", dijo Vann en el comunicado. Pues nada, eminencia, a tomarse un poco de prisa en la suspensión del travieso curita.
Llueve sobre mojado. Ésta fue la segunda ocasión, en una semana, que la diócesis de Fort Worth tuvo que enfrentar públicamente asuntos derivados del abuso sexual de sacerdotes en contra de personas. El jueves, la diócesis informó que otro de sus ex sacerdotes, que enfrenta acusaciones de conducta sexual inapropiada resultó positivo en una prueba de VIH, el virus que causa el sida.
La diócesis informó que ha enviado cartas a las personas que acusaron al padre Phillip Magaldi de haber abusado sexualmente de ellas. Se ha desmentido que las cartas se enviasen vía e-mail a través de empresas de SPAM, a pesar de que el número era considerable. Tampoco creemos cierto que el obispo recalcara (como algo favorable) el no uso del condón por parte del sidoso sacerdote, lo que hubiera añadido gravedad a su pecado, como es notorio que predica la Iglesia Católica.
El obispo Vann vino a decir, llorando, que la diócesis que preside atenderá cualquier caso de abuso tan pronto como sea posible. Si los capellanes de la costa Este, especialmente los irlandeses de Boston (tan maricones como los de Nueva York según las leyes texanas) se empeñan en seguir la conquista del Oeste, el descorazonado Vann acabará cortándose las venas.
No creo molestar a nadie, pero nunca se sabe. Hablo de una feria de pornografía, celebrada en México y, de paso, de algunas medidas anti prostitución en Europa. Dudo acerca de las palabras de un sexólogo mexicano que proclama la inofensividad de la pornografía.
Con un billete individual de 17 dólares, la industria del sexo da paso en México a 27.500 metros cuadrados con toda clase de oferta, incluyendo un zoológico simulado donde mujeres y hombres desnudos actúan como animales. El éxito de esta feria tiene que ver con "el fin del silencio en lo sexual", un proceso "bastante saludable" que se ha dado en México en los últimos años, dijo a IPS el sexólogo Eusebio Rubio, presidente desde 2005 de la no gubernamental Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS, por sus siglas en inglés).
Incluso se ha recreado un decorado simulando el barrio rojo de Amsterdam, con sus vitrinas, cortinas de cretona y señoritas emperifolladas sentadas en camas para un solo uso. Resulta curioso que, en estos momentos en que Amsterdam se ha planteado la manera de cerrar el barrio rojo, éste se emplea en México como atracción o reclamo en una feria erótica. La prostitución va a ser prohibida en Amsterdam. Es como si, en Islandia, prohibieran el bacalao o en La Meca el islamismo. De hecho torres no más bajas han caído. En Suecia la persecución contra la prostitución pasa por dos hitos: la criminalización de los clientes y la prohibición de anuncios por palabras.
Los clientes de prostitutas, en Suecia, son detenidos y encausados. Todo el mundo se enterará de sus querencias y pagarán multas u horas de servicios sociales humanitarios. Algunos de ellos se habían ofrecido para masturbar adolescentes parapléjicas, pero no ha colado. Los anuncios en los periódicos se prohíben y las operadoras telefónicas cortan la línea a quienes intentan ofrecer sus servicios. Mejoran los eufemismos en tales reclamos: “Somos de las que creemos que el francés es más que un idioma” por ejemplo, o “asesora de inversiones, ecléctica, que aconseja invertir100 € por un lado y 110 por el otro”.
Permítanme una digresión localista. En uno de los periódicos más pródigos en estos señuelos, (podría ser La Vanguardia de Barcelona, o el ABC de Madrid) dicen las malas lenguas que una familiar, añosa y católica a machamartillo, de la propiedad, presentó una digna proposición para acabar con tales anuncios en el conservador diario. Le enseñaron a la señora las cuentas de explotación donde constaban los millones mensuales que tales páginas devengaban, al tiempo que se le recordaba las muchas obras de caridad cristiana que los dividendos le permitían realizar. “Alabado sea Dios” dijo la aristócrata. "Si es por un buen fin, que todo siga igual." Doy fe de que todo sigue así. Cierro la digresión.
Según el mexicano presidente de la Asociación Mundial por la Salud Sexual, el Dr. Rubio, “está comprobado científicamente que la pornografía y la comercialización de lo sexual no genera ningún daño. Si usted se expone a la pornografía o al mercado de lo sexual no le va hacer mal, eso no genera daños. Hay quienes acuden a la pornografía de un modo compulsivo, pero entonces el problema no es la pornografía sino los procesos internos que vive ese individuo y que lo hacen buscar esas imágenes", señaló el sexólogo.
