Dudas existenciales
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15 de julio de 2008    |    1 Comentarios
Sexo a los setenta (en Suecia)

Cuando veáis que escribo poco, alegraos por mi capazo. Se debe a que tengo un exceso de trabajo y dedico menos tiempo al ocio, más al negocio. Esta tarde debo participar en "El Club" de TV3 acerca de la noticia que comento en este artículo. Horario protegido. Seguro que hay muchos jubilados viendo el magazine.

Hace 1 semana aparecía en los diarios una noticia basada en un despacho de Europa Press acerca de un trabajo científico publicado en el British Medical Journal. Después hablaré de este articulo del British . De momento copio el encabezamiento del suelto facilitado por la agencia de noticias:

“Un número cada vez mayor de personas en la setentena tienen buenas relaciones sexuales y de forma más frecuente, según un estudio de la Universidad de Gotemburgo en Suecia que se publica en la edición digital de la revista 'British Medical Journal'. El estudio también revela que las mujeres de este grupo de edad se sienten particularmente satisfechas con su vida sexual.”

Algunos de los periódicos que incluyeron esta noticia, rotularon de forma exagerada conceptos como que las personas de setenta años tenían más y mejor actividad sexual que las personas de cuarenta., o, más genéricamente, que los setentones fornicaban con más fruición y alegría que los jóvenes.

La lectura completa del trabajo sueco pone las cosas en claro: Los investigadores, dirigidos por Nils Beckman, estudiaron las actitudes ante el sexo en los mayores en cuatro muestras representativas de la población con 70 años en Suecia. Las entrevistas se repitieron, en muestras similatres, desde la década de los setenta. Concretamente en 1971-2, 1976-7, 1992-3 y 2000-01. En total, entre las cuatro muestras, más de 1.500 personas con 70 años fueron entrevistadas sobre diferentes aspectos de su vida sexual, incluyendo problemas sexuales, satisfacción en la pareja y actividad sexual.

Los autores descubrieron que a lo largo de este periodo de 30 años había aumentado el número de personas de ambos sexos en esta edad que informaba sobre relaciones sexuales. Así, entre los hombres casados había aumentado el porcentaje del 52 al 98 por ciento, entre las mujeres casadas del 38 al 56 por ciento, en los hombres no casados del 30 al 54 por ciento y en las mujeres no casadas del 0,8 al 12 por ciento.

Además, el número de mujeres que decían sentir una alta satisfacción sexual aumentó, más mujeres decían tener orgasmos durante el sexo y menos mujeres decían que nunca habían sentido un orgasmo. Aunque la proporción de mujeres que decían tener una baja satisfacción con su vida sexual disminuyó, la proporción de hombres que decían tener una baja satisfacción aumentó.

Los investigadores también señalan que el número de hombres que dicen tener disfunción eréctil cesó, mientras que la proporción de aquellos que decían tener problemas de eyaculación aumentó, aunque la proporción de quienes decían tener eyaculación precoz no cambió.

Los resultados son los que son. Los trabajos “científicos” de este tipo deberían llamarse “trabajos de campo”, con metodología estrictamente empírica de observación de resultados. No hay metodología científica, que requeriría un control de las variables dependientes e independientes. A pesar de que se suele aplicar el calificativo de “ciencia” a disciplinas que son meramente descriptivas (la lógica, o las matemáticas), empíricas (la geología, la antropología), y praxeológicas (la medicina aplicada), si nos movemos en puridad deberíamos considerar ciencia, a secas, a las que se basan en la experimentación, basada en observación objetiva y control de variables.

Un médico que visita enfermos, no es un científico. Lo que hace es aplicar una serie de conocimientos. Algunos de ellos, derivados de la investigación básica, serán científicos. Pero la mayor parte se basarán en datos empíricos y el reglas de actuación.

El estudio sueco que nos ocupa es un trabajo típicamente empírico. Recogida de datos. No más científico que una encuesta acerca de votación política, en las que lo más cuidado debe ser la elección de la muestra y el tratamiento correcto de los resultados.

A partir de ahí, hay autores que “interpretan los resultados”, lo cual, sin experimentación, no pasa de ser una hacendosa pirueta en el aire. Las conclusiones válidas son las que exponen la frialdad tozuda de los hechos. Las deducciones, inferencias, consecuencias y corolarios no dejan de ser interpretaciones personales o hipótesis de trabajo para futuros estudios.

En el trabajo sueco veo los siguientes hechos: Los autores descubrieron que a lo largo de este periodo de 30 años había aumentado el número de personas de ambos sexos en esta edad que informaba sobre relaciones sexuales. Así, entre los hombres casados había aumentado el porcentaje del 52 al 98 por ciento, entre las mujeres casadas del 38 al 56 por ciento, en los hombres no casados del 30 al 54 por ciento y en las mujeres no casadas del 0,8 al 12 por ciento. En otras palabras, las personas de setenta años, de nuestros tiempos (año 2000) dicen follar más y mejor.

Como aquel paciente de setenta y muchos años que inquiría a su médico acerca de cómo conseguir lo que le decía su vecino, de similar edad: “Dice que echa un polvo cada día, doctor.” El médico respondía: “Es fácil. Dígalo usted también.”