Dudas existenciales
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23 de marzo de 2009    |    7 Comentarios
¿Creer o saber?



Creer es aceptar como veraz algo que no puede ser probado. Creer es lícito. Cada cuál es libre para creer lo que le parezca bien, mientras no fastidie los derecfhos de otras personas.

Creer en Dios, por ejemplo, es perfectamente legítimo. Se cree en algo que no puede ser demostrado. Tan solo inferido, o deducido sin pruebas. Si Dios pudiera ser demostrado, o fuera visible, creer en Dios no tendría ningún mérito. Las religiones luteranas a tomar viento. La "justificación por la fe" al alcance de todos. Una birria.

Ser ateo también es una creencia. Los ateos creen que no hay Dios, lo que tampoco puede ser demostrado. Es más cómodo ser ateo que ser creyente. Creer que no hay Dios es tan insustancial como creer que no hay perros verdes o cuervos fucsia. Son creencias fútiles cuya ostentación compromete poco y no obliga a nada.

No me merecen más respeto los creyentes que los ateos. De todas formas reconozco que ser creyente es más gravoso. Muchos creyentes se adscriben a religiones plagadas de ritos y mandamientos, que trascienden el simple hecho de creer. No basta con elegir creer en Dios, sino que hay que escoger un avatar de dios así como  una forma de sustanciar y reglamentar las consecuencias de la fe. Las diferentes religiones compiten entre ellas para inventar mandamientos pesadísimos y prolijas liturgias para complicar la vida de sus crédulos fieles. Los catecúmenos lo son porque quieren. Allá ellos.

La Iglesia Católica tiene algunas desventajas y una solemne e impagable ventaja. Las rémoras derivan de las estrecheces en cuestiones de sexo y las penas eternas del infierno. El momio supremo es la capacidad de perdonar pecados y librar pasaportes para el cielo con una confesión y (algo de) arrepentimiento.

La pena es que a sus mandamases se les va la olla con alguna frecuencia. Pío X inventó el dogma de la infalibilidad, patente de corso para decir cualquier vacuidad y establecer la obligación, para todos los asociados, en cuanto a crérsela.

Mientras se metan en harinas muy etéreas, la exención del pecado original de la Virgen María por ejemplo, no pasa nada. Pero al Papa de ahora le ha dado por decir, antes de ir a África, que el uso del condón no es cosa buena para la prevención del SIDA. Decir algo así en zonas donde la propagación del VIH alcanza al 60 % (o más) de la población es oneroso. Además de no ser cierto. El Santo Papa debería insistir en que usar condón es pecado. Lo cual es rigurosamente cierto según el sesgado relativismo católico. Lo de su inutilidad respecto del SIDA es incierto.

¿Será el Santo Papa un ignorante? ¿De verdad se cree lo que dice? Pone cara de creérselo. No le crece la nariz como a Pinocho, ni se le borra la sonrisa beatífica. Sospecho, pues, que sus asesores le mantienen desinformado y el pobre hombre repite lo que le cuentan sus adláteres.

En África, desgraciadamente, cae bien esta mentiura. Muchos de los hombres africanos no usarían condón ni bajo amenaza de bomba. "Regar a la mujer" y "frotar carne con carne" son requisitos ancestrales de la mayoría.

Servidor, no es creyente en dios ni en no dios. Creo que no sé qué creer, y dudo hasta de mi escepticismo. Pero soy (creo ser) buena persona y no me agrada que se engañe a los negritos. Ni para quitarles sus recursos a cambio de baratijas ni para depredarlos a base de contagios sidosos.

Si son católicos les recomendaré que pequen usando condón, no sin sentirse culpables. Un buen acto de contricción borra el pecado y todos tan felices.


8 de marzo de 2009    |    2 Comentarios
Independentistas tarados





Ya iré contando mis avatares. La salud es inconstante, pero no me quejo. Peor sería tener un hijo negro.