Imagino que este fulano es asesor de la Feria de sexo mexicana. Me gustaría verle si sus hijas fueran pasto de las redes que captan menores para el mercado pornográfico mundial o si su señora se exhibiese en las jaulas de la Feria, donde personas semidesnudas simulan ser animales. Claro que también hay un juego de concursos por equipos en el que se debe contestar preguntas vinculadas a temas sexuales. Cultura, al fin y al cabo. Los premios, en salaces satisfacciones.
Cálculos de la revista estadounidense Fortune indican que la industria de la pornografía genera en el mundo ingresos anuales por unos 60.000 millones de dólares.
Otro cruel desengaño. En mi próxima vida, cobraré por según qué.
Pangea (la misma) gracias por aportar tus ideas. Si quieres ver otro de mis líos puedes también ir a un foro de La Vanguardia (http://recorta.com/1a4d28). 17 de febrero de 2008
Pangea (sí, la misma) ha dicho ...
¡Jo!, ni tanto como para perseguirla con el propósito de erradicarla; ni tan poco como para tacharla de 'saludable' argumentando que representa el fin del silencio en lo sexual.
La pornografía sólo incluye genitalización del cuerpo, algo que en mi opinión, no tiene mucho de educación sexual. Aunque tampoco es mala, mientras el hombre no se 'pierda' en las fantasías que ésta meramente representa, y sepa distinguir también el sexo y la sexualidad en el mundo de la realidad.
Eso sí, si no te reencarnas en una mujer que cumpla con los requísitos mínimos estéticos puramente establecidos por la prostitución para satisfacer al público en el que mayoritariamente son hombres, dudo que ganaras mucho, si lo que estás pensando es en cobrar como vendedor de este servicio. Para eso mejor reencárnate en el butanero o en el fontanero, que aunque no ganen un céntimo por este trabajo, al menos el sexo lo tienen casi siempre asegurado :-). 15 de febrero de 2008
La lectura de una entrevista a la juez Ventura me lleva a un escéptico pesimismo. Lo que sigue son pensamientos plasmados en negro sobre blanco. La historia íntima de un desengaño.
Doña Silvia Ventura es uno de los dos jueces de Barcelona que determinan si un individuo ha de ingresar de forma forzosa en un hospital psiquiátrico, o si se suspende a alguien la capacidad de decidir su vida. El Juzgado de primera Instancia número 40 está especializado en cuestiones psiquiátricas. En una entrevista concedida a El Periódico, la juez expone algunas de sus opiniones acerca de la psiquiatría.
Advierto de antemano que discrepo de estas conjeturas, aunque las comprendo. Es la visión que la juez se ha ido formando a lo largo de su carrera y sospecho que muchos (malos) psiquiatras le han ayudado a modelarla. Veamos unos ejemplos:
Preguntada acerca de la manera de establecer los diagnósticos responde “Eso varía, según el psiquiatra que lo establece. La psiquiatría es una cosa muy poco exacta: ante un mismo enfermo, un psiquiatra verá a un bipolar y otro dirá que es un esquizofrénico, según su criterio y escuela. Esa etiqueta, que ha cambiado a lo largo de la historia, no es determinante para que decida un ingreso forzoso. No hay enfermedades, sino enfermos. Yo observo cómo está la persona y veo si necesita protección.” (el subrayado es mío).
Sobre el tratamiento psiquiátrico dice: “El tratamiento psiquiátrico actual es exclusivamente farmacológico y creo que eso, en el siglo XXI, debería ser revisado. Hay poquísimos psicólogos en los hospitales, lo que impide tener información sobre los enfermos. La psiquiatría oficial tapa síntomas, trata sin saber la causa del problema: la persona acude a una visita de 20 minutos cada dos meses, recibe una pastilla y le dicen que tiene el cerebro enfermo.”
¡Vaya imagen que damos los psiquiatras de Barcelona! Claro que, al parecer, la juez se refiere exclusivamente a un tipo de asistencia psiquiátrica muy concreto: “una visita de 20 minutos cada dos meses, recibe una pastilla”. Me hace pensar en lo que, desgraciadamente, sucede en la sanidad pública. Los “Centros de Salud Mental” (CSM) tienen la triste fama de trabajar de esta manera. Es probable que no puedan hacerlo de otra forma, a causa de la presión asistencial. Son pocos y, quizá, no muy bien gestionados. La cantidad de pacientes es muy superior a la que sería lógica y, aunque parezca mentira, en bastantes de estos centros no existe una línea clara de funcionamiento.
He tenido, como colaboradores en mi consulta privada, a tres profesionales que habían trabajado en tres distintos CSM. En los tres casos, el mismo día que habían empezado, les habían dado un “cupo” de historias clínicas y les habían dicho: “Estos son tus pacientes. Puedes empezar”. El único requisito para entrar, era poseer el título de psiquiatra sin importar la formación concreta ni la experiencia. Filosofía de centro, ninguna. Orientaciones, las menos. Controles, únicamente para el cumplimiento de horarios y número de visitas. Recomendaciones: ahorrar en gastos, limitando las pruebas paraclínicas y recetando medicamentos baratos, a poder ser, genéricos.
¿Psicólogos? Uno o dos por centro. Consultas de media hora cada dos, tres o cuatro semanas. Los pacientes hablan y son escuchados. Al acabar el tiempo, adiós y hasta la próxima. Todo depende de la buena voluntad de los profesionales y de sus conocimientos previos. Estilos de trabajo, orientaciones psicoterápicas… no fastidien.
Los psiquiatras formados hace treinta años acabábamos siendo “especialistas en todo”. Psiquiatría infantil, de adultos, psicogeriatría, neurosis, psicosis, trastornos bipolares, adicciones, trastornos sexuales, etc. formaban parte de nuestra formación clínica. Personalmente me eduqué en un lugar privilegiado: el departamento de “Medicina Psicosomática” en la cátedra (Medicina Interna) del Profesos Pedro Pons. Hospital Clínico de Barcelona. Allí era jefe el Dr. Santiago Montserrat, una especie de genio muy reconocido en el extranjero, pero con las alas cortadas en España. Durante la guerra civil había ejercido como jefe en los servicios psiquiátricos de la Generalitat de Catalunya, y estaba, por tanto, en el bando de los malditos. Tras la guerra fue vetado para el mundo académico. Desoyendo los consejos de su amigo Wiener (mítico creador de la ciencia cibernética en el MIT, Massacchussetts Institut of thecnology) no se trasladó al extranjero sino que perseveró en su tarea asistencial y formativa, en Barcelona.
Los que estábamos allí hacíamos un poco de todo. Montserrat tenía formación alemana (había estado con Adler) y un importante bagaje en física. La cibernética era su pasión. Pero también dominaba la psicopatología, la hipnosis, la sexología y, sobre todas ellas, la psicofisiología. Pensad en la década de los sesenta. Los albores de la psicofarmacología y de la psiquiatría biológica. Pues bien, allí se trabajaba ya de esta forma, y se practicaba la asistencia y la investigación básica.
La psicología no existía como carrera. Justamente con la ayuda del equipo de Montserrat (Ballús, Costa Molinari, Malgá…) se crearon, por el profesor de filosofía Manuel Siguán, las “Escuelas profesionales de psicología”, con tres ramas, clínica, escolar y profesional, cuyos cursos de tres años eran el embrión de lo que, posteriormente, fueron las facultades de Psicología. Mariano Yela hacía lo propio en Madrid. Yo mismo estaba entre los profesores de estas escuelas. Éramos los psiquiatras quienes impartíamos las clases de psicología. Mis materias eran el psicodiagnóstico y la psicometría.
Hoy en día, con la superespecialización, muy pocos psiquiatras se interesan a fondo por los aspectos psicológicos. La psiquiatría biológica de base científica se ha convertido, para muchos, en una especie de “recetario” de fármacos, y poco más. Las ramas “intrapsíquicas” de la psiquiatría, el psicoanálisis por ejemplo, siguen evitando el empleo de fármacos y predicando que sus miembros son los únicos que “escuchan” a sus pacientes. No es cierto, pero casi.
La colaboración entre psicólogos y psiquiatras, que es imprescindible, viene a resultar compleja a causa de las renuencias de unos y otros. Muchos psicólogos no están bien formados en las bases biológicas de la mente, y muchos psiquiatras tienen muy poca idea de lo que significan las ciencias de la conducta.