La pasada semana un grupo independentista catalán había derribado el último toro de Osborne que quedaba en Cataluña. No era la primera vez que lo hacen, como tampoco es la primera vez que un grupo de vecinos del municipio de El Bruc levanta la estatua.

 Me parece que estos “independentistas” son un poco cretinos. ¿Qué tiene que ver el independentismo con el toro de Osborne? Bien es verdad que a veces, en las exhibiciones de la bandera española, el toro sustituye al escudo de España o al aguilucho franquista. Pero eso demuestra también la estolidez de quienes lo alardean. El toro de Osborne es el logotipo de unos bodegueros. Una marca comercial.

 Es curioso que unos y otros, los que se jactan de toro y los que lo abaten, manifiesten públicamente  su ignorancia. Cada uno, al cabo, enseña lo que tiene.

 

Catalunya ha sido siempre un país muy taurófilo. De pequeño, en mi Barcelona, iba a los toros dos veces por semana. Como mínimo. Se celebraban tres corridas, jueves, sábado y domingo, en las dos plazas que quedaban.  La tercera, la Plaza de toros El Torín, construida en 1834 en la Barceloneta, era una plaza de ladrillo y madera, con un aforo de 12.000 espectadores. El Torín fue cerrada por su deterioro en 1924 y demolida en 1944.

 Mi padre (meteorólogo del Castillo de Montjuich durante la guerra civil, dos años encarcelado por el franquismo) y mi tío (más o menos) compartían abonos, y uno (o dos) de los días, yo iba a ver el espectáculo en nuestro asiento contiguo a la orquesta. 

Habiendo visto, cerca de nuestra casa de verano, la matanza del cerdo en el Vallés, lo de los toros se me antojaba civilizado. Al día siguiente, en el mercado de abastos, comprábamos carne de toro de lidia, que no parecía más indigna que la que comprábamos los demás días, ni que los pollos y conejos que apiolaba el honesto pollero mediante el degüello ante mis curiosos ojos.

 A mis cuatro años, si me preguntaban por lo que quería ser, lo tenía muy claro: torero.

 Mis hijos desprecian el toreo, y les entiendo. No han visto matanzas del cerdo ni el desangrado de gallinas. Comen esos bichos, es cierto, pero deben de creer que crecen en los árboles o se fabrican en cadenas. En nuestra casa de verano han visto parir a las vacas, pero nunca les dije que los terneros, a los tres meses, los mataban para que nos los comiéramos.

 

Ahora no voy a corridas. Veo los sanfermines por TV y confieso que con la esperanza de que los toros maten a una o más personas. La verdad es que me caen más bien los toros que los alcohólicos que les dificultan el paso. Dicen que son personas pero eso es muy relativo. Nunca dejo de pensar en la íntima felicidad del toro al cargarse uno de sus abusadores. Sé que los toros no tienen emociones ni cogniciones, pero las mías no me las quita nadie.

 Los inútiles que depredan los férreos toros de Osborne me merecen también muy poco respeto. Drícense independentistas, lo que no puedo tragarlo. Me parecería aceptable en “nacionalistas” cuya especificidad es creer que su patria es mejor que las otras. (A mí que me registren, yo tengo varias o ninguna, de manera variable e irracional). Pero me parece absurdo en llamados independentistas, cuya creencia es que no les debe mandar nadie de fuera.

 Yo no soy nacionalista danés, creo que los daneses son tan insustanciales como los suecos o los alemanes. Pero considero que los daneses están mejor solitos, que bajo el yugo de los suecos (que los trataban como a siervos) o bajo la dominación alemana (la última la Nazi). Por lo tanto, soy independentista danés.

 Donde pone Dinamarca pongan lo que quieran: Armenia, Tibet, Alto Adigio o Hungría. Por lo tanto, independentista como me siento, me fríen la sangre quienes confunden las cosas y, volcando toros metálicos de anuncio, creen que recuperan algo del flagrante despojo que el déficit fiscal perpetra.