Las presiones asistenciales en las estructuras sanitarias organizadas (bien sea la sanidad pública, bien sea la asistencia médica a través de entidades privadas de seguro) tienden a burocratizar la relación médico – enfermo, y a limitar gastos (recortar calidad).
Los dictámenes se convierten en “etiquetas” con valor puramente estadístico, aunque sumamente peligrosos por cuanto pueden ser confundidos con auténticos diagnósticos psicopatológicos. A veces se coarta a los médicos para emplear “etiquetas” leves, para justificar la negación de una baja laboral, o de un proceso de incapacidad permanente. Otras veces se utilizan para argumentar una ineficacia: cuántas veces he visto el error de diagnosticar “trastorno límite de la personalidad” para librarse de responsabilidad (”eso no se cura”) al errar un diagnóstico de trastorno bipolar.
No me extraña que la juez piense como piensa, y que desconfíe de los psiquiatras. Soy de los que creen que, al paso que vamos, las cosas no mejorarán. Hace unos 8 años se organizó en Barcelona una conferencia de Talbot, entonces presidente de la American Psychiatryc Assotiation (APA) acerca de “El futuro de la Psiquiatría”. Quedé anonadado: Talbot estuvo hablando unas dos horas acerca de cómo entenderse con las empresas de “Care” (las aseguradoras libres de asistencia médica) y cómo asegurar el cobro de las facturas y evitar las denuncias de los pacientes.
Yo pensé que mal iban las cosas en USA. Aquí vamos, como siempre, con retraso, pero creo que ya les estamos pasando (si se trata de hacer las cosas mal, no nos moverán).
Es verdad lo que dice Pedro José. Yo ya hace mucho tiempo que perdí la confianza con la Justicia. A veces me da la sensación de que algunos jueces lo hacen exprofeso para perjudicar la imagen. No se lo que buscan, ellos lo sabrán. 29 de agosto de 2008
Pedro José ha dicho ...
He leído el blog de Joan Vendrell. Si los jueces fueran personas sensibles y humanas no habría necesidad de obligarles, por ley, a desplazarse hasta el domicilio de la persona discapacitada cuando esta no pueda ir a los juzgados.
Que no se les suban los humos en la cabeza. Son unos servidores públicos y están al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos a su servicio. Con estas perspectivas no me extraña que la Justicia sea el furgón de cola delas Administraciones Públicas en España. 23 de mayo de 2008
Joan Vendrell i Campmany ha dicho ...
Próximamente el Congreso de los Diputados debatirá una proposición de Ley presentada por el Parlamento de Catalunya, referida a la adición de un apartado al art. 759 de la LEC. Puede consultarse a :
www.jovencam.blogspot.com 5 de mayo de 2008
Juan Romeu ha dicho ...
No seas insensato. La infalibilidad de los jueces deriva, de forma directa, de los Dioses del Olimpo. Nunca digas que hay jueces arbitrarios, ignorantes o, simplemente, estultos. Aparte de que mi abogado me dice que nunca lo ponga, que eso no podría ser verdad, vivirás más tranquilo. 14 de febrero de 2008
Doctordiabetis ha dicho ...
Pues mira que la justicia no es una "cosa" muy poco exacta, que los raseros varían según la subjetividad del juez. 14 de febrero de 2008
Completamente abrumado por las polémicas entre obispos, abates, gentes del PSOE, gentes del PP, creyentes y ateos, voy a declarar mi irredento apoyo a la Conferencia Episcopal. Como decía Marx (Grucho): "Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros". Mi consejo es que no lo lean. Si lo hacen, allá ustedes.
Esta es mi Iglesia. Aquella en que yo fui adoctrinado. La de Monseñor Rouco y de Monseñor Cañizares, que nos explican, mediante anatemas, las verdades de la vida. La de Monseñor Sistachs y la de Monseñor Blázquez, que nos ilustran acerca de cómo entender los anatemas, y cómo donde dice digo dice digo pero se tiene que escuchar diego. La que defiende la familia cristiana y, para ello, condena cualquier cosa distinta. La que defiende la vida, criminaliza el aborto y prohíbe la eutanasia. La que estigmatiza el divorcio. La que, sin decirnos a cuál, nos orienta acerca del partido al que debemos votar.
Ya estaba yo un poco harto de la tibieza de muchos católicos, que no van a misa los domingos, que no ayunan en cuaresma (sin pagar la bula de la Santa Cruzada) y que, en su pretensión de que Dios es amor, se relajan en sus obligaciones y dudan de la existencia del infierno.
Os dije, en cierta ocasión, que estaba excomulgado. Es cierto. En el año 2000 fui apartado de un juicio de nulidad a causa de las “tachas” que me pusieron los abogados del marido, y que impidieron mi actuación como perito de la esposa. Tales tachas se basaban en frases extraídas de alguno de mis libros o de mis páginas web, y se referían a mi admiración por el escritor Pierre Louÿs (poeta y pornógrafo) así como a mis recomendaciones de preservativo como profiláctico de enfermedades y de embarazos no deseados. La carta firmada por el juez prelado, y con el sello de su prelatura, expresa que un servidor de ustedes queda excluido de los actos propios de la Iglesia Católica.
He pasado por periodos de euforia, pero también por otros de depresión. Soy un poco ciclotímico. Ahora, en momentos de reflexión, creo que debo hacer méritos para que mis pecados sean perdonados. Voy a decir la mía acerca de a quién deben votar los buenos católicos, y de las premisas que debe proclamar el partido que, sin riesgo de pecado, vaya a recibir mis votos.
El partido ideal, apenas ganada la elección, debe derogar las leyes del aborto, del divorcio y las de matrimonios homosexuales. Las mujeres que hayan abortado deberán ir a la cárcel. Las parejas divorciadas serán obligadas nuevamente a juntarse. Las nuevas parejas que se hubieran establecido, con alguno de los cónyuges en pecado, serán inmediatamente declaradas nulas, obligadas a separarse y sus hijos entregados a las autoridades para ser atendidos en centros de acogida o dados en adopción a parejas de reconocida fe católica. Teniendo en cuenta que los niños habidos, serían totalmente ilícitos, por un módico gravamen, podrían ser acogidos y educados en seminarios con lo que resolveríamos la escasez de vocaciones para el orden sagrado y para la vida contemplativa.
Como medida graciosa, todas las parejas que quieran abjurar del divorcio y pedir la nulidad eclesiástica, tendrán facilidades (si pagan), alegando simplemente locura transitoria (que anula la capacidad volitiva) en el momento del matrimonio. Se reconocerá, fácilmente, que nadie en sus cabales se habría casado si hubiera apreciado que, con el tiempo, eso no iba a ser para toda la vida. Este aparente sinsentido es causa justa para la nulidad.
Las parejas que se hubieran divorciado sin haber contraído antes matrimonio eclesiástico, serían acogidas (pagando) a un programa de reciclaje que les casaría (por la Iglesia) y anularía la boda en una misma sesión. Los matrimonios entre homosexuales serían inmediatamente disueltos. Los impuros tendrían que llevar cinturones de castidad toda la vida, o acceder a la castración química. En su caso, se podrían ejecutar castraciones físicas, que los emasculados podrían continuar la gloriosa tradición de las voces blancas del Vaticano (castratti) desaparecida en tiempos de oscurantismo postmoderno. Las lesbianas serían reeducadas en centros monacales, dirigidos por hombres (de castidad reconocida, o bien castrados) para evitar las tentaciones carnales.
Espero que el PP del señor Rajoy incluya estas mis propuestas en su programa. ¿Creéis que seré perdonado y readmitido con honores en el seno de la Iglesia? Tiemblo de emulsión.
Es que leer a Pierre Loys, bueno realmente leer cualquier cosa que no sean las Sagradas Escrituras, es pecado mortal... la lectura es un hábito propio de vagos y maleantes... de hecho, usted tiene gafas, y por ello desde un principio sospeche de su persona... Creo que donando 2000 euros a las misiones marianas podremos borrar este manchón de su inmaculado historial moral 12 de febrero de 2008
Juan Romeu ha dicho ...
Gracias lesbiana. Buscaré las mejores ramas para agarrarme. 8 de febrero de 2008
Una lesbiana catalana ha dicho ...
Comprendo señor, todo lo que una alma poética puede sufrir en este aislamiento (estar excomulgado), y de que forma una ambición de corazón como la suya debe consumirse de prisa en la solitud; pero parecidas dolencias, solo pertenecen a usted. Se que sufre, pero probablemente dicho sufrimiento lo engrandezca, para los desesperados siempre hay ramas en las que uno puede cogerse con mayor facilidad.
Con toda probabilidad le readmitirán en el seno del Señor
7 de febrero de 2